Los niños tienen una imaginación inagotable. Son capaces de crear lo impensable sin necesidad de una pantalla o efectos especiales. No conocen el aburrimiento porque su cerebro encuentra entretenimiento en cualquier situación, por aburrida que parezca, pero esa capacidad se va perdiendo con el paso de los años y miramos con envidia los días en los que podíamos ser quien quisiéramos sin dar ninguna explicación.
Los tiempos han cambiado, y las formas de entretenimiento de los niños, también. Hoy en día es más fácil ver a un pequeño con un Ipad en la mano que con un balón, y, aunque sea una forma realmente eficaz de controlar rabietas o pataletas ruidosas, resulta preocupante observar que la adicción a las pantallas comienza cada vez a edades más tempranas.
Los niños modernos ya no juegan al ‘Veo veo’, encuentran figuras en nubes o cuentan las baldosas del suelo. Esto no quiere decir que algunos no sigan haciéndolo, pero es menos común (y para los más nostálgicos da pena ver que su concepto de diversión ha cambiado, aunque ellos no sean culpables). Que los hábitos cambien no es sinónimo de que lo actual sea peor, pero múltiples estudios indican que los juegos que protagonizaron nuestra infancia han tenido un impacto muy positivo en nuestras vidas aunque no seamos conscientes de ello.
¿Por qué es bueno contar baldosas?
Muchos niños encontraron una forma sencilla de combatir el aburrimiento mientras caminaban hacia la escuela o esperaban el transporte: contar baldosas, escalones, postes de luz o cualquier elemento que se repitiera a lo largo del camino. Lo que parecía un simple pasatiempo podría haber tenido un efecto positivo en el desarrollo de la atención.
Diversos especialistas en psicología y neurociencia consideran que este tipo de actividades espontáneas ayudan a entrenar la capacidad de mantener el foco durante un tiempo prolongado, una habilidad que resulta fundamental tanto en el aprendizaje como en la vida cotidiana.
Entrenar la concentración de forma natural
Al concentrarse en una única tarea, el cerebro deja en un segundo plano otros estímulos del entorno y aprende a mantener el foco sin distraerse con facilidad. Además, este sencillo ejercicio también pone en marcha habilidades como la memoria de trabajo, el autocontrol y la capacidad para seguir una secuencia, funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje.
Lo más llamativo es que todo esto ocurría de forma completamente natural. No había objetivos, recompensas ni instrucciones: solo un niño intentando entretenerse con aquello que tenía delante. Precisamente por eso, los expertos consideran que este tipo de juegos cotidianos pueden convertirse en un valioso entrenamiento para el cerebro.
De hecho, algunos investigadores encuentran similitudes entre este hábito infantil y las técnicas de atención plena o mindfulness. En ambos casos, la mente se centra de forma voluntaria en un único estímulo del presente, reduciendo las distracciones y favoreciendo la concentración.
Los niños tienen una imaginación inagotable. Son capaces de crear lo impensable sin necesidad de una pantalla o efectos especiales. No conocen el aburrimiento porque su cerebro encuentra entretenimiento en cualquier situación, por aburrida que parezca, pero esa capacidad se va perdiendo con el paso de los años y miramos con envidia los días en los que podíamos ser quien quisiéramos sin dar ninguna explicación. Los tiempos han cambiado, y las formas de entretenimiento de los niños, también. Hoy en día es más fácil ver a un pequeño con un Ipad en la mano que con un balón, y, aunque sea una forma realmente eficaz de controlar rabietas o pataletas ruidosas, resulta preocupante observar que la adicción a las pantallas comienza cada vez a edades más tempranas. Los niños modernos ya no juegan al ‘Veo veo’, encuentran figuras en nubes o cuentan las baldosas del suelo. Esto no quiere decir que algunos no sigan haciéndolo, pero es menos común (y para los más nostálgicos da pena ver que su concepto de diversión ha cambiado, aunque ellos no sean culpables). Que los hábitos cambien no es sinónimo de que lo actual sea peor, pero múltiples estudios indican que los juegos que protagonizaron nuestra infancia han tenido un impacto muy positivo en nuestras vidas aunque no seamos conscientes de ello. ¿Por qué es bueno contar baldosas? Muchos niños encontraron una forma sencilla de combatir el aburrimiento mientras caminaban hacia la escuela o esperaban el transporte: contar baldosas, escalones, postes de luz o cualquier elemento que se repitiera a lo largo