La veterana Bienal de Flamenco de Sevilla, que está celebrando su 24ª edición desde el pasado 3 de septiembre, siempre ha tenido el cante como emblema, y prueba de ello es que comenzó con una gala en conmemoración de los 100 años del nacimiento de la Ópera Flamenca y que se clausurará, el próximo 3 de octubre, con un homenaje a la cantaora Carmen Linares, que celebra los 30 años de la publicación de su magna Antología de la mujer en el cante. Entre la amplia oferta que el evento ofrece, dos artistas que fueron precoces y lucen una gozosa madurez, Tremendita y Arcángel, presentan sus personales aproximaciones a la disciplina, distantes en lo formal, pero unidas por la búsqueda de nuevas formas de presentación de este arte. Amantes ambos del viaje (de los procesos creativos) más que del destino.. Seguir leyendo
Los dos artistas presentan en la Bienal de la ciudad andaluza sus personales propuestas de cante
La veterana Bienal de Flamenco de Sevilla, que está celebrando su 24ª edición desde el pasado 3 de septiembre, siempre ha tenido el cante como emblema, y prueba de ello es que comenzó con una gala en conmemoración de los 100 años del nacimiento de la Ópera Flamenca y que se clausurará, el próximo 3 de octubre, con un homenaje a la cantaora Carmen Linares, que celebra los 30 años de la publicación de su magna Antología de la mujer en el cante. Entre la amplia oferta que el evento ofrece, dos artistas que fueron precoces y lucen una gozosa madurez, Tremendita y Arcángel, presentan sus personales aproximaciones a la disciplina, distantes en lo formal, pero unidas por la búsqueda de nuevas formas de presentación de este arte. Amantes ambos del viaje (de los procesos creativos) más que del destino.. Rosario Guerrero Tremendita (42 años) es sevillana del barrio de Triana, donde nació en una familia de tradición cantaora y conoció los códigos de la disciplina desde muy pronto. Con ellos a cuestas, emprendió un camino de insurrección dentro del difícil equilibrio entre el respeto a la herencia y a la libertad de creación, en el que sus grabaciones serían fotos fijas de un determinado momento creativo, mientras que sus directos, la película en movimiento de una evolución, porque según ella “el flamenco, sin evolución, sería un arte muerto”.. La cantaora Rosario La Tremendita actúa durante la presentación de la 25 edición de Flamenco Festival Nueva York. José Manuel Vidal (EFE). Desde sus primeras e iniciáticas grabaciones —A tempo (2010) y Fatum (2013)—, ya mostró su personalidad y una intención que trascendía la mera interpretación de estilos. Con la tercera, Delirium Tremens (2018), dio un salto cualitativo: una obra densa en textos y con un acompañamiento que no incluyó guitarra, sino trío de piano y una formación de metales. Fue por ese tiempo cuando Tremendita, una de las primeras cantaoras en llevar a la escena una mesa de secuenciadores, incorporó también el bajo eléctrico —tocado por ella— y, con media cabeza rapada y chupa de cuero, presentó una rompedora imagen, reflejo de las músicas (rock, funk…) que permeaban sus interpretaciones, siempre de estilos flamencos, quede claro, aunque traídos formalmente al presente y mirando siempre, marca de la casa, al futuro.. Cantaora contemporánea que hace de la tradición vanguardia, plasmó su apuesta más electrónica en Tremenda (2021), mejor disco flamenco de ese año para Babelia, una grabación que encontraría su réplica acústica en Principio y Origen (2022), rodeada de una docena de guitarristas flamencos. Cuatro años después, ella, que dice huir de la dictadura de la inmediatez y reclama tiempo para la creación, regresa al disco y también a la escena de esta Bienal, donde actuó anoche, con una nueva propuesta que nombra con el precepto del minimalismo, Menos es más. ¿Se puede ser minimalista en flamenco? La artista, que nunca separa la obra creativa de su momento vital, lo explica: “En los últimos años he tenido que huir un tanto del ruido de la industria para volver a la verdad, que es la composición, y para eso ha habido que quitar muchas capas. Lo mismo pasa con la investigación y con tanta información, que hace necesario quitar lo que sobra para que quede lo importante”.. Como en anteriores trabajos, Tremendita