Contar con una de las mayores redes ferroviarias de alta velocidad del mundo es una responsabilidad. El no atenderla suficientemente nos lleva a su deterioro, al igual que sucede con la sanidad y la educación públicas. Todos los servicios públicos han entrado en una espiral de autodestrucción.. España tiene una deuda pública de 1,7 billones de euros. Este 2025 el Estado ha tenido que desembolsar 42.000 millones para el pago de intereses, o lo que es lo mismo, el 2,4% del PIB nacional. Este dinero debería haber ido al mantenimiento de las infraestructuras y a mejorar la sanidad y educación públicas. Y no solo no ha ido a atender esas necesidades, sino que cada vez llega menos dinero para sostener los servicios públicos. Desde el advenimiento de este Gobierno, ADIF, el administrador de infraestructuras ferroviarias del Estado, ha reducido en un 30% por viajero la inversión en mantenimiento del AVE. En 2018, año de la moción de censura, viajaron en alta velocidad 21,3 millones de personas; el año pasado fueron 43,4 millones. En siete años se ha duplicado el número de usuarios de la alta velocidad.. Es más, a principios de esta década empezaron a operar las compañías privadas IRYO y OUIGO, produciéndose el mayor crecimiento en la historia de usuarios. Batiendo récords anuales. Estas compañías, de Italia y Francia, respectivamente, aportan trenes modernos y prácticamente nuevos, con una media de 4 años.. El pasado octubre, ADIF licitó la adquisición de tecnología para la auscultación ultrasónica de las vías, reconociendo que carece de los mismos al tiempo que es la única manera de detectar defectos internos o fatiga del metal.. Aunque la inversión en términos nominales sigue subiendo anualmente, se va prácticamente para nuevas líneas y estaciones, descuidando el mantenimiento. Con los datos del ejercicio 2024 ya cerrado, de los 4.500 millones de euros invertidos en la red ferroviaria, solo 637,7 millones se destinaron a la conservación de las vías y material. Esto supone únicamente el 14,2%. Explicado en euros actualizados, deflactando el 26,5% de inflación acumulada en la década 2015/2024, el importe real de la inversión ha sido de 468,7 millones de euros de los de 2015. Prácticamente la misma cantidad que se invirtió en conservación en 2015, que fueron 465,5 millones de euros.. Cualquier usuario de la red de la Alta Velocidad Española puede constatar el deterioro en el servicio (retrasos, cancelaciones, suciedad y vibraciones) y la antigüedad de los trenes y de la infraestructura (vías y tendido eléctrico). Es más, el Ministerio de Transportes, ahora bajo la dirección de Óscar Puente, y antes al mando del «discutido» José Luis Ábalos, entre otras desacertadas medidas, recortó a la mitad las indemnizaciones a los pasajeros por el tiempo de retraso en los trenes, toda una señal, muy clara, de que el ministro Puente ya era consciente del deterioro del servicio ferroviario.. Y además, hay que añadir que la red pública de autovías y autopistas también comienza a caerse a trozos. En este sentido, la madrugada del pasado viernes asistimos atónitos a la paralización de todo el transporte pesado por carretera en la mitad norte, por el aviso de temporal, aunque las condiciones climáticas eran buenas para la circulación, con las carreteras limpias de nieve, otra muestra más del caos en el que está sumido el sanchismo. Y sin embargo, asistimos a una surrealista política del Gobierno que regala millones de euros a jóvenes con bonos gratuitos para el transporte ferroviario y los peajes se suprimen. Una economía como la española no puede priorizar el gasto social, que genera más pobreza, en contra de la inversión en infraestructuras, que es lo mismo que crecimiento económico. Por lo que la actual situación de caos ha sido consecuencia de las decisiones políticas.. Pero si la red de Alta Velocidad está hecha jirones, no lo está menos el resto de vías. Así, el transporte por tren de media distancia y cercanías también se encuentra en plena agonía, cuando son millones de personas de las áreas metropolitanas de las grandes urbes y de las localidades más alejadas las que utilizan este transporte cotidianamente.. En Adamuz y Gelida, no solo descarrilaron el IRYO y el ALVIA y el Rodalíes, también ha sido el exponente del naufragio de una política insostenible que no tiene más recorrido. Próxima parada: elecciones anticipadas.
