Saúl Ángel Braceras Devecchi, oriundo de Buenos Aires, es un periodista que lleva afincado en nuestro país desde hace más de 40 años, cuando llegó como corresponsal. Gracias a su profesión ha podido recorrer dos tercios del mundo. Ahora publica la segunda edición de «Siempre nos quedará París» (Valmayor Ediciones), donde con imágenes muy cinematográficas, y aprovechando su amplio bagaje literario y personal, imagina cómo habría sido la vida de los protagonistas de la película «Casablanca» (1942): Rick Blain (Humphrey Bogart), Ilsa Lund (Ingrid Bergman), Victor Laszlo (Paul Henreid) y el capitán Louis Renault (Claude Rains) después de que despegase aquel famoso avión.
– ¿Se puede decir que su vida ha girado en torno a la literatura en todas sus vertientes?
– Sí, rotundo. Desde que era niño leía mucho, sobre todo a Conrad, Julio Verne, Emilio Salgari, Conan Doyle o Henry Rider Haggard, Debido a que me crié en el campo hasta la edad de ir al colegio conocí el mundo de los gauchos. Pudiendo a través del Martín Fierro de José Hernández profundizar en él. Este hombre del campo no sólo nos pertenece a los argentinos, sino que Uruguay y sur de Brasil es su tierra.
También leí a otros, como Hilario Ascasubi, Lucio V. Mansilla, Ricardo Güiraldes con el viaje iniciático de un joven huérfano de la mano de un sabio telúrico, don Segundo Sombra, quien denomina a la novela. Se trata de un canto a la libertad y gira en torno a la inabarcable Pampa que, como dije, se extiende por tres países de Cono Sur. Esto me llevó a escribir con seis años una novela corta gauchesca o cuento largo de 20 páginas, que era lo que más se leía en aquellos tiempos. De este modo, todos estos autores me prepararon para Jorge Luis Borges, con el que tengo un parentesco lejano que se refleja en su cuento “Funes el memorioso”. A partir de él se me concedió un regalo inmenso: la literatura universal. Esto me llevó a estudiar y trabajar en lo más próximo a este arte, el periodismo.
– ¿Quién le influyó más para adentrarse en él?
– Mi padre fue la pieza central. Uno de los hombres más cultos que he conocido. Muy versado en Historia de la antigüedad, como así también en la Argentina. Conocía a la perfección las guerras del siglo XIX, como la de Secesión estadounidense, la de la Triple Alianza, las europeas y, en especial, ya dentro del XX, los dos conflictos mayores que sangraron a la Humanidad.
– ¿»Siempre nos quedará París» fue su primera novela publicada?
– Sí, aunque en realidad, es mi tercera, pero cuando se imprimió aquélla, por ser la última en ese momento, era la que más me representaba. Las dos anteriores, «Ocaso en el Líbano» y «El Manuscrito de Magerit» lo fueron en su momento. Después surgieron otras como: «El Bosque de Tul»; «El cielo visto desde arriba», publicada por editorial Vitrubio en 2024 o «Cuando todo está dicho». En preparación tengo «Atardece sobre los tejados de París», que versa sobre el contrabando de diamantes de sangre con la corrupción que la rodea, las mafias implicadas…
– ¿Por qué la primera y, por supuesto, la segunda edición de «Siempre nos quedara París» si en breve saldrá «Cuando todo está dicho»?
– Como decía Jack El Descuartizador: vamos por partes. La primera es fruto de saber qué pasa con esos dos personajes y porque me gustan las historias con un buen final. Sin embargo, cuando veo la palabra FIN en una buena película siento un vacío similar a cuando termino un buen libro, algo que se traduce en un: quiero más. Ése es el motivo que me llevó a escribir esta novela, porque la imagen de Rick junto a Louis Renault caminando en medio de los claroscuros de una madrugada en Casablanca despertó mi curiosidad por saber a dónde se dirigían.
De este modo, empecé a elaborar posibilidades. Me decanté por dejarlos en África, tejer una trama con los hilos que me proporciona ese continente, al que conozco muy bien. Por tanto, debía investigar costumbres de algunos lugares, reconstruir las personalidades de los protagonistas principales y agregar otros que fueran entrelazando sus vidas con los creados por Michael Curtiz. En definitiva, darle una continuidad a la frase final de la película: «Louis, creo que es el principio de una hermosa amistad».
