Amén de gas, petróleo y minas de cobre, oro y plata, Groenlandia cuenta con grandes depósitos de itrio, escandio, neodimio y disprosio, esenciales para teléfonos móviles, vehículos eléctricos, imanes de alto rendimiento, baterías, productos electrónicos, reactores nucleares y aplicaciones militares. Tiene las segundas reservas más grandes del mundo de óxidos de tierras raras, que se utilizan en la producción de pantallas de televisión y computadoras, láseres, baterías de alta potencia e intensificadores de rayos X y depósitos de uranio y probablemente de titanio y vanadio, junto a 8,28 millones de toneladas de grafito de alta calidad, crucial para producir grafeno. Es decir, dispone de todo lo necesario para alimentar a las nuevas tecnologías de blockchain y a la IA, amén de agua dulce casi infinita y el clima frío helado ideal para los centros de datos, motivo por el que se fijaron en ella, antes incluso de que Trump manifestara sus apetencias, ricos mega-ricos como Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates o Michael Bloomberg, que ya invierten allí, igual que Sam Altman de Open AI y Peter Thiel, de la todopoderosa Palantir. El verdadero plan que estos jeques de la tecnología tienen es construir la primera “Freedom City” del planeta (otro proyecto paralelo es Neom), es decir la primera “Ciudad para la Libertad”, sin regulación fiscal ni gubernamental alguna, con el ánimo de transformar Greenland en el primer Estado Digital (dentro de EE UU ) del mundo. Para ello, parte de estos ultra-tecno-millonarios fundaron Praxis, que intentó comprar la isla a los daneses. Ante la negativa, engatusaron a Trump, que pretende hacerse con el territorio por las buenas o por las malas. La excusa perfecta son los rusos y los chinos, extendiendo la idea de que son éstos los que quieren apoderarse de la gigantesca isla helada.. Nada demasiado nuevo, en realidad, porque ya bajo los mandatos de Eisenhower y Truman-, Washington levantó varias bases militares allí, dentro de una iniciativa bautizada como «Camp Century», una ciudad bajo del hielo para albergar una base nuclear. El proyecto se truncó ante las altas probabilidades de colapso provocado por la acumulación de nieve en la superficie.. Praxis, la empresa estadounidense que quiso comprar Groenlandia para transformarla en una “ciudad para la libertad”, sin leyes ni transparencia, sin regulación fiscal ni gubernamental, parte de la idea de que hay que levantar una constelación de enclaves soberanos, donde la innovación tecnológica y financiera sustituyan a la política tradicional. Es el proyecto Neom de Arabia, ciudad en la que todo será controlado y manejado por robots, igual que el proyecto que se trae entre manos Bill Gates con la compra de millones de hectáreas en zonas despobladas en Estados Unidos. Por eso, cuenta Mauricio Hernández, Groenlandia no es sólo un capricho trumpista, sino una pieza imprescindible dentro del mapa geopolítico y el escenario idóneo para un proyecto nacido en Silicon Valley para el control del mundo hiperdigitalizado en el que vivimos.
El verdadero proyecto es construir en la isla helada la primera “Ciudad para la Libertad”, sin regulación fiscal ni gubernamental alguna
Amén de gas, petróleo y minas de cobre, oro y plata, Groenlandia cuenta con grandes depósitos de itrio, escandio, neodimio y disprosio, esenciales para teléfonos móviles, vehículos eléctricos, imanes de alto rendimiento, baterías, productos electrónicos, reactores nucleares y aplicaciones militares. Tiene las segundas reservas más grandes del mundo de óxidos de tierras raras, que se utilizan en la producción de pantallas de televisión y computadoras, láseres, baterías de alta potencia e intensificadores de rayos X y depósitos de uranio y probablemente de titanio y vanadio, junto a 8,28 millones de toneladas de grafito de alta calidad, crucial para producir grafeno. Es decir, dispone de todo lo necesario para alimentar a las nuevas tecnologías de blockchain y a la IA, amén de agua dulce casi infinita y el clima frío helado ideal para los centros de datos, motivo por el que se fijaron en ella, antes incluso de que Trump manifestara sus apetencias, ricos mega-ricos como Elon Musk, Jeff Bezos, Bill Gates o Michael Bloomberg, que ya invierten allí, igual que Sam Altman de Open AI y Peter Thiel, de la todopoderosa Palantir. El verdadero plan que estos jeques de la tecnología tienen es construir la primera “Freedom City” del planeta (otro proyecto paralelo es Neom), es decir la primera “Ciudad para la Libertad”, sin regulación fiscal ni gubernamental alguna, con el ánimo de transformar Greenland en el primer Estado Digital (dentro de EE UU ) del mundo. Para ello, parte de estos ultra-tecno-millonarios fundaron Praxis, que intentó comprar la isla a los daneses. Ante la negativa, engatusaron a Trump, que pretende hacerse con el territorio por las buenas o por las malas. La excusa perfecta son los rusos y los chinos, extendiendo la idea de que son éstos los que quieren apoderarse de la gigantesca isla helada.. Nada demasiado nuevo, en realidad, porque ya bajo los mandatos de Eisenhower y Truman-, Washington levantó varias bases militares allí, dentro de una iniciativa bautizada como «Camp Century», una ciudad bajo del hielo para albergar una base nuclear. El proyecto se truncó ante las altas probabilidades de colapso provocado por la acumulación de nieve en la superficie.. Praxis, la empresa estadounidense que quiso comprar Groenlandia para transformarla en una “ciudad para la libertad”, sin leyes ni transparencia, sin regulación fiscal ni gubernamental, parte de la idea de que hay que levantar una constelación de enclaves soberanos, donde la innovación tecnológica y financiera sustituyan a la política tradicional. Es el proyecto Neom de Arabia, ciudad en la que todo será controlado y manejado por robots, igual que el proyecto que se trae entre manos Bill Gates con la compra de millones de hectáreas en zonas despobladas en Estados Unidos. Por eso, cuenta Mauricio Hernández, Groenlandia no es sólo un capricho trumpista, sino una pieza imprescindible dentro del mapa geopolítico y el escenario idóneo para un proyecto nacido en Silicon Valley para el control del mundo hiperdigitalizado en el que vivimos.
