Las semanas negras del Gobierno responden a un contexto recurrente. En los últimos meses especialmente, pero con otra intensidad también antes, se han acelerado esas fechas en rojo que han definido una agenda letal en un proceso de agonía y cuenta atrás inapelable. Hemos incidido hasta la saciedad, pero es obligatorio no caer en la resignación ni en la frustración ni en el hastío, en la circunstancia diferencial y definitiva del régimen que soportamos en este tiempo de la historia de España: ningún presidente en cualquier democracia de nuestro entorno seguiría en el cargo con el historial que Pedro Sánchez arrastra y del que la nación y los ciudadanos somos damnificados. No se trata aquí y ahora de relatar por enésima vez el daño tan agudo y crítico que el presidente ha causado en el sistema de libertades y la adulteración y eliminación de los principales contrapesos y equilibrios que reordenan y responden en defensa del interés general y de los principios y derechos fundamentales cuando el poder actúa al margen de las leyes y ajusta las reglas de juego conforme a su arbitrio y necesidad. No. Eso ya lo conocen los españoles y con seguridad no lo olvidarán por más que Moncloa entierre sus huellas autoritarias y liberticidas sobre toneladas de propaganda, sobornos y clientelismo. Hoy, queremos describir una acción política envuelta en corrupción y escándalos despachada con la banalidad de la mentira por el poder. Hacerlo sobre el retrato de esta semana que ahora arranca y en la que el sanchismo declarará ante el juez Pedraz por el «caso de las cloacas» en sus distintas identidades, desde la presidenta del PSOE a la directora general de la Guardia Civil y el DAO del Instituto Armado, pasando por los abogados de Koldo y Ábalos. También, con Diego Villafañe y Beatriz López, ex altos cargos de la Fiscalía General del Estado cuando Álvaro García Ortiz la encabezaba, y que se reunieron con Leire Díez, esa militante anónima que no era nadie según el relato oficial de Ferraz y que hizo fortuna con Patxi López. Pieza a pieza, el instructor de la Audiencia Nacional está formando con paciencia el rompecabezas de una organización criminal pensada, nacida, criada y alimentada en Ferraz por la dirección del PSOE, y que más temprano que tarde acabará con la imputación del propio partido en el gobierno sin que podamos descartar por los indicios acumulados que la X del grupo corra la misma suerte. Demás está apuntar que Pedro Sánchez no sufrirá un arrebato de responsabilidad y dignidad pase lo que pase. Nada le apartará de su objetivo de seguir en el poder hasta el último minuto por el pánico al vacío de la vulnerabilidad y la acción de la justicia que visualiza el día después. Ni siquiera cuando mañana el Congreso le tumbe la senda de déficit y quede al descubierto la mascarada infame de los Presupuestos fake de 2027 como artefacto electoral y señuelo ante la corrupción. Todo irá a peor, pero nada cam
Demás está apuntar que Pedro Sánchez no sufrirá un arrebato de responsabilidad y dignidad pase lo que pase
Las semanas negras del Gobierno responden a un contexto recurrente. En los últimos meses especialmente, pero con otra intensidad también antes, se han acelerado esas fechas en rojo que han definido una agenda letal en un proceso de agonía y cuenta atrás inapelable. Hemos incidido hasta la saciedad, pero es obligatorio no caer en la resignación ni en la frustración ni en el hastío, en la circunstancia diferencial y definitiva del régimen que soportamos en este tiempo de la historia de España: ningún presidente en cualquier democracia de nuestro entorno seguiría en el cargo con el historial que Pedro Sánchez arrastra y del que la nación y los ciudadanos somos damnificados. No se trata aquí y ahora de relatar por enésima vez el daño tan agudo y crítico que el presidente ha causado en el sistema de libertades y la adulteración y eliminación de los principales contrapesos y equilibrios que reordenan y responden en defensa del interés general y de los principios y derechos fundamentales cuando el poder actúa al margen de las leyes y ajusta las reglas de juego conforme a su arbitrio y necesidad. No. Eso ya lo conocen los españoles y con seguridad no lo olvidarán por más que Moncloa entierre sus huellas autoritarias y liberticidas sobre toneladas de propaganda, sobornos y clientelismo. Hoy, queremos describir una acción política envuelta en corrupción y escándalos despachada con la banalidad de la mentira por el poder. Hacerlo sobre el retrato de esta semana que ahora arranca y en la que el sanchismo declarará ante el juez Pedraz por el «caso de las cloacas» en sus distintas identidades, desde la presidenta del PSOE a la directora general de la Guardia Civil y el DAO del Instituto Armado, pasando por los abogados de Koldo y Ábalos. También, con Diego Villafañe y Beatriz López, ex altos cargos de la Fiscalía General del Estado cuando Álvaro García Ortiz la encabezaba, y que se reunieron con Leire Díez, esa militante anónima que no era nadie según el relato oficial de Ferraz y que hizo fortuna con Patxi López. Pieza a pieza, el instructor de la Audiencia Nacional está formando con paciencia el rompecabezas de una organización criminal pensada, nacida, criada y alimentada en Ferraz por la dirección del PSOE, y que más temprano que tarde acabará con la imputación del propio partido en el gobierno sin que podamos descartar por los indicios acumulados que la X del grupo corra la misma suerte. Demás está apuntar que Pedro Sánchez no sufrirá un arrebato de responsabilidad y dignidad pase lo que pase. Nada le apartará de su objetivo de seguir en el poder hasta el último minuto por el pánico al vacío de la vulnerabilidad y la acción de la justicia que visualiza el día después. Ni siquiera cuando mañana el Congreso le tumbe la senda de déficit y quede al descubierto la mascarada infame de los Presupuestos fake de 2027 como artefacto electoral y señuelo ante la corrupción. Todo irá a peor, pero nada cam