En cuanto a la segunda edición, es simple, hemos detectado cierto interés por parte del público y éste ha sido el resultado. Que en breve salga «Cuando todo está dicho» creo que no afecta en nada a la primera ni viceversa. Son temáticas totalmente distintas. La primera nos lleva a la continuación de la película «Casablanca» en el África profunda y su final en París. En cierta forma ahí me arrimo con respeto a dos de mis grandes autores preferidos de la niñez y aún hoy en día: Henry Rider Haggard y Joseph Conrad.
– ¿Qué podemos encontrar en las páginas de «Siempre nos quedará París»?
– Creo que es lo que todos los fanáticos de «Casablanca» esperábamos. Insisto, no se olviden de esa frase final que, repito «Es el principio de una gran amistad». Una verdadera puerta abierta a la continuación de la historia. Un canto a la vida, a la superación ante la adversidad. Me gusta pensar que me he metido dentro de la sicología de Rick Blane, Louis Renault y Sam. En definitiva, unos escapistas del caos que sumió a la Humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Ahí leerán de su separación en Casablanca y de las rutas que usaron para unirse nuevamente en Satadougou, Mali, y así seguir en esa brecha que llamamos vida. Por tanto, y termino, en sus páginas lo que encontrarán es la vida tal cual es, con instantes de amor, alegría, tristeza, encuentros y desencuentros. Sí puedo adelantar que tiene un final muy interesante. O como me gusta decir, «muy redondito», donde todo cierra y finaliza.
– ¿Cree que el descreimiento de Rick Blane (Humphrey Bogart) tiene cabida en nuestro días?
– Más que nunca. Vivimos en un mundo donde todo vale, sin valores éticos o morales. La política está en manos de personas que predican una cosa y hacen otra. Es más, si se toman el trabajo de leer los programas electorales que prometen durante las campañas me atrevería a decir que se los fotocopian entre sí, ya que después no harán nada de eso.
– ¿Tiene la literatura con lo que ha dicho algo que ofrecer?
– Sí, es una ventana por la cual podemos escapar de tanta miseria y no me refiero a la económica, sino a la ruindad humana. En la literatura encontraremos siempre un vehículo que nos hará transitar por mundos conocidos y desconocidos, pero de una forma distinta. La visión del autor que, a veces nos engaña y nos conduce por falsos derroteros, suele ser un hilo conductor a la superación… o no. Pero en las páginas de los libros hallaremos un sitio en el que podremos pernoctar de manera segura, caminar sin los riesgos de la vida, pero siempre viviendo los que nos toca.
– ¿Sabe que «Casablanca» fue una película de bajo presupuesto?
– Y que el guion lo escribían día a día. Pero la grandeza de una obra de arte no se mide por los efectos especiales, persecuciones, destrucción de coches, escenas de violencia y/o tomas en donde la cama y lo que se hace en ella es el gran protagonista. La maestría reside en contar una historia en la que el espectador se sienta representado en parte, donde viva las alegrías y se emocione junto a los personajes.
Llevamos unos seis mil años aproximadamente desde la aparición de la escritura, es difícil pensar en escribir algo nuevo, pero las interconexiones entre las obras producidas en estos milenios lo permiten.
Saúl Ángel Braceras Devecchi, oriundo de Buenos Aires, es un periodista que lleva afincado en nuestro país desde hace más de 40 años, cuando llegó como corresponsal. Gracias a su profesión ha podido recorrer dos tercios del mundo. Ahora publica la segunda edición de «Siempre nos quedará París» (Valmayor Ediciones), donde con imágenes muy cinematográficas, y aprovechando su amplio bagaje literario y personal, imagina cómo habría sido la vida de los protagonistas de la película «Casablanca» (1942): Rick Blain (Humphrey Bogart), Ilsa Lund (Ingrid Bergman), Victor Laszlo (Paul Henreid) y el capitán Louis Renault (Claude Rains) después de que despegase aquel famoso avión.. – ¿Se puede decir que su vida ha girado en torno a la literatura en todas sus vertientes?. – Sí, rotundo. Desde que era niño leía mucho, sobre todo a Conrad, Julio Verne, Emilio Salgari, Conan Doyle o Henry Rider Haggard, Debido a que me crié en el campo hasta la edad de ir al colegio conocí el mundo de los gauchos. Pudiendo a través del Martín Fierro de José Hernández profundizar en él. Este hombre del campo no sólo nos pertenece a los argentinos, sino que Uruguay y sur de Brasil es su tierra.. También leí a otros, como Hilario Ascasubi, Lucio V. Mansilla, Ricardo Güiraldes con el viaje iniciático de un joven huérfano de la mano de