afronta un nuevo y distinto paradigma musical rodeada de una banda muy escogida, con algunos viejos conocidos, como el guitarrista Dani de Morón o el bajista Juanfe Pérez, y otros más recientes: el batería sevillano Juan Reina y el teclista madrileño David Sancho. La artista destaca que todos ellos gozan de universos propios, lo que no ha impedido que el trabajo haya sido muy cooperativo —comparte la dirección musical con Dani de Morón y los demás aportan arreglos en determinados temas—, que valora especial y modestamente: “Lo que llevo podría funcionar perfectamente sin mí”, declara.. Las letras de sus composiciones vuelven a ser propias —“Nadie como yo para expresar lo que quiero contar”—, así como el tratamiento musical de algunos de los estilos incluidos en la obra, que cuenta con creaciones personales como la Bambera de Triana o la Petenera, estilos que ella dice que han mutado, o una original tremolera, que ha compuesto inspirándose en una creación de Juanito Valderrama.. Arcángel, en una imagen cedida por el artista para la Bienal de Sevilla.. Francisco José Arcángel Ramos (49 años), Arcángel para el arte, es onubense de Alosno y también fue precoz. Su fama cantaora debió correr entre los artistas como la pólvora, porque en la X edición de esta Bienal (1998) fue solicitado para poner su voz hasta en media docena de espectáculos. Se hizo imprescindible en compañías de baile (Eva Yerbabuena, Javier Barón…) y muy pronto comenzó a entregar discos como su primero, Arcángel (2001), al que seguirían tres más en apenas un decenio. Con ellos, más su gran afición —lo que se entiende por conocimiento de la tradición y de los estilos—, el artista siempre ha perseguido algo más, lo que él ha denominado en alguna ocasión “nuevos caminos de desarrollo para el arte flamenco”.. Ahora, con un punto de modestia, matiza que no es nadie para crear nuevos caminos y que lo que intenta es satisfacer el suyo propio: “Definitivamente estoy instalado en lo que me divierte, en el disfrute de los procesos creativos. Tengo una necesidad de acometer nuevos proyectos y no incidir en lo mismo”, dentro siempre de la defensa del clasicismo llevado al presente y al directo. Así pudo suceder con su trabajo Tablao (2015), un homenaje a esa institución flamenca, registrado en tres de esos espacios y paseado por otros tantos, o con Al este del cante (2018), grabado también en directo junto al coro de las Nuevas Voces Búlgaras, un trabajo que recibiría el Grammy Latino al mejor álbum flamenco de ese año.. Dentro de esa misma actitud inquieta —y también desprejuiciada—, no se pueden olvidar sus colaboraciones con la Accademia del Piacere, del violagambista Fahmi Alqai, en aquel memorable Las idas y las vueltas, Giraldillo a la mejor música de la Bienal de 2012, así como con el prestigioso compositor Mauricio Sotelo, en su obra De oscura llama.. Ahora llega a esta Bienal con La copla del cante (Teatro Lope de Vega, 17 de septiembre, 20.00), una propuesta que mira hacia el pasado para traer al presente las viejas relaciones entre uno y otro género. Una obra en la que se intuye una amalgama, que se presenta hilvanada sobre el sólido tapiz tejido por la guitarra de Francis Gómez. Esconde también una completa antología, una inmersión en un cancionero no del todo conocido y que se presentará completamente ligada, sin solución de continuidad, a lo largo de 90 minutos. El cantaor confiesa que ello le facilita mucho la concentración —“Los cortes me descentran”—, pero no oculta el esfuerzo que conlleva encontrar lo que él denomina “transiciones amables” entre los temas.. Detrás del proyecto hay una reivindicación de aquellos artistas que, por haber practicado la copla o la canción, fueron en cierta manera estigmatizados por el oficialismo imperante en un tiempo. De todas formas, aclara que la copla de estos cantaores y cantaoras “no es la de Marifé”. “Es la de un artista imprimiendo a una canción o a un cuplé su flamencura”, y cita a Bernarda y a Fernanda, a Gaspar de Utrera, a Caracol, a La Paquera o a Adela La Chaqueta, entre tantos otros. Encuentra Arcángel, en todos esos artistas, “la capacidad del flamenco de hacer suyas cosas que no le son propias y a las que termina tintando con su propio sello”.
