Ludwig Erhard nos recuerda que el problema europeo no es de dinero: es de reglas, competencia e incentivos. El bienestar no se decreta y sólo se puede repartir si se produce
En 1957 Ludwig Erhard publicó Bienestar para todos (Wohlstand für Alle), probablemente el manual de política económica más útil escrito por un ministro en ejercicio. No es un tratado académico, sino la explicación de un milagro: cómo una Alemania destruida e intervenida se convirtió en la locomotora industrial de Europa.. La tesis central es de una sencillez pasmosa: la competencia es el instrumento más eficaz para generar y repartir prosperidad. Erhard no llegó ahí por intuición. Formado en la órbita de Friburgo, junto a Eucken y Röpke, entendió que el mercado necesita reglas fuertes: defensa de la competencia, moneda estable, presupuesto ordenado … Todo ello precisamente para no degenerar en privilegio corporativo. Esa es la economía social de mercado: no un mercado corregido por el Estado, sino un mercado protegido de quienes pretenden capturarlo.. El 20 de junio de 1948 lo demostró en la práctica. Aprovechando la reforma monetaria, suprimió en un fin de semana los controles de precios y el racionamiento, sin consultar a las autoridades de ocupación. Cuando el general Clay le advirtió de que sus asesores consideraban aquello un error, respondió que los suyos decían lo mismo. La producción industrial creció cerca del 50% en seis meses y los escaparates volvieron a llenarse. Después llegaría la reforma fiscal que desmontó los tipos marginales confiscatorios y liberó el ahorro y la inversión.. Hay una segunda enseñanza, menos citada y más incómoda: Erhard alertó contra el Estado providencia (Versorgungsstaat), esa sociedad en la que todos meten la mano en el bolsillo de todos y nadie asume su riesgo. Para él, lo social no consistía en redistribuir, sino en que el trabajador pudiera prosperar, ahorrar y ser propietario. Política social como palanca de autonomía, nunca como fábrica de dependencia.. Europa haría bien en releerlo. El informe Draghi cifra en 800.000 millones anuales la inversión necesaria, mientras la brecha de PIB con Estados Unidos se ha duplicado hasta el 30% desde 2002. Y España, con la presión fiscal en máximos históricos y sin presupuestos aprobados, gobierna a base de subvención y decreto. Erhard nos recuerda que el problema europeo no es de dinero: es de reglas, competencia e incentivos. El bienestar no se decreta y sólo se puede repartir si se produce.. Álvaro Hidalgo Vega, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la UCLM y Presidente de la Fundación Weber
En 1957 Ludwig Erhard publicó Bienestar para todos (Wohlstand für Alle), probablemente el manual de política económica más útil escrito por un ministro en ejercicio. No es un tratado académico, sino la explicación de un milagro: cómo una Alemania destruida e intervenida se convirtió en la locomotora industrial de Europa.. La tesis central es de una sencillez pasmosa: la competencia es el instrumento más eficaz para generar y repartir prosperidad. Erhard no llegó ahí por intuición. Formado en la órbita de Friburgo, junto a Eucken y Röpke, entendió que el mercado necesita reglas fuertes: defensa de la competencia, moneda estable, presupuesto ordenado … Todo ello precisamente para no degenerar en privilegio corporativo. Esa es la economía social de mercado: no un mercado corregido por el Estado, sino un mercado protegido de quienes pretenden capturarlo.. El 20 de junio de 1948 lo demostró en la práctica. Aprovechando la reforma monetaria, suprimió en un fin de semana los controles de precios y el racionamiento, sin consultar a las autoridades de ocupación. Cuando el general Clay le advirtió de que sus asesores consideraban aquello un error, respondió que los suyos decían lo mismo. La producción industrial creció cerca del 50% en seis meses y los escaparates volvieron a llenarse. Después llegaría la reforma fiscal que desmontó los tipos marginales confiscatorios y liberó el ahorro y la inversión.. Hay una segunda enseñanza, menos citada y más incómoda: Erhard alertó contra el Estado providencia (Versorgungsstaat), esa sociedad en la que todos meten la mano en el bolsillo de todos y nadie asume su riesgo. Para él, lo social no consistía en redistribuir, sino en que el trabajador pudiera prosperar, ahorrar y ser propietario. Política social como palanca de autonomía, nunca como fábrica de dependencia.. Europa haría bien en releerlo. El informe Draghi cifra en 800.000 millones anuales la inversión necesaria, mientras la brecha de PIB con Estados Unidos se ha duplicado hasta el 30% desde 2002. Y España, con la presión fiscal en máximos históricos y sin presupuestos aprobados, gobierna a base de subvención y decreto. Erhard nos recuerda que el problema europeo no es de dinero: es de reglas, competencia e incentivos. El bienestar no se decreta y sólo se puede repartir si se produce.. Álvaro Hidalgo Vega, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la UCLM y Presidente de la Fundación Weber
