Helldon Laxness (1902-1998), finlandés, premio Nobel de Literatura (1955), explicaba que «los himnos nunca parecen tan largos como en la niñez». Es probable que nunca viera un Mundial o que no le prestara atención. Habría llegado a la misma conclusión al escuchar los himnos de los países participantes. «The Athletic» es el suplemento deportivo en la web de «The New York Times». Estos días realiza una cobertura exhaustiva del Mundial, deportiva y paradeportiva, esta última trufada de humor. Los redactores del diario se han fijado en los distintos himnos nacionales y ya han celebrado lo que llaman el Mundial de los Himnos, que tiene ganador y clasificación. «Algunos himnos –escriben en «The Athletic»– son canciones mediocres que se vuelven grandiosas gracias al entusiasmo con el que los aficionados las cantan; algunos son verdaderas obras maestras musicales, y otros no son ni lo uno ni lo otro y ofrecen un buen momento para una visita a la nevera o al baño antes del partido». «The Athletic» se ha fijado en la música y en la letra, y el campeón del Mundial de los Himnos es Brasil, sin discusión. Dura casi dos minutos y se hace corto. La mayor parte del himno se canta muy rápido; habla de no temer a la batalla, de un coloso intrépido y de una patria amada, pero sin duda lo más destacado es una gloriosa introducción orquestal de 28 segundos. El diario neoyorquino también elige una frase de cada himno. En el carioca: «Brasil, un sueño intenso, un vívido rayo de amor y esperanza que desciende a la tierra».. Tras Brasil figura Francia y su Marsellesa. Por la cola, el de Inglaterra resulta ser el peor. «Es espantoso. La música –dice «The Athletic»– es monótona e implacable, y la letra trata sobre un anciano». Como frase eligen: «Dios salve a nuestro bondadoso rey, larga vida a nuestro noble rey». ¿Y España? Melodía agradable, pero no inspiradora, ha quedado penúltimo, empatado con el de Jordania y, como no tiene letra –el único junto con el de Bosnia-Herzegovina–, la frase clave que escoge «The Athletic» es «Doooo do do dooooo do». Otra forma de ver el Mundial, ahora que España, en lo futbolístico, regresa entre las favoritas, con la esperanza de que su juego no resulte tan pesado como los himnos para un niño, según Laxness.
Helldon Laxness (1902-1998), finlandés, premio Nobel de Literatura (1955), explicaba que «los himnos nunca parecen tan largos como en la niñez». Es probable que nunca viera un Mundial o que no le prestara atención. Habría llegado a la misma conclusión al escuchar los himnos de los países participantes. «The Athletic» es el suplemento deportivo en la web de «The New York Times». Estos días realiza una cobertura exhaustiva del Mundial, deportiva y paradeportiva, esta última trufada de humor. Los redactores del diario se han fijado en los distintos himnos nacionales y ya han celebrado lo que llaman el Mundial de los Himnos, que tiene ganador y clasificación. «Algunos himnos –escriben en «The Athletic»– son canciones mediocres que se vuelven grandiosas gracias al entusiasmo con el que los aficionados las cantan; algunos son verdaderas obras maestras musicales, y otros no son ni lo uno ni lo otro y ofrecen un buen momento para una visita a la nevera o al baño antes del partido». «The Athletic» se ha fijado en la música y en la letra, y el campeón del Mundial de los Himnos es Brasil, sin discusión. Dura casi dos minutos y se hace corto. La mayor parte del himno se canta muy rápido; habla de no temer a la batalla, de un coloso intrépido y de una patria amada, pero sin duda lo más destacado es una gloriosa introducción orquestal de 28 segundos. El diario neoyorquino también elige una frase de cada himno. En el carioca: «Brasil, un sueño intenso, un vívido rayo de amor y esperanza que desciende a la tierra».. Tras Brasil figura Francia y su Marsellesa. Por la cola, el de Inglaterra resulta ser el peor. «Es espantoso. La música –dice «The Athletic»– es monótona e implacable, y la letra trata sobre un anciano». Como frase eligen: «Dios salve a nuestro bondadoso rey, larga vida a nuestro noble rey». ¿Y España? Melodía agradable, pero no inspiradora, ha quedado penúltimo, empatado con el de Jordania y, como no tiene letra –el único junto con el de Bosnia-Herzegovina–, la frase clave que escoge «The Athletic» es «Doooo do do dooooo do». Otra forma de ver el Mundial, ahora que España, en lo futbolístico, regresa entre las favoritas, con la esperanza de que su juego no resulte tan pesado como los himnos para un niño, según Laxness.
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