Sólo en la modalidad olímpica de duelo a garrotazos, que no sé si existe, tendría nuestro ministro de Transportes alguna posibilidad de medalla, porque lo que se dice fino esgrimista no es su mejor atributo. Peleón, sí, pero con tendencia al golpe bajo y navaja tripera, que desluce mucho la brega. Estos días, Óscar Puente nos ha dejado algunas muestras de su arisco talante, por más sedas que vistiera, con intervenciones estelares como la de llamar «bulo ridículo» a lo que, sólo dos días después, fue el nexo conductor del informe preliminar del accidente de Adamuz o señalar en azul y rojo los diferentes ejercicios contables, para sacar pecho frente al PP de unas inversiones en el sistema ferroviario cuya eficacia, por lo visto, es manifiestamente mejorable, como las fincas que expropiaba Franco. No es sólo que el ministro obviara hechos tan relevantes como la galopante inflación o la crisis financiera de 2008 a la hora de hacer comparaciones, sino que la realidad que perciben los ciudadanos lo deja como un charlatán de feria. Por ejemplo, no fueron los gobiernos populares los que dejaron de pagar las indemnizaciones por retrasos en los AVE –Rajoy eliminó la de los cinco minutos para extender el resto a toda la red–, sino el que se dice mejor Gobierno de la historia, y tampoco fue en tiempos peperos cuando viajar en tren y llegar a la hora prevista comenzó a ser una entelequia. Primero, y en medio de los ecos de corrupción que rodeaban al Ministerio de Transportes, empezó a fallar la puntualidad, luego fue la fiabilidad y, por último, se perdió la seguridad. Y mientras tanto, el ministro Puente, en un remedo del mono y la pistola, descargaba tuitazos a diestro, claro, que no a siniestro, y llamaba «paletos de derechas» a quienes se quejaban del mal funcionamiento del ferrocarril.. Ayer, Iván Mingo, uno de los mejores periodistas del motor que conozco, traía a colación el informe bienal de la Asociación Española de la Carretera, en el que se denuncia que la red viaria está en el peor momento de su historia, con hasta un 52 por ciento del trazado en situación de falta de mantenimiento grave. Por su parte, la Unión Europea cifra en 13.000 millones de euros el déficit de inversión en las carreteras españolas y desde la DGT se felicitan porque el año pasado «sólo» murieron 1.119 personas en accidentes de tráfico. En el más depurado estilo de nuestro Gobierno, la solución adoptada estriba en señalizar los tramos en malas condiciones, algunos de hasta 49 kilómetros de longitud, con lo que se evitan las responsabilidades judiciales. Como he contado alguna vez, mi amigo Carmelo, agricultor castellano, ha tirado a veces de su viejo todoterreno «Patrol» para venir a Madrid por la A-1, la de Burgos.. Pero nada importa. Frente a la realidad que los usuarios ven con sus propios ojos y padecen personalmente, frente a las advertencias y denuncias de los profesionales del sector, los que no dependen de la afiliación política para conservar la nómina, el mejor Gobierno de la historia de España, con el mejor ministro de Transportes desde la invención del ferrocarril, nos explica lo bien que lo hacen todo, mientras, insidiosamente, buscan cómo encalomarle la responsabilidad de los muertos a otros. Ya les digo, no me gustaría ser ingeniero metalúrgico en estos momentos.
No fue en tiempos peperos cuando llegar a la hora en tren pasó a ser una entelequia
Sólo en la modalidad olímpica de duelo a garrotazos, que no sé si existe, tendría nuestro ministro de Transportes alguna posibilidad de medalla, porque lo que se dice fino esgrimista no es su mejor atributo. Peleón, sí, pero con tendencia al golpe bajo y navaja tripera, que desluce mucho la brega. Estos días, Óscar Puente nos ha dejado algunas muestras de su arisco talante, por más sedas que vistiera, con intervenciones estelares como la de llamar «bulo ridículo» a lo que, sólo dos días después, fue el nexo conductor del informe preliminar del accidente de Adamuz o señalar en azul y rojo los diferentes ejercicios contables, para sacar pecho frente al PP de unas inversiones en el sistema ferroviario cuya eficacia, por lo visto, es manifiestamente mejorable, como las fincas que expropiaba Franco. No es sólo que el ministro obviara hechos tan relevantes como la galopante inflación o la crisis financiera de 2008 a la hora de hacer comparaciones, sino que la realidad que perciben los ciudadanos lo deja como un charlatán de feria. Por ejemplo, no fueron los gobiernos populares los que dejaron de pagar las indemnizaciones por retrasos en los AVE –Rajoy eliminó la de los cinco minutos para extender el resto a toda la red–, sino el que se dice mejor Gobierno de la historia, y tampoco fue en tiempos peperos cuando viajar en tren y llegar a la hora prevista comenzó a ser una entelequia. Primero, y en medio de los ecos de corrupción que rodeaban al Ministerio de Transportes, empezó a fallar la puntualidad, luego fue la fiabilidad y, por último, se perdió la seguridad. Y mientras tanto, el ministro Puente, en un remedo del mono y la pistola, descargaba tuitazos a diestro, claro, que no a siniestro, y llamaba «paletos de derechas» a quienes se quejaban del mal funcionamiento del ferrocarril.. Ayer, Iván Mingo, uno de los mejores periodistas del motor que conozco, traía a colación el informe bienal de la Asociación Española de la Carretera, en el que se denuncia que la red viaria está en el peor momento de su historia, con hasta un 52 por ciento del trazado en situación de falta de mantenimiento grave. Por su parte, la Unión Europea cifra en 13.000 millones de euros el déficit de inversión en las carreteras españolas y desde la DGT se felicitan porque el año pasado «sólo» murieron 1.119 personas en accidentes de tráfico. En el más depurado estilo de nuestro Gobierno, la solución adoptada estriba en señalizar los tramos en malas condiciones, algunos de hasta 49 kilómetros de longitud, con lo que se evitan las responsabilidades judiciales. Como he contado alguna vez, mi amigo Carmelo, agricultor castellano, ha tirado a veces de su viejo todoterreno «Patrol» para venir a Madrid por la A-1, la de Burgos.. Pero nada importa. Frente a la realidad que los usuarios ven con sus propios ojos y padecen personalmente, frente a las advertencias y denuncias de los profesionales del sector, los que no dependen de la afiliación política para conservar la nómina, el mejor Gobierno de la historia de España, con el mejor ministro de Transportes desde la invención del ferrocarril, nos explica lo bien que lo hacen todo, mientras, insidiosamente, buscan cómo encalomarle la responsabilidad de los muertos a otros. Ya les digo, no me gustaría ser ingeniero metalúrgico en estos momentos.