del camino. Lo que parecía un simple pasatiempo podría haber tenido un efecto positivo en el desarrollo de la atención. Diversos especialistas en psicología y neurociencia consideran que este tipo de actividades espontáneas ayudan a entrenar la capacidad de mantener el foco durante un tiempo prolongado, una habilidad que resulta fundamental tanto en el aprendizaje como en la vida cotidiana. Entrenar la concentración de forma natural Al concentrarse en una única tarea, el cerebro deja en un segundo plano otros estímulos del entorno y aprende a mantener el foco sin distraerse con facilidad. Además, este sencillo ejercicio también pone en marcha habilidades como la memoria de trabajo, el autocontrol y la capacidad para seguir una secuencia, funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje. Lo más llamativo es que todo esto ocurría de forma completamente natural. No había objetivos, recompensas ni instrucciones: solo un niño intentando entretenerse con aquello que tenía delante. Precisamente por eso, los expertos consideran que este tipo de juegos cotidianos pueden convertirse en un valioso entrenamiento para el cerebro. De hecho, algunos investigadores encuentran similitudes entre este hábito infantil y las técnicas de atención plena o mindfulness. En ambos casos, la mente se centra de forma voluntaria en un único estímulo del presente, reduciendo las distracciones
Aunque las formas de entretenimiento hayan cambiado, la psicología desvela que los juegos que inventábamos para «matar el tiempo» han tenido un impacto muy positivo en aspectos cruciales de nuestra vida
Los niños tienen una imaginación inagotable. Son capaces de crear lo impensable sin necesidad de una pantalla o efectos especiales. No conocen el aburrimiento porque su cerebro encuentra entretenimiento en cualquier situación, por aburrida que parezca, pero esa capacidad se va perdiendo con el paso de los años y miramos con envidia los días en los que podíamos ser quien quisiéramos sin dar ninguna explicación.Los tiempos han cambiado, y las formas de entretenimiento de los niños, también. Hoy en día es más fácil ver a un pequeño con un Ipad en la mano que con un balón, y, aunque sea una forma realmente eficaz de controlar rabietas o pataletas ruidosas, resulta preocupante observar que la adicción a las pantallas comienza cada vez a edades más tempranas. Los niños modernos ya no juegan al ‘Veo veo’, encuentran figuras en nubes o cuentan las baldosas del suelo. Esto no quiere decir que algunos no sigan haciéndolo, pero es menos común (y para los más nostálgicos da pena ver que su concepto de diversión ha cambiado, aunque ellos no sean culpables). Que los hábitos cambien no es sinónimo de que lo actual sea peor, pero múltiples estudios indican que los juegos que protagonizaron nuestra infancia han tenido un impacto muy positivo en nuestras vidas aunque no seamos conscientes de ello.¿Por qué es bueno contar baldosas?Muchos niños encontraron una forma sencilla de combatir el aburrimiento mientras caminaban hacia la escuela o esperaban el transporte: contar baldosas, escalones, postes de luz o cualquier elemento que se repitiera a lo largo del camino. Lo que parecía un simple pasatiempo podría haber tenido un efecto positivo en el desarrollo de la atención.Diversos especialistas en psicología y neurociencia consideran que este tipo de actividades espontáneas ayudan a entrenar la capacidad de mantener el foco durante un tiempo prolongado, una habilidad que resulta fundamental tanto en el aprendizaje como en la vida cotidiana.Entrenar la concentración de forma naturalAl concentrarse en una única tarea, el cerebro deja en un segundo plano otros estímulos del entorno y aprende a mantener el foco sin distraerse con facilidad. Además, este sencillo ejercicio también pone en marcha habilidades como la memoria de trabajo, el autocontrol y la capacidad para seguir una secuencia, funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje.Lo más llamativo es que todo esto ocurría de forma completamente natural. No había objetivos, recompensas ni instrucciones: solo un niño intentando entretenerse con aquello que tenía delante. Precisamente por eso, los expertos consideran que este tipo de juegos cotidianos pueden convertirse en un valioso entrenamiento para el cerebro.De hecho, algunos investigadores encuentran similitudes entre este hábito infantil y las técnicas de atención plena o mindfulness. En ambos casos, la mente se centra de forma voluntaria en un único estímulo del presente, reduciendo las distracciones y favore
