HBO Max acaba de estrenar el «spin-off» de «The Big Bang Theory», con viejos conocidos y cameos
Stuart Bloom es uno de esos personajes de las «sitcoms» que fue ganando peso dentro de la serie «The Big Bang Theory», junto a los protagonistas principales, Sheldon, Penny, Raj, Howard, Bernadette, Amy y Leonard. El dueño de la tienda de cómics de la serie original llegó a convertirse en un personaje con su propia línea de trama, viviendo con la señora Wolowitz y experimentando el amor junto a Denise. Ahora, HBO Max acaba de estrenar «Stuart no consigue salvar el universo», una suerte de «spin-off» secuela protagonizada por Bloom (Kevin Sussman), que se acompaña de los secundarios recurrentes: el archienemigo de Sheldon en los laboratorios, Barry Kripke (John Ross Bowie), la novia de Stuart, Denise (Lauren Lapkus), y el geólogo favorito de los espectadores, Bert (Brian Posehn).La serie de diez episodios nos traslada a una Pasadena postapocalíptica en la que la tienda de cómics es lo único que queda en pie en toda la ciudad, rodeada de muerte, racionamiento, destrucción y hasta una enorme polilla. Ante los protagonistas aparece un Stuart de una realidad alternativa con un aviso: Stuart debe salvar el universo y restaurar la realidad después de romper por accidente un dispositivo construido por Sheldon y Leonard, provocando accidentalmente un armagedón multiverso. Para ello deberá acudir al laboratorio de sus amigos en Caltech, tarea que de salida ya no será fácil, aunque recibirá la compañía de Bert y su socarronería simplista habitual, y una Denise armada y con nuevo novio, Gary (Tommy Walker), que ya les digo yo que es el Kenny de «Stuart no consigue salvar el universo».La gracia de esta ficción ya no radica solo en los personajes secundarios que han sido elevados a protagonistas,puesto que ninguno de ellos arrastra la simpatía, complejidad y taras que hacían de Leonard, Raj, Sheldon y Howard, las auténticas estrellas del elenco. Sin embargo, la idea de hacerles viajar por distintos universos tiene su miga, aunque ha sido muy poco aprovechada, pero con ideas muy locas. Guerras, centauros, entes malvados (espirales giratorias y «alguna mierda así»), y por supuesto, los cameos de algunos de los personajes que ya conocemos, pero en roles bastante distintos (o cómo desaprovechar a Will Wheaton de nuevo). Hay capítulos que son bastante buenos, como los homenajes a las paradojas temporales o una inmersión en Matrix; incluso el humor que se despliega, acompañado de medios y efectos especiales, tiene un punto que no acaba de alcanzar la potencia de la serie original que tanto gustó a los espectadores. Y eso que no las comparamos.«Stuart no consigue salvar el universo» es una serie entretenida, cuyos cortos capítulos pueden llegar a degustarse sin problema, pero que no llama al deseo de que haya una segunda temporada, a menos que haya un cambio importante en la construcción de una trama que sacie a los que echan de menos a «The Big Bang Theory». Sí que destacaremos los papeles recurrentes de Kyle (Ryan Ca
Stuart Bloom es uno de esos personajes de las «sitcoms» que fue ganando peso dentro de la serie «The Big Bang Theory», junto a los protagonistas principales, Sheldon, Penny, Raj, Howard, Bernadette, Amy y Leonard. El dueño de la tienda de cómics de la serie original llegó a convertirse en un personaje con su propia línea de trama, viviendo con la señora Wolowitz y experimentando el amor junto a Denise. Ahora, HBO Max acaba de estrenar «Stuart no consigue salvar el universo», una suerte de «spin-off» secuela protagonizada por Bloom (Kevin Sussman), que se acompaña de los secundarios recurrentes: el archienemigo de Sheldon en los laboratorios, Barry Kripke (John Ross Bowie), la novia de Stuart, Denise (Lauren Lapkus), y el geólogo favorito de los espectadores, Bert (Brian Posehn).. La serie de diez episodios nos traslada a una Pasadena postapocalíptica en la que la tienda de cómics es lo único que queda en pie en toda la ciudad, rodeada de muerte, racionamiento, destrucción y hasta una enorme polilla. Ante los protagonistas aparece un Stuart de una realidad alternativa con un aviso: Stuart debe salvar el universo y restaurar la realidad después de romper por accidente un dispositivo construido por Sheldon y Leonard, provocando accidentalmente un armagedón multiverso. Para ello deberá acudir al laboratorio de sus amigos en Caltech, tarea que de salida ya no será fácil, aunque recibirá la compañía de Bert y su socarronería simplista habitual, y una Denise armada y con nuevo novio, Gary (Tommy Walker), que ya les digo yo que es el Kenny de «Stuart no consigue salvar el universo».. La gracia de esta ficción ya no radica solo en los personajes secundarios que han sido elevados a protagonistas,puesto que ninguno de ellos arrastra la simpatía, complejidad y taras que hacían de Leonard, Raj, Sheldon y Howard, las auténticas estrellas del elenco. Sin embargo, la idea de hacerles viajar por distintos universos tiene su miga, aunque ha sido muy poco aprovechada, pero con ideas muy locas. Guerras, centauros, entes malvados (espirales giratorias y «alguna mierda así»), y por supuesto, los cameos de algunos de los personajes que ya conocemos, pero en roles bastante distintos (o cómo desaprovechar a Will Wheaton de nuevo). Hay capítulos que son bastante buenos, como los homenajes a las paradojas temporales o una inmersión en Matrix; incluso el humor que se despliega, acompañado de medios y efectos especiales, tiene un punto que no acaba de alcanzar la potencia de la serie original que tanto gustó a los espectadores. Y eso que no las comparamos.. «Stuart no consigue salvar el universo» es una serie entretenida, cuyos cortos capítulos pueden llegar a degustarse sin problema, pero que no llama al deseo de que haya una segunda temporada, a menos que haya un cambio importante en la construcción de una trama que sacie a los que echan de menos a «The Big Bang Theory». Sí que destacaremos los papeles recurrentes de Kyle (Ryan Cartwright) y Trevor (Josh Brener), que deberían haber viajado con los cuatro jinetes de su propio Apocalipsis, puesto que dan más juego con una mirada que a veces los otros con líneas enteras de chistes. Por otro lado, la identidad visual y la música son realmente entretenidas, con unos títulos de crédito y una estética que podría pasar por una serie molona y llena de vida. Sin embargo, los propios actores parecen tener poca sangre en las venas para una aventura interdimensional, que funcionaba de secundarios —recordamos con cariño la pusilanimidad del mismísimo Stuart—, pero deben adaptarse a esta nueva liga y ponerse las pilas si quieren competir con otras sitcoms infinitamente más graciosas y con personajes mucho más redondos.
