El gigante alemán prevé eliminar 100.000 puestos en todo el mundo, cerrar cuatro fábricas y recortar en 500.000 vehículos su capacidad europea para afrontar unos costes un 30% superiores a los de sus rivales.
La mayoría de los 100.000 empleos que Volkswagen suprimirá en los próximos cinco años estarán en Alemania. El fabricante alemán prevé eliminar unos 50.000 puestos de trabajo en su país de origen hasta 2030, dentro de un ajuste de dimensiones históricas con el que pretende recuperar rentabilidad y corregir una estructura de costes que, según su consejero delegado, Oliver Blume, supera en un 30% la de algunos de sus principales competidores.. El anuncio, realizado este martes ante miles de trabajadores en la planta de Wolfsburgo, sede central del grupo, abre una nueva fase en la reestructuración de Volkswagen y eleva la tensión con los sindicatos y con las instituciones alemanas.. Más de 10.000 empleados protestaron durante el encuentro y abuchearon a Blume, mientras Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa, cuestionaba la ausencia de un plan concreto detrás de la cifra de despidos anunciada por la dirección.. Volkswagen afronta una combinación de problemas que se ha vuelto demasiado costosa para mantener intacta su actual estructura industrial. La caída de las ventas en China, el aumento de la competencia, la infrautilización de las fábricas europeas y el elevado peso de los costes en Alemania han reducido los márgenes del grupo y deteriorado su posición frente a otros fabricantes. La compañía calcula que necesita eliminar al menos 10.000 millones de euros de gastos generales para recuperar competitividad.. «Necesitamos reducir la complejidad, simplificar nuestras estructuras de forma coherente y reducir los costes», afirmó Blume ante los trabajadores. El ejecutivo defendió que el ajuste ya no puede limitarse a medidas parciales y presentó el proceso como el mayor programa de transformación en la historia de Volkswagen. «Ahora todo el mundo tiene que participar», sostuvo.. El alcance del plan va mucho más allá del empleo. La dirección estudia retirar otros 500.000 vehículos de la capacidad anual de producción en Europa, una decisión que evidencia el problema de exceso de capacidad que arrastra el grupo. También contempla adelgazar las estructuras directivas y reducir de forma drástica el número de modelos y variantes de equipamiento. El objetivo es que una organización industrial diseñada para un mercado de mayor volumen pueda adaptarse a una demanda más débil y a una competencia mucho más intensa.. Alemania concentrará buena parte de ese ajuste. Blume explicó que aproximadamente la mitad de las reducciones necesarias corresponderán al país y la otra mitad al negocio internacional, repartido entre unas 170 empresas del grupo. La dirección considera que mantener el actual modelo productivo alemán generaría una desventaja de unos 1.500 millones de euros anuales.. El problema es especialmente delicado porque Volkswagen ya había anunciado en diciembre de 2024 un plan para reducir 50.000 empleos en Alemania. En los últimos meses, la dirección ha planteado profundizar en el recorte y ha situado en el horizonte el cierre de cuatro fábricas. La nueva cifra convierte el ajuste alemán en uno de los mayores procesos de reducción de empleo industrial emprendidos en el país en las últimas décadas.. La reacción de los trabajadores fue inmediata. Cavallo acusó a la dirección de manejar una cifra de 50.000 empleos que, a su juicio, se habría calculado de forma teórica para mejorar la imagen de Volkswagen ante los mercados. La líder sindical reclamó un proyecto industrial definido y reprochó a Blume que no explicara con suficiente precisión qué futuro tendrán las distintas fábricas y qué actividades permanecerán en Alemania.. La batalla no se limita al ámbito laboral. El Gobierno regional de Baja Sajonia, accionista de referencia de Volkswagen, también ha expresado su rechazo a los planes de ahorro y al cierre de fábricas. El presidente del Estado federado, el socialdemócrata Olaf Lies, se ha sumado así a las voces que