El relevo al frente de la Reserva Federal norteamericana suscitó los habituales entretenimientos ornitológicos. Así, Xavier Vidal-Folch aseguró en El País que el sospechoso Kevin Warsh es o era un «halcón».
Pajaritos por aquí, banqueros centrales por allí. Es una nueva muestra de la mixtificación que subrayamos hace poco en este mismo rincón –véase: «Intimidante banca central», aquí: https://l1nq.com/nbz0r6b.
El halcón se define porque practica una política de restricción monetaria para «enfriar la economía y así reducir la inflación». Ni una palabra sobre quién fue el que calentó la una y aumentó la otra.
Sigue el pensamiento único. El halcón sube tipos, reduce el balance del banco central, y rebaja la inflación «sin reparar en que provoque deflación, y con ella, estancamiento económico y desempleo a granel». Ni una palabra sobre por qué será que la deflación es tan infrecuente en el planeta, ni por qué será que la inflación no consigue de por sí elevar el crecimiento y el empleo de forma perdurable.
Más. El halcón desregula, «aun a costa de abrir paso a crisis financieras como la de las hipotecas subprime». Ni una palabra sobre por qué será que las crisis financieras siguen a políticas monetarias expansivas de esos mismos bancos centrales, aunque, eso sí, dirigidos por benéficas «palomas».
Para mayor desconcierto, resulta que Kevin Warsh es, o era, un halcón flojito de garras, porque «ha renunciado a una de sus creencias, los tipos de interés altos», doblegándose así ante Trump para lograr la presidencia de la Fed. Es un hombre sin principios, aseveró Vidal-Folch, esgrimiendo la frase de Groucho Marx.
Bueno, pero Powell es una paloma de verdad porque bajó los tipos de modo «homeopático», mientras que Warsh lo haría de forma «tajante». ¿De verdad?
Desde luego, lo que está lejos de resultar diáfano es qué cosa entiende el analista de El País por homeopatía. Él mismo aclara que Jerome Powell recibió el balance de la Reserva Federal en 4,5 billones de dólares, y sus políticas expansivas lo dejaron en 6,7 billones. Hay que retorcer mucho el lenguaje para definir eso como algo moderadamente homeopático. Pero no importa, porque la buena paloma de Powell «quiso rebajarlo a 2,5/3 billones». Ni una palabra, lógicamente, sobre por qué no pudo/quiso hacerlo.
En fin, el entretenido, aunque no demasiado riguroso, avistamiento de las aves banqueras centrales continuará.
El halcón desregula, «aun a costa de abrir paso a crisis financieras como la de las hipotecas subprime». Ni una palabra sobre por qué será que las crisis financieras siguen a políticas monetarias expansivas de esos mismos bancos centrales, aunque, eso sí, dirigidos por benéficas «palomas»
El relevo al frente de la Reserva Federal norteamericana suscitó los habituales entretenimientos ornitológicos. Así, Xavier Vidal-Folch aseguró en El País que el sospechoso Kevin Warsh es o era un «halcón».Pajaritos por aquí, banqueros centrales por allí. Es una nueva muestra de la mixtificación que subrayamos hace poco en este mismo rincón –véase: «Intimidante banca central», aquí: https://l1nq.com/nbz0r6b.El halcón se define porque practica una política de restricción monetaria para «enfriar la economía y así reducir la inflación». Ni una palabra sobre quién fue el que calentó la una y aumentó la otra.Sigue el pensamiento único. El halcón sube tipos, reduce el balance del banco central, y rebaja la inflación «sin reparar en que provoque deflación, y con ella, estancamiento económico y desempleo a granel». Ni una palabra sobre por qué será que la deflación es tan infrecuente en el planeta, ni por qué será que la inflación no consigue de por sí elevar el crecimiento y el empleo de forma perdurable.Más. El halcón desregula, «aun a costa de abrir paso a crisis financieras como la de las hipotecas subprime». Ni una palabra sobre por qué será que las crisis financieras siguen a políticas monetarias expansivas de esos mismos bancos centrales, aunque, eso sí, dirigidos por benéficas «palomas».Para mayor desconcierto, resulta que Kevin Warsh es, o era, un halcón flojito de garras, porque «ha renunciado a una de sus creencias, los tipos de interés altos», doblegándose así ante Trump para lograr la presidencia de la Fed. Es un hombre sin principios, aseveró Vidal-Folch, esgrimiendo la frase de Groucho Marx.Bueno, pero Powell es una paloma de verdad porque bajó los tipos de modo «homeopático», mientras que Warsh lo haría de forma «tajante». ¿De verdad?Desde luego, lo que está lejos de resultar diáfano es qué cosa entiende el analista de El País por homeopatía. Él mismo aclara que Jerome Powell recibió el balance de la Reserva Federal en 4,5 billones de dólares, y sus políticas expansivas lo dejaron en 6,7 billones. Hay que retorcer mucho el lenguaje para definir eso como algo moderadamente homeopático. Pero no importa, porque la buena paloma de Powell «quiso rebajarlo a 2,5/3 billones». Ni una palabra, lógicamente, sobre por qué no pudo/quiso hacerlo.En fin, el entretenido, aunque no demasiado riguroso, avistamiento de las aves banqueras centrales continuará.