En 2024, de los 4.500 millones invertidos, solo 637,7 se destinaron a la conservación de las vías y material; únicamente un 14,2%
Contar con una de las mayores redes ferroviarias de alta velocidad del mundo es una responsabilidad. El no atenderla suficientemente nos lleva a su deterioro, al igual que sucede con la sanidad y la educación públicas. Todos los servicios públicos han entrado en una espiral de autodestrucción.. España tiene una deuda pública de 1,7 billones de euros. Este 2025 el Estado ha tenido que desembolsar 42.000 millones para el pago de intereses, o lo que es lo mismo, el 2,4% del PIB nacional. Este dinero debería haber ido al mantenimiento de las infraestructuras y a mejorar la sanidad y educación públicas. Y no solo no ha ido a atender esas necesidades, sino que cada vez llega menos dinero para sostener los servicios públicos. Desde el advenimiento de este Gobierno, ADIF, el administrador de infraestructuras ferroviarias del Estado, ha reducido en un 30% por viajero la inversión en mantenimiento del AVE. En 2018, año de la moción de censura, viajaron en alta velocidad 21,3 millones de personas; el año pasado fueron 43,4 millones. En siete años se ha duplicado el número de usuarios de la alta velocidad.. Es más, a principios de esta década empezaron a operar las compañías privadas IRYO y OUIGO, produciéndose el mayor crecimiento en la historia de usuarios. Batiendo récords anuales. Estas compañías, de Italia y Francia, respectivamente, aportan trenes modernos y prácticamente nuevos, con una media de 4 años.. El pasado octubre, ADIF licitó la adquisición de tecnología para la auscultación ultrasónica de las vías, reconociendo que carece de los mismos al tiempo que es la única manera de detectar defectos internos o fatiga del metal.. Aunque la inversión en términos nominales sigue subiendo anualmente, se va prácticamente para nuevas líneas y estaciones, descuidando el mantenimiento. Con los datos del ejercicio 2024 ya cerrado, de los 4.500 millones de euros invertidos en la red ferroviaria, solo 637,7 millones se destinaron a la conservación de las vías y material. Esto supone únicamente el 14,2%. Explicado en euros actualizados, deflactando el 26,5% de inflación acumulada en la década 2015/2024, el importe real de la inversión ha sido de 468,7 millones de euros de los de 2015. Prácticamente la misma cantidad que se invirtió en conservación en 2015, que fueron 465,5 millones de euros.. Cualquier usuario de la red de la Alta Velocidad Española puede constatar el deterioro en el servicio (retrasos, cancelaciones, suciedad y vibraciones) y la antigüedad de los trenes y de la infraestructura (vías y tendido eléctrico). Es más, el Ministerio de Transportes, ahora bajo la dirección de Óscar Puente, y antes al mando del «discutido» José Luis Ábalos, entre otras desacertadas medidas, recortó a la mitad las indemnizaciones a los pasajeros por el tiempo de retraso en los trenes, toda una señal, muy clara, de que el ministro Puente ya era consciente del deterioro del servicio ferroviario.. Y además, hay que añadir que la red pública de autovías y autopistas también comienza a caerse a trozos. En este sentido, la madrugada del pasado viernes asistimos atónitos a la paralización de todo el transporte pesado por carretera en la mitad norte, por el aviso de temporal, aunque las condiciones climáticas eran buenas para la circulación, con las carreteras limpias de nieve, otra muestra más del caos en el que está sumido el sanchismo. Y sin embargo, asistimos a una surrealista política del Gobierno que regala millones de euros a jóvenes con bonos gratuitos para el transporte ferroviario y los peajes se suprimen. Una economía como la española no puede priorizar el gasto social, que genera más pobreza, en contra de la inversión en infraestructuras, que es lo mismo que crecimiento económico. Por lo que la actual situación de caos ha sido consecuencia de las decisiones políticas.. Pero si la red de Alta Velocidad está hecha jirones, no lo está menos el resto de vías. Así, el transporte por tren de media distancia y cercanías también se encuentra en plena agonía, cuando son millones de personas de las áreas metropolitanas de las grandes urbes y de las localidades más alejadas las que utilizan este transporte cotidianamente.. En Adamuz y Gelida, no solo descarrilaron el IRYO y el ALVIA y el Rodalíes, también ha sido el exponente del naufragio de una política insostenible que no tiene más recorrido. Próxima parada: elecciones anticipadas.