reclaman preservar el tejido industrial alemán.. Mientras tanto, la presión sobre la dirección procede también de los accionistas. Porsche SE, el holding que concentra los intereses de las familias Porsche y Piëch en Volkswagen, ha instado al grupo a acelerar la respuesta y ha advertido de que la compañía se encuentra en una «encrucijada histórica». El mensaje refuerza la exigencia de que Blume convierta cuanto antes los objetivos de ahorro en resultados visibles.. China representa uno de los principales puntos de tensión. Durante años, Volkswagen disfrutó allí de una posición dominante, pero el mercado ha cambiado con rapidez y los fabricantes locales han ganado terreno, especialmente en el vehículo eléctrico. La pérdida de ventas en ese país ha privado al grupo de una fuente esencial de volumen y rentabilidad justo cuando sus costes europeos se han vuelto más difíciles de absorber.. A esta presión se suman los aranceles, la aparición de nuevos competidores y los riesgos geopolíticos. «Toda la industria automotriz está bajo una enorme presión», señaló Blume, en una descripción que resume el escenario al que se enfrenta no solo Volkswagen, sino buena parte de la industria europea.. La cuestión que se abre ahora es hasta dónde llegará la reducción del tamaño de Volkswagen en Europa y qué parte de su tradicional fortaleza industrial alemana sobrevivirá al proceso. El grupo no se limita a recortar plantilla: está revisando su capacidad de producción, su estructura directiva y su catálogo de vehículos. En juego está el modelo industrial con el que Volkswagen ha operado durante décadas.. Blume afrontará en las próximas semanas una negociación compleja con trabajadores, sindicatos y autoridades regionales. La dirección debe demostrar que los 100.000 puestos que prevé eliminar y los miles de millones de euros de costes que pretende ahorrar forman parte de una estrategia industrial capaz de devolver al grupo la rentabilidad perdida. Para Alemania, el desafío es aún mayor ya que buena parte de la reconversión de Volkswagen se decidirá precisamente allí donde nació y donde todavía concentra buena parte de su poder industrial.
La mayoría de los 100.000 empleos que Volkswagen suprimirá en los próximos cinco años estarán en Alemania. El fabricante alemán prevé eliminar unos 50.000 puestos de trabajo en su país de origen hasta 2030, dentro de un ajuste de dimensiones históricas con el que pretende recuperar rentabilidad y corregir una estructura de costes que, según su consejero delegado, Oliver Blume, supera en un 30% la de algunos de sus principales competidores.. El anuncio, realizado este martes ante miles de trabajadores en la planta de Wolfsburgo, sede central del grupo, abre una nueva fase en la reestructuración de Volkswagen y eleva la tensión con los sindicatos y con las instituciones alemanas.. Más de 10.000 empleados protestaron durante el encuentro y abuchearon a Blume, mientras Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa, cuestionaba la ausencia de un plan concreto detrás de la cifra de despidos anunciada por la dirección.. Volkswagen afronta una combinación de problemas que se ha vuelto demasiado costosa para mantener intacta su actual estructura industrial. La caída de las ventas en China, el aumento de la competencia, la infrautilización de las fábricas europeas y el elevado peso de los costes en Alemania han reducido los márgenes del grupo y deteriorado su posición frente a otros fabricantes. La compañía calcula que necesita eliminar al menos 10.000 millones de euros de gastos generales para recuperar competitividad.. «Necesitamos reducir la complejidad, simplificar nuestras estructuras de forma coherente y reducir los costes», afirmó Blume ante los trabajadores. El ejecutivo defendió que el ajuste ya no puede limitarse a medidas parciales y presentó el proceso como el mayor programa de transformación en la historia de Volkswagen. «Ahora todo el mundo tiene que participar», sostuvo.. El alcance del plan va mucho más allá del empleo. La dirección estudia retirar otros 500.000 vehículos de la capacidad anual de