Cuando le preguntan por qué no tira la toalla acostumbra a justificar su firme determinación de seguir en La Moncloa en una serie de puntos que dudo que se los crea. Y, para rematar, incluye el tópico de que su futuro está en la política internacional, algo que han intentado algunos de sus antecesores. Ninguno ha tenido un cargo tras abandonar la presidencia del Gobierno. Tan solo Rajoy ha regresado a su profesión y no se dedica a ninguna otra actividad que no sea el registro mercantil de Madrid que le corresponde por estricta antigüedad. Era lógico que Aznar no volviera a la inspección de Hacienda y ha tenido una labor centrada en presidir la fundación Faes, estar en consejos de administración de empresas internacionales prestigiosas y dar conferencias. Ninguno ha querido elegir la opción de incorporarse permanentemente al Consejo de Estado, que era una buena salida para no tener actividades empresariales que pudieran ser conflictivas. El problema es que no es un sueldo elevado, sino propio de un alto cargo de la Administración General del Estado con una retribución equivalente, aproximadamente, a la de un secretario de Estado.. El futuro de Sánchez en el momento en que abandone la presidencia del Gobierno es bastante incierto y dudo que pueda ocupar un cargo internacional importante. Le queda la opción de seguir al frente de la irrelevante Internacional Socialista cuya actividad no la refleja ningún medio de comunicación, ni siquiera los que forman parte del movimiento sanchista y que pagamos todos los españoles. Esto permite afirmar que es irrelevante. Es cierto que le sirve para mantener la ficción de que tiene proyección internacional y que es el referente de la izquierda anti Trump. Espera que, con la caída del resto de líderes socialistas, pueda erigirse en el profeta de esa amalgama ideológica de la izquierda populista. Esta es una de las razones que utiliza para justificar su continuidad. Es posible que me equivoque, pero tengo muy claro que agotará la legislatura y que incluso intenta alargarla al máximo forzando una interpretación de la Constitución que le permitiera celebrar elecciones en octubre de 2027. En cualquier caso, Conde-Pumpido y sus mariachis apoyarán cualquier excentricidad, esperpento o ataque al ordenamiento constitucional que perpetre el líder del PSOE como hemos podido comprobar con la amnistía. El presidente del Tribunal Constitucional espera recibir su pago por los servicios prestados al sanchismo con el nombramiento de consejero permanente de Estado. Hay que reconocer que no tiene las ambiciones económicas de algún ex presidente del Gobierno y se conforma con mantener las sinecuras de ostentar un cargo público. No parece que ninguna empresa seria quiera ofrecerle ser consejero, ya que es un activo muy tóxico. Y no lo veo ejerciendo la abogacía, porque el único despacho en el que podría encajar sería en el de Baltasar Garzón.. Otra de las razones que utiliza para justificar su continuidad es parar la ola ultraderechista en España y el mundo. Por supuesto, eso de la ultraderecha no se lo cree, porque sabe perfectamente que no existe. Es una buena excusa para promover el voto del miedo, aunque la mayoría de la sociedad, como hemos visto en las elecciones en Extremadura y Aragón, no se lo toma en serio. El centro derecha sacó, respectivamente, el 60 % y el 52 %. En su papel de profeta de la catástrofe cosecha un sonoro fracaso. Todo indica que en las diferentes elecciones que se celebrarán hasta las generales conseguirá resultados dentro de esta horquilla. No me extraña que los líderes regionales y locales del PSOE, incluido García-Page, estén preocupados. La realidad es que el proyecto sanchista está agotado y hay, claramente, un cambio de ciclo. Le queda la esperanza de que el PP y Vox no lleguen a acuerdos y si lo hacen sean gobiernos inestables. En cualquier caso, el año y medio que falta hasta las generales será muy tenso y convulso. No son tiempos para la moderación y el diálogo con el líder del PSOE promoviendo la estrategia de los frentes populares.. Cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de los líderes nacionales, autonómicos y locales del partido, porque cobran una nómina pública. Han unido su suerte al sanchismo y arremeten en contra de cualquier voz discrepante. Irán cayendo uno tras otro, pero él seguirá en La Moncloa. El recorrido judicial que afecta a su familia, su partido y su Gobierno le incomoda, pero ya lo da por descontado. No es más que la expresión de una ofensiva en su contra por parte de jueces y periodistas que no aceptan que sea el presidente del Gobierno. Es una auténtica chorrada, pero sirve como propaganda para la militancia. El papel de víctima siempre ha funcionado en nuestro país. En cualquier caso, tiene el instrumento de los indultos y, por supuesto, al fiel sanchista Conde-Pumpido dispuesto a enmendar la plana al Supremo y actuar como tribunal de casación que corrija todas las condenas para que sean del agrado de Sánchez. Y, al final, todo se reduce al relato.. Los argumentos finales para justificar su continuidad, el orden de todos ellos es irrelevante, son completar la utilización de los fondos europeos y culminar con éxito el proceso catalán. Es decir, su sumisión al independentismo para que le apoye en el Congreso. Con Otegi ya ha cumplido blanqueando a los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA y sentando las bases para un futuro gobierno de coalición de Bildu con el PSOE en el País Vasco. Más allá de este teatro, la realidad es que le gusta estar en La Moncloa, aunque asegure que en algún momento ha pensado en irse, algo que no es más que una farsa al servicio del relato. Su objetivo es llegar a las generales con un centro derecha dividido y convulso para conseguir un resultado que le permita continuar en el poder o, como mínimo, seguir al frente del PSOE.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