un sabio telúrico, don Segundo Sombra, quien denomina a la novela. Se trata de un canto a la libertad y gira en torno a la inabarcable Pampa que, como dije, se extiende por tres países de Cono Sur. Esto me llevó a escribir con seis años una novela corta gauchesca o cuento largo de 20 páginas, que era lo que más se leía en aquellos tiempos. De este modo, todos estos autores me prepararon para Jorge Luis Borges, con el que tengo un parentesco lejano que se refleja en su cuento “Funes el memorioso”. A partir de él se me concedió un regalo inmenso: la literatura universal. Esto me llevó a estudiar y trabajar en lo más próximo a este arte, el periodismo.. – ¿Quién le influyó más para adentrarse en él?. – Mi padre fue la pieza central. Uno de los hombres más cultos que he conocido. Muy versado en Historia de la antigüedad, como así también en la Argentina. Conocía a la perfección las guerras del siglo XIX, como la de Secesión estadounidense, la de la Triple Alianza, las europeas y, en especial, ya dentro del XX, los dos conflictos mayores que sangraron a la Humanidad.. – ¿»Siempre nos quedará París» fue su primera novela publicada?. – Sí, aunque en realidad, es mi tercera, pero cuando se imprimió aquélla, por ser la última en ese momento, era la que más me representaba. Las dos anteriores, «Ocaso en el Líbano» y «El Manuscrito de Magerit» lo fueron en su momento. Después surgieron otras como: «El Bosque de Tul»; «El cielo visto desde arriba», publicada por editorial Vitrubio en 2024 o «Cuando todo está dicho». En preparación tengo «Atardece sobre los tejados de París», que versa sobre el contrabando de diamantes de sangre con la corrupción que la rodea, las mafias implicadas…. – ¿Por qué la primera y, por supuesto, la segunda edición de «Siempre nos quedara París» si en breve saldrá «Cuando todo está dicho»?. – Como decía Jack El Descuartizador: vamos por partes. La primera es fruto de saber qué pasa con esos dos personajes y porque me gustan las historias con un buen final. Sin embargo, cuando veo la palabra FIN en una buena película siento un vacío similar a cuando termino un buen libro, algo que se traduce en un: quiero más. Ése es el motivo que me llevó a escribir esta novela, porque la imagen de Rick junto a Louis Renault caminando en medio de los claroscuros de una madrugada en Casablanca despertó mi curiosidad por saber a dónde se dirigían.. De este modo, empecé a elaborar posibilidades. Me decanté por dejarlos en África, tejer una trama con los hilos que me proporciona ese continente, al que conozco muy bien. Por tanto, debía investigar costumbres de algunos lugares, reconstruir las personalidades de los protagonistas principales y agregar otros que fueran entrelazando sus vidas con los creados por Michael Curtiz. En definitiva, darle una continuidad a la frase final de la película: «Louis, creo que es el principio de una hermosa amistad».. En cuanto a la segunda edición, es simple, hemos detectado cierto interés por parte del público y éste ha sido el resultado. Que en breve salga «Cuando todo está dicho» creo que no afecta en nada a la primera ni viceversa. Son temáticas totalmente distintas. La primera nos lleva a la continuación de la película «Casablanca» en el África profunda y su final en París. En cierta forma ahí me arrimo con respeto a dos de mis grandes autores preferidos de la niñez y aún hoy en día: Henry Rider Haggard y Joseph Conrad.. – ¿Qué podemos encontrar en las páginas de «Siempre nos quedará París»?. – Creo que es lo que todos los fanáticos de «Casablanca» esperábamos. Insisto, no se olviden de esa frase final que, repito «Es el principio de una gran amistad». Una verdadera puerta abierta a la continuación de la historia. Un canto a la vida, a la superación ante la adversidad. Me gusta pensar que me he metido dentro de la sicología de Rick Blane, Louis Renault y Sam. En definitiva, unos escapistas del caos que sumió a la Humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Ahí leerán de su separación en Casablanca y de las rutas que usaron para unirse nuevamente en Satadougou, Mali, y así seguir en esa brecha que llamamos vida. Por tanto, y termino, en sus páginas lo que encontrarán es la vida tal cual es, con instantes de amor, alegría, tristeza, encuentros y desencuentros. Sí puedo adelantar que tiene un final muy interesante. O como me gusta decir, «muy redondito», donde todo cierra y finaliza.. – ¿Cree que el descreimiento de Rick Blane (Humphrey Bogart) tiene cabida en nuestro días?. – Más que nunca. Vivimos en un mundo donde todo vale, sin valores éticos o