El vapeo, presentado durante años como una alternativa “inocua” al tabaco, