Desde el ordenador, sentado en casa, puedo fisgonear y empezar a leer las cartas en las que Franco trataba de hacerle la pelota al presidente Kennedy para demostrarle que él, como vigía de Occidente, era el aliado que necesitaba la Casa Blanca.. A golpe de clic puedo leer la interesantísima correspondencia que el embajador de Estados Unidos, en 1936, mantuvo con Fraklin D. Roosevelt informándole de la insurrección de un grupo de militares contra la República. En la pantalla del portátil me aparecen los informes que Reagan recibió sobre el 23 F. No, no es que tenga un acceso privilegiado a los archivos de tan altos mandatarios. Es que son de libre acceso.. Desde el ordenador, sentado en casa, puedo consultar los inventarios de los papeles presidenciales de François Mitterrand y descubrir que incluso hay una carpeta, la relacionada con el terrorismo en España, dedicada a los GAL y que curiosamente aún no se ha publicado.. Bueno, al menos sabemos que existe y que los Archives Nationales y que el Institut François Mitterrand los han inventariado, además de permitir su consulta a historiadores e investigadores.. Pese a tratarse de un personaje demasiado oscuro, antes de su fallecimiento, Giulio Andreotti donó su archivo político al Istituto Luigi Sturzo de Roma, una institución que se ha preocupado de digitalizar un fondo que, en ocasiones, no beneficia la memoria y la obra del político italiano.. Les cito unos pocos ejemplos de papeles de jefes de Estado, de dirigentes con una destacadísima importancia en la historia del siglo XX, nombres con responsabilidades de primer orden en el funcionamiento de sus respectivos países. Todos tienen un denominador común: no se los llevaron a casa.. En España está el hecho diferencial. Lo que reunió Franco lo tiene una fundación privada. Todos, absolutamente todos los presidentes del Gobierno de la democracia, se han llevado su archivo a casa que es donde se debe estar mejor, en ese calor de hogar del secreto de Estado, de no querer las cosas como realmente fueron.. En Cataluña, con la noble excepción de Josep Tarradellas y el legado que depositó en el monasterio de Poblet, todos los presidentes de la Generalitat han entregado sus carpetas al Arxiu Nacional de Catalunya, pero como quien lo envía a un trastero porque ocupan mucho en casa: no se pueden consultar si no es con la autorización de quien fuera ocupante del Palau.. Y, pienso en voz alta, ¿no va siendo hora de regular esto?
Los presidentes de la Generalitat han entregado sus carpetas al Arxiu Nacional de Catalunya, pero como quien lo envía a un trastero porque ocupan mucho en casa
Desde el ordenador, sentado en casa, puedo fisgonear y empezar a leer las cartas en las que Franco trataba de hacerle la pelota al presidente Kennedy para demostrarle que él, como vigía de Occidente, era el aliado que necesitaba la Casa Blanca.. A golpe de clic puedo leer la interesantísima correspondencia que el embajador de Estados Unidos, en 1936, mantuvo con Fraklin D. Roosevelt informándole de la insurrección de un grupo de militares contra la República. En la pantalla del portátil me aparecen los informes que Reagan recibió sobre el 23 F. No, no es que tenga un acceso privilegiado a los archivos de tan altos mandatarios. Es que son de libre acceso.. Desde el ordenador, sentado en casa, puedo consultar los inventarios de los papeles presidenciales de François Mitterrand y descubrir que incluso hay una carpeta, la relacionada con el terrorismo en España, dedicada a los GAL y que curiosamente aún no se ha publicado.. Bueno, al menos sabemos que existe y que los Archives Nationales y que el Institut François Mitterrand los han inventariado, además de permitir su consulta a historiadores e investigadores.. Pese a tratarse de un personaje demasiado oscuro, antes de su fallecimiento, Giulio Andreotti donó su archivo político al Istituto Luigi Sturzo de Roma, una institución que se ha preocupado de digitalizar un fondo que, en ocasiones, no beneficia la memoria y la obra del político italiano.. Les cito unos pocos ejemplos de papeles de jefes de Estado, de dirigentes con una destacadísima importancia en la historia del siglo XX, nombres con responsabilidades de primer orden en el funcionamiento de sus respectivos países. Todos tienen un denominador común: no se los llevaron a casa.. En España está el hecho diferencial. Lo que reunió Franco lo tiene una fundación privada. Todos, absolutamente todos los presidentes del Gobierno de la democracia, se han llevado su archivo a casa que es donde se debe estar mejor, en ese calor de hogar del secreto de Estado, de no querer las cosas como realmente fueron.. En Cataluña, con la noble excepción de Josep Tarradellas y el legado que depositó en el monasterio de Poblet, todos los presidentes de la Generalitat han entregado sus carpetas al Arxiu Nacional de Catalunya, pero como quien lo envía a un trastero porque ocupan mucho en casa: no se pueden consultar si no es con la autorización de quien fuera ocupante del Palau.. Y, pienso en voz alta, ¿no va siendo hora de regular esto?