producción en Europa, una decisión que evidencia el problema de exceso de capacidad que arrastra el grupo. También contempla adelgazar las estructuras directivas y reducir de forma drástica el número de modelos y variantes de equipamiento. El objetivo es que una organización industrial diseñada para un mercado de mayor volumen pueda adaptarse a una demanda más débil y a una competencia mucho más intensa.. Alemania concentrará buena parte de ese ajuste. Blume explicó que aproximadamente la mitad de las reducciones necesarias corresponderán al país y la otra mitad al negocio internacional, repartido entre unas 170 empresas del grupo. La dirección considera que mantener el actual modelo productivo alemán generaría una desventaja de unos 1.500 millones de euros anuales.. El problema es especialmente delicado porque Volkswagen ya había anunciado en diciembre de 2024 un plan para reducir 50.000 empleos en Alemania. En los últimos meses, la dirección ha planteado profundizar en el recorte y ha situado en el horizonte el cierre de cuatro fábricas. La nueva cifra convierte el ajuste alemán en uno de los mayores procesos de reducción de empleo industrial emprendidos en el país en las últimas décadas.. La reacción de los trabajadores fue inmediata. Cavallo acusó a la dirección de manejar una cifra de 50.000 empleos que, a su juicio, se habría calculado de forma teórica para mejorar la imagen de Volkswagen ante los mercados. La líder sindical reclamó un proyecto industrial definido y reprochó a Blume que no explicara con suficiente precisión qué futuro tendrán las distintas fábricas y qué actividades permanecerán en Alemania.. La batalla no se limita al ámbito laboral. El Gobierno regional de Baja Sajonia, accionista de referencia de Volkswagen, también ha expresado su rechazo a los planes de ahorro y al cierre de fábricas. El presidente del Estado federado, el socialdemócrata Olaf Lies, se ha sumado así a las voces que reclaman preservar el tejido industrial alemán.. Mientras tanto, la presión sobre la dirección procede también de los accionistas. Porsche SE, el holding que concentra los intereses de las familias Porsche y Piëch en Volkswagen, ha instado al grupo a acelerar la respuesta y ha advertido de que la compañía se encuentra en una «encrucijada histórica». El mensaje refuerza la exigencia de que Blume convierta cuanto antes los objetivos de ahorro en resultados visibles.. China representa uno de los principales puntos de tensión. Durante años, Volkswagen disfrutó allí de una posición dominante, pero el mercado ha cambiado con rapidez y los fabricantes locales han ganado terreno, especialmente en el vehículo eléctrico. La pérdida de ventas en ese país ha privado al grupo de una fuente esencial de volumen y rentabilidad justo cuando sus costes europeos se han vuelto más difíciles de absorber.. A esta presión se suman los aranceles, la aparición de nuevos competidores y los riesgos geopolíticos. «Toda la industria automotriz está bajo una enorme presión», señaló Blume, en una descripción que resume el escenario al que se enfrenta no solo Volkswagen, sino buena parte de la industria europea.. La cuestión que se abre ahora es hasta dónde llegará la reducción del tamaño de Volkswagen en Europa y qué parte de su tradicional fortaleza industrial alemana sobrevivirá al proceso. El grupo no se limita a recortar plantilla: está revisando su capacidad de producción, su estructura directiva y su catálogo de vehículos. En juego está el modelo industrial con el que Volkswagen ha operado durante décadas.. Blume afrontará en las próximas semanas una negociación compleja con trabajadores, sindicatos y autoridades regionales. La dirección debe demostrar que los 100.000 puestos que prevé eliminar y los miles de millones de euros de costes que pretende ahorrar forman parte de una estrategia industrial capaz de devolver al grupo la rentabilidad perdida. Para Alemania, el desafío es aún mayor ya que buena parte de la reconversión de Volkswagen se decidirá precisamente allí donde nació y donde todavía concentra buena parte de su poder industrial.
