Más de 35.000 médicos realizaron ayer el examen del MIR bajo una atmósfera de tensión, indignación y desconcierto, fruto de una gestión caótica y poco transparente por parte del Ministerio de Sanidad que dirige –o mal dirige– la ministra Mónica García, que ha conseguido el dudoso honor de poner a toda la profesión sanitaria en su contra por su nefasta gestión. Un examen que se ha convertido en el más polémico de la historia, hasta ahora casi inmaculada y ejemplar, por culpa de una ministra que ni siquiera ha sido capaz de asumir y reconocer los errores detectados, y que ha llevado a la Asociación MIR a pedir una auditoría externa para esclarecer los motivos de los retrasos y las irregularidades vividos en el proceso, además de acusar a Mónica García vivir «en un mundo paralelo» en el que todo está bien y lo que hace nunca tiene fallas. Pues sí las tiene, y son muchas y vergonzantes.
Un examen que se ha convertido en el más polémico de la historia, hasta ahora casi inmaculada y ejemplar, por culpa de una ministra que ni siquiera ha sido capaz de asumir y reconocer los errores
Más de 35.000 médicos realizaron ayer el examen del MIR bajo una atmósfera de tensión, indignación y desconcierto, fruto de una gestión caótica y poco transparente por parte del Ministerio de Sanidad que dirige –o mal dirige– la ministra Mónica García, que ha conseguido el dudoso honor de poner a toda la profesión sanitaria en su contra por su nefasta gestión. Un examen que se ha convertido en el más polémico de la historia, hasta ahora casi inmaculada y ejemplar, por culpa de una ministra que ni siquiera ha sido capaz de asumir y reconocer los errores detectados, y que ha llevado a la Asociación MIR a pedir una auditoría externa para esclarecer los motivos de los retrasos y las irregularidades vividos en el proceso, además de acusar a Mónica García vivir «en un mundo paralelo» en el que todo está bien y lo que hace nunca tiene fallas. Pues sí las tiene, y son muchas y vergonzantes.