morales. La política está en manos de personas que predican una cosa y hacen otra. Es más, si se toman el trabajo de leer los programas electorales que prometen durante las campañas me atrevería a decir que se los fotocopian entre sí, ya que después no harán nada de eso.. – ¿Tiene la literatura con lo que ha dicho algo que ofrecer?. – Sí, es una ventana por la cual podemos escapar de tanta miseria y no me refiero a la económica, sino a la ruindad humana. En la literatura encontraremos siempre un vehículo que nos hará transitar por mundos conocidos y desconocidos, pero de una forma distinta. La visión del autor que, a veces nos engaña y nos conduce por falsos derroteros, suele ser un hilo conductor a la superación… o no. Pero en las páginas de los libros hallaremos un sitio en el que podremos pernoctar de manera segura, caminar sin los riesgos de la vida, pero siempre viviendo los que nos toca.. – ¿Sabe que «Casablanca» fue una película de bajo presupuesto?. – Y que el guion lo escribían día a día. Pero la grandeza de una obra de arte no se mide por los efectos especiales, persecuciones, destrucción de coches, escenas de violencia y/o tomas en donde la cama y lo que se hace en ella es el gran protagonista. La maestría reside en contar una historia en la que el espectador se sienta representado en parte, donde viva las alegrías y se emocione junto a los personajes.. Llevamos unos seis mil años aproximadamente desde la aparición de la escritura, es difícil pensar en escribir algo nuevo, pero las interconexiones entre las obras producidas en estos milenios lo permiten.
Saúl Braceras lo novela, con tintes muy cinematográficos, en «Siempre nos quedará París»
Saúl Ángel Braceras Devecchi, oriundo de Buenos Aires, es un periodista que lleva afincado en nuestro país desde hace más de 40 años, cuando llegó como corresponsal. Gracias a su profesión ha podido recorrer dos tercios del mundo. Ahora publica la segunda edición de «Siempre nos quedará París» (Valmayor Ediciones), donde con imágenes muy cinematográficas, y aprovechando su amplio bagaje literario y personal, imagina cómo habría sido la vida de los protagonistas de la película «Casablanca» (1942): Rick Blain (Humphrey Bogart), Ilsa Lund (Ingrid Bergman), Victor Laszlo (Paul Henreid) y el capitán Louis Renault (Claude Rains) después de que despegase aquel famoso avión.. – ¿Se puede decir que su vida ha girado en torno a la literatura en todas sus vertientes?. – Sí, rotundo. Desde que era niño leía mucho, sobre todo a Conrad, Julio Verne, Emilio Salgari, Conan Doyle o Henry Rider Haggard, Debido a que me crié en el campo hasta la edad de ir al colegio conocí el mundo de los gauchos. Pudiendo a través del Martín Fierro de José Hernández profundizar en él. Este hombre del campo no sólo nos pertenece a los argentinos, sino que Uruguay y sur de Brasil es su tierra.. También leí a otros, como Hilario Ascasubi, Lucio V. Mansilla, Ricardo Güiraldes con el viaje iniciático de un joven huérfano de la mano de un sabio telúrico, don Segundo Sombra, quien denomina a la novela. Se trata de un canto a la libertad y gira en torno a la inabarcable Pampa que, como dije, se extiende por tres países de Cono Sur. Esto me llevó a escribir con seis años una novela corta gauchesca o cuento largo de 20 páginas, que era lo que más se leía en aquellos tiempos. De este modo, todos estos autores me prepararon para Jorge Luis Borges, con el que tengo un parentesco lejano que se refleja en su cuento “Funes el memorioso”. A partir de él se me concedió un regalo inmenso: la literatura universal. Esto me llevó a estudiar y trabajar en lo más próximo a este arte, el periodismo.. – ¿Quién le influyó más para adentrarse en él?. – Mi padre fue la pieza central. Uno de los hombres más cultos que he conocido. Muy versado en Historia de la antigüedad, como así también en la Argentina. Conocía a la perfección las guerras del siglo XIX, como la de Secesión estadounidense, la de la Triple Alianza, las europeas y, en especial, ya dentro del XX, los dos conflictos mayores que sangraron a la Humanidad.. – ¿»Siempre nos quedará París» fue su primera novela publicada?. – Sí, aunque en realidad, es mi tercera, pero cuando se imprimió aquélla, por ser la última en ese momento, era la que más me representaba. Las dos anteriores, «Ocaso en el Líbano» y «El Manuscrito de Magerit» lo fueron en su momento. Después surgieron otras como: «El Bosque de Tul»; «El cielo visto desde arriba», publicada por editorial Vitrubio en 2024 o «Cuando todo está dicho». En preparación tengo «Atardece sobre los tejados de