«La realidad es que el proyecto sanchista está agotado y hay, claramente, un cambio de ciclo»
Cuando le preguntan por qué no tira la toalla acostumbra a justificar su firme determinación de seguir en La Moncloa en una serie de puntos que dudo que se los crea. Y, para rematar, incluye el tópico de que su futuro está en la política internacional, algo que han intentado algunos de sus antecesores. Ninguno ha tenido un cargo tras abandonar la presidencia del Gobierno. Tan solo Rajoy ha regresado a su profesión y no se dedica a ninguna otra actividad que no sea el registro mercantil de Madrid que le corresponde por estricta antigüedad. Era lógico que Aznar no volviera a la inspección de Hacienda y ha tenido una labor centrada en presidir la fundación Faes, estar en consejos de administración de empresas internacionales prestigiosas y dar conferencias. Ninguno ha querido elegir la opción de incorporarse permanentemente al Consejo de Estado, que era una buena salida para no tener actividades empresariales que pudieran ser conflictivas. El problema es que no es un sueldo elevado, sino propio de un alto cargo de la Administración General del Estado con una retribución equivalente, aproximadamente, a la de un secretario de Estado.. El futuro de Sánchez en el momento en que abandone la presidencia del Gobierno es bastante incierto y dudo que pueda ocupar un cargo internacional importante. Le queda la opción de seguir al frente de la irrelevante Internacional Socialista cuya actividad no la refleja ningún medio de comunicación, ni siquiera los que forman parte del movimiento sanchista y que pagamos todos los españoles. Esto permite afirmar que es irrelevante. Es cierto que le sirve para mantener la ficción de que tiene proyección internacional y que es el referente de la izquierda anti Trump. Espera que, con la caída del resto de líderes socialistas, pueda erigirse en el profeta de esa amalgama ideológica de la izquierda populista. Esta es una de las razones que utiliza para justificar su continuidad. Es posible que me equivoque, pero tengo muy claro que agotará la legislatura y que incluso intenta alargarla al máximo forzando una interpretación de la Constitución que le permitiera celebrar elecciones en octubre de 2027. En cualquier caso, Conde-Pumpido y sus mariachis apoyarán cualquier excentricidad, esperpento o ataque al ordenamiento constitucional que perpetre el líder del PSOE como hemos podido comprobar con la amnistía. El presidente del Tribunal Constitucional espera recibir su pago por los servicios prestados al sanchismo con el nombramiento de consejero permanente de Estado. Hay que reconocer que no tiene las ambiciones económicas de algún ex presidente del Gobierno y se conforma con mantener las sinecuras de ostentar un cargo público. No parece que ninguna empresa seria quiera ofrecerle ser consejero, ya que es un activo muy tóxico. Y no lo veo ejerciendo la abogacía, porque el único despacho en el que podría encajar sería en el de Baltasar Garzón.. Otra de las razones que utiliza para justificar su continuidad es parar la ola ultraderechista en España y el mundo. Por supuesto, eso de la ultraderecha no se lo cree, porque sabe perfectamente que no existe. Es una buena excusa para promover el voto del miedo, aunque la mayoría de la sociedad, como hemos visto en las elecciones en Extremadura y Aragón, no se lo toma en serio. El centro derecha sacó, respectivamente, el 60 % y el 52 %. En su papel de profeta de la catástrofe cosecha un sonoro fracaso. Todo indica que en las diferentes elecciones que se celebrarán hasta las generales conseguirá resultados dentro de esta horquilla. No me extraña que los líderes regionales y locales del PSOE, incluido García-Page, estén preocupados. La realidad es que el proyecto sanchista está agotado y hay, claramente, un cambio de ciclo. Le queda la esperanza de que el PP y Vox no lleguen a acuerdos y si lo hacen sean gobiernos inestables. En cualquier caso, el año y medio que falta hasta las generales será muy tenso y convulso. No son tiempos para la moderación y el diálogo con el líder del PSOE promoviendo la estrategia de los frentes populares.. Cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de los líderes nacionales, autonómicos y locales del partido, porque cobran una nómina pública. Han unido su suerte al sanchismo y arremeten en contra de cualquier voz discrepante. Irán cayendo uno tras otro, pero él seguirá en La Moncloa. El recorrido judicial que afecta a su familia, su partido y su Gobierno le incomoda, pero ya lo da por descontado. No es más que la expresión de una ofensiva en su contra por parte de jueces y periodistas que no aceptan que sea el presidente del Gobierno. Es una auténtica chorrada, pero sirve como propaganda para la militancia. El papel de víctima siempre ha funcionado en nuestro país. En cualquier caso, tiene el instrumento de los indultos y, por supuesto, al fiel sanchista Conde-Pumpido dispuesto a enmendar la plana al Supremo y actuar como tribunal de casación que corrija todas las condenas para que sean del agrado de Sánchez. Y, al final, todo se reduce al relato.. Los argumentos finales para justificar su continuidad, el orden de todos ellos es irrelevante, son completar la utilización de los fondos europeos y culminar con éxito el proceso catalán. Es decir, su sumisión al independentismo para que le apoye en el Congreso. Con Otegi ya ha cumplido blanqueando a los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA y sentando las bases para un futuro gobierno de coalición de Bildu con el PSOE en el País Vasco. Más allá de este teatro, la realidad es que le gusta estar en La Moncloa, aunque asegure que en algún momento ha pensado en irse, algo que no es más que una farsa al servicio del relato. Su objetivo es llegar a las generales con un centro derecha dividido y convulso para conseguir un resultado que le permita continuar en el poder o, como mínimo, seguir al frente del PSOE.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
