En momentos de crisis, la oposición debe ser firme, exigente en la necesidad de respuestas claras y, al mismo tiempo, evitar que la tragedia se convierta en combustible de antipolítica. España necesita cada día más política responsable, menos gesticulación y un liderazgo que entienda que la sensibilidad institucional también se mide en cómo se acompaña a un país en su peor momento.. A Alberto Núñez Feijóo le jalean en la calle para que dé «más caña». La respuesta emocional de una masa electoral contrariada hasta la asfixia con el entorno político y social que vive. Vox encuentra provecho inmediato de la tragedia, a costa no solo de empobrecer la conversación pública, sino de perjudicar también la reconstrucción emocional de un país que requiere solidaridad. Desde esta perspectiva, la respuesta de Feijóo en el accidente de Adamuz ha destacado por situar las prioridades donde deben estar: en las víctimas, en la búsqueda de la verdad y en la defensa de un debate público que no se degrade por el oportunismo. Es una lección para una democracia que, precisamente, necesita líderes capaces de responder con altura institucional en los momentos más duros.. España atraviesa una etapa en la que la política parece haberse convertido en un espectáculo permanente. Un Gobierno parado intercambia la iniciativa por ruido, y la oposición, a menudo, no sabe moverse en otro ámbito que no sea el de la reacción inmediata. La democracia necesita conflicto, pero también necesita reglas y una mínima conciencia institucional, aunque vivamos tiempos en que nos hagan creer que gobernar es improvisar y oponerse es gritar más alto que el adversario. La política adulta consiste en entender que el poder no se ejerce solo desde el micrófono, sino también desde la contención, la previsión y el respeto a las instituciones.. Y así, mientras el Ejecutivo vive instalado en la urgencia del titular y en la lógica del corto plazo, Feijóo está obligado a seguir una estrategia menos vistosa, pero más sólida: la de construir una alternativa de Estado. El refugio de las soluciones mágicas y de dramatizarlo todo contrasta con lo que de verdad necesitamos, que no es otra cosa que un rumbo reconocible y certidumbre en un país cansado de sobresaltos.. Feijóo debe reivindicar una forma de liderazgo que no necesita exagerar los problemas para tomarlos en serio. Hablar de límites, de procedimientos, de equilibrios institucionales no genera aplausos inmediatos, pero sí confianza. Y la confianza, aunque no cotice en redes, es la base de cualquier proyecto democrático duradero.
Feijóo está obligado a seguir una estrategia menos vistosa, pero más sólida: la de construir una alternativa de Estado
En momentos de crisis, la oposición debe ser firme, exigente en la necesidad de respuestas claras y, al mismo tiempo, evitar que la tragedia se convierta en combustible de antipolítica. España necesita cada día más política responsable, menos gesticulación y un liderazgo que entienda que la sensibilidad institucional también se mide en cómo se acompaña a un país en su peor momento.. A Alberto Núñez Feijóo le jalean en la calle para que dé «más caña». La respuesta emocional de una masa electoral contrariada hasta la asfixia con el entorno político y social que vive. Vox encuentra provecho inmediato de la tragedia, a costa no solo de empobrecer la conversación pública, sino de perjudicar también la reconstrucción emocional de un país que requiere solidaridad. Desde esta perspectiva, la respuesta de Feijóo en el accidente de Adamuz ha destacado por situar las prioridades donde deben estar: en las víctimas, en la búsqueda de la verdad y en la defensa de un debate público que no se degrade por el oportunismo. Es una lección para una democracia que, precisamente, necesita líderes capaces de responder con altura institucional en los momentos más duros.. España atraviesa una etapa en la que la política parece haberse convertido en un espectáculo permanente. Un Gobierno parado intercambia la iniciativa por ruido, y la oposición, a menudo, no sabe moverse en otro ámbito que no sea el de la reacción inmediata. La democracia necesita conflicto, pero también necesita reglas y una mínima conciencia institucional, aunque vivamos tiempos en que nos hagan creer que gobernar es improvisar y oponerse es gritar más alto que el adversario. La política adulta consiste en entender que el poder no se ejerce solo desde el micrófono, sino también desde la contención, la previsión y el respeto a las instituciones.. Y así, mientras el Ejecutivo vive instalado en la urgencia del titular y en la lógica del corto plazo, Feijóo está obligado a seguir una estrategia menos vistosa, pero más sólida: la de construir una alternativa de Estado. El refugio de las soluciones mágicas y de dramatizarlo todo contrasta con lo que de verdad necesitamos, que no es otra cosa que un rumbo reconocible y certidumbre en un país cansado de sobresaltos.. Feijóo debe reivindicar una forma de liderazgo que no necesita exagerar los problemas para tomarlos en serio. Hablar de límites, de procedimientos, de equilibrios institucionales no genera aplausos inmediatos, pero sí confianza. Y la confianza, aunque no cotice en redes, es la base de cualquier proyecto democrático duradero.