París», que versa sobre el contrabando de diamantes de sangre con la corrupción que la rodea, las mafias implicadas…. – ¿Por qué la primera y, por supuesto, la segunda edición de «Siempre nos quedara París» si en breve saldrá «Cuando todo está dicho»?. – Como decía Jack El Descuartizador: vamos por partes. La primera es fruto de saber qué pasa con esos dos personajes y porque me gustan las historias con un buen final. Sin embargo, cuando veo la palabra FIN en una buena película siento un vacío similar a cuando termino un buen libro, algo que se traduce en un: quiero más. Ése es el motivo que me llevó a escribir esta novela, porque la imagen de Rick junto a Louis Renault caminando en medio de los claroscuros de una madrugada en Casablanca despertó mi curiosidad por saber a dónde se dirigían.. De este modo, empecé a elaborar posibilidades. Me decanté por dejarlos en África, tejer una trama con los hilos que me proporciona ese continente, al que conozco muy bien. Por tanto, debía investigar costumbres de algunos lugares, reconstruir las personalidades de los protagonistas principales y agregar otros que fueran entrelazando sus vidas con los creados por Michael Curtiz. En definitiva, darle una continuidad a la frase final de la película: «Louis, creo que es el principio de una hermosa amistad».. En cuanto a la segunda edición, es simple, hemos detectado cierto interés por parte del público y éste ha sido el resultado. Que en breve salga «Cuando todo está dicho» creo que no afecta en nada a la primera ni viceversa. Son temáticas totalmente distintas. La primera nos lleva a la continuación de la película «Casablanca» en el África profunda y su final en París. En cierta forma ahí me arrimo con respeto a dos de mis grandes autores preferidos de la niñez y aún hoy en día: Henry Rider Haggard y Joseph Conrad.. – ¿Qué podemos encontrar en las páginas de «Siempre nos quedará París»?. – Creo que es lo que todos los fanáticos de «Casablanca» esperábamos. Insisto, no se olviden de esa frase final que, repito «Es el principio de una gran amistad». Una verdadera puerta abierta a la continuación de la historia. Un canto a la vida, a la superación ante la adversidad. Me gusta pensar que me he metido dentro de la sicología de Rick Blane, Louis Renault y Sam. En definitiva, unos escapistas del caos que sumió a la Humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Ahí leerán de su separación en Casablanca y de las rutas que usaron para unirse nuevamente en Satadougou, Mali, y así seguir en esa brecha que llamamos vida. Por tanto, y termino, en sus páginas lo que encontrarán es la vida tal cual es, con instantes de amor, alegría, tristeza, encuentros y desencuentros. Sí puedo adelantar que tiene un final muy interesante. O como me gusta decir, «muy redondito», donde todo cierra y finaliza.. – ¿Cree que el descreimiento de Rick Blane (Humphrey Bogart) tiene cabida en nuestro días?. – Más que nunca. Vivimos en un mundo donde todo vale, sin valores éticos o morales. La política está en manos de personas que predican una cosa y hacen otra. Es más, si se toman el trabajo de leer los programas electorales que prometen durante las campañas me atrevería a decir que se los fotocopian entre sí, ya que después no harán nada de eso.. – ¿Tiene la literatura con lo que ha dicho algo que ofrecer?. – Sí, es una ventana por la cual podemos escapar de tanta miseria y no me refiero a la económica, sino a la ruindad humana. En la literatura encontraremos siempre un vehículo que nos hará transitar por mundos conocidos y desconocidos, pero de una forma distinta. La visión del autor que, a veces nos engaña y nos conduce por falsos derroteros, suele ser un hilo conductor a la superación… o no. Pero en las páginas de los libros hallaremos un sitio en el que podremos pernoctar de manera segura, caminar sin los riesgos de la vida, pero siempre viviendo los que nos toca.. – ¿Sabe que «Casablanca» fue una película de bajo presupuesto?. – Y que el guion lo escribían día a día. Pero la grandeza de una obra de arte no se mide por los efectos especiales, persecuciones, destrucción de coches, escenas de violencia y/o tomas en donde la cama y lo que se hace en ella es el gran protagonista. La maestría reside en contar una historia en la que el espectador se sienta representado en parte, donde viva las alegrías y se emocione junto a los personajes.. Llevamos unos seis mil años aproximadamente desde la aparición de la escritura, es difícil pensar en escribir algo nuevo, pero las interconexiones entre las obras producidas en estos milenios lo permiten.
