No sé si el Papa León XIV puede hacer milagros como el de los panes y los peces, no creo, pero si he visto en este hombre una enorme capacidad para multiplicar las palabras, los gestos y las sonrisas bondadosas. Una capacidad asombrosa de mostrar lo mejor del ser humano a los seres humanos que lo han observado. Su propio rostro es el reflejo de su interior. El papa tiene una belleza apacible, es guapo también por fuera. Tiene además una forma de escuchar extraordinaria. Aun cuando no le hablan en su lengua, él atiende tanto que comprende y reacciona a todo lo que le dicen. Él está en el presente y acepta. Con paciencia infinita ha escuchado cantidad de músicas y cantores, testimonios y demandas, discursos y ceremoniales. Con una salud envidiable ha soportado la inquietud de ser el centro de todas las miradas, críticas o fanáticas, ha sostenido sin una queja muchos días de trabajo exhaustivo y complejo, ha podido usar a la vez todos sus sentidos para reconocer a quienes más necesitaban de su apoyo. De ese modo, ha estado en los foros de poder, sí, porque tenía que decir sin miedo para qué existen y de qué manera están fallando en su labor. Allí creo que le aplaudieron tanto imbuidos por su bondad, que yo sentí contagiosa y que, sin embargo, momentos después nuestros políticos habían olvidado. Algo tiene que quedar, deseo. Yo intentaré recordar sus encuentros con los parias de la tierra, con los enfermos, con los presos, con los migrantes… Porque, aunque somos un pueblo solidario con el sufrimiento que provocan ciertas tragedias naturales, se ha perdido mucha solidaridad con los que penan por haber cometido errores. La solidaridad se ha vuelto un postureo de foto y video en redes. “Estoy con tal”, “estoy con cual”, es fácil grabarlo. Lo complicado es ir allí y dar tu trabajo generoso a los que parecen molestar. No comparto ciertos preceptos y acciones de la iglesia, lo saben. Estoy encantada de haber visto a un hombre bueno y bello.
No sé si el Papa León XIV puede hacer milagros como el de los panes y los peces, no creo, pero si he visto en este hombre una enorme capacidad para multiplicar las palabras, los gestos y las sonrisas bondadosas. Una capacidad asombrosa de mostrar lo mejor del ser humano a los seres humanos que lo han observado. Su propio rostro es el reflejo de su interior. El papa tiene una belleza apacible, es guapo también por fuera. Tiene además una forma de escuchar extraordinaria. Aun cuando no le hablan en su lengua, él atiende tanto que comprende y reacciona a todo lo que le dicen. Él está en el presente y acepta. Con paciencia infinita ha escuchado cantidad de músicas y cantores, testimonios y demandas, discursos y ceremoniales. Con una salud envidiable ha soportado la inquietud de ser el centro de todas las miradas, críticas o fanáticas, ha sostenido sin una queja muchos días de trabajo exhaustivo y complejo, ha podido usar a la vez todos sus sentidos para reconocer a quienes más necesitaban de su apoyo. De ese modo, ha estado en los foros de poder, sí, porque tenía que decir sin miedo para qué existen y de qué manera están fallando en su labor. Allí creo que le aplaudieron tanto imbuidos por su bondad, que yo sentí contagiosa y que, sin embargo, momentos después nuestros políticos habían olvidado. Algo tiene que quedar, deseo. Yo intentaré recordar sus encuentros con los parias de la tierra, con los enfermos, con los presos, con los migrantes… Porque, aunque somos un pueblo solidario con el sufrimiento que provocan ciertas tragedias naturales, se ha perdido mucha solidaridad con los que penan por haber cometido errores. La solidaridad se ha vuelto un postureo de foto y video en redes. “Estoy con tal”, “estoy con cual”, es fácil grabarlo. Lo complicado es ir allí y dar tu trabajo generoso a los que parecen molestar. No comparto ciertos preceptos y acciones de la iglesia, lo saben. Estoy encantada de haber visto a un hombre bueno y bello.
Estoy encantada de haber visto en León XIV a un hombre bueno y bello
No sé si el Papa León XIV puede hacer milagros como el de los panes y los peces, no creo, pero si he visto en este hombre una enorme capacidad para multiplicar las palabras, los gestos y las sonrisas bondadosas. Una capacidad asombrosa de mostrar lo mejor del ser humano a los seres humanos que lo han observado. Su propio rostro es el reflejo de su interior. El papa tiene una belleza apacible, es guapo también por fuera. Tiene además una forma de escuchar extraordinaria. Aun cuando no le hablan en su lengua, él atiende tanto que comprende y reacciona a todo lo que le dicen. Él está en el presente y acepta. Con paciencia infinita ha escuchado cantidad de músicas y cantores, testimonios y demandas, discursos y ceremoniales. Con una salud envidiable ha soportado la inquietud de ser el centro de todas las miradas, críticas o fanáticas, ha sostenido sin una queja muchos días de trabajo exhaustivo y complejo, ha podido usar a la vez todos sus sentidos para reconocer a quienes más necesitaban de su apoyo. De ese modo, ha estado en los foros de poder, sí, porque tenía que decir sin miedo para qué existen y de qué manera están fallando en su labor. Allí creo que le aplaudieron tanto imbuidos por su bondad, que yo sentí contagiosa y que, sin embargo, momentos después nuestros políticos habían olvidado. Algo tiene que quedar, deseo. Yo intentaré recordar sus encuentros con los parias de la tierra, con los enfermos, con los presos, con los migrantes… Porque, aunque somos un pueblo solidario con el sufrimiento que provocan ciertas tragedias naturales, se ha perdido mucha solidaridad con los que penan por haber cometido errores. La solidaridad se ha vuelto un postureo de foto y video en redes. “Estoy con tal”, “estoy con cual”, es fácil grabarlo. Lo complicado es ir allí y dar tu trabajo generoso a los que parecen molestar. No comparto ciertos preceptos y acciones de la iglesia, lo saben. Estoy encantada de haber visto a un hombre bueno y bello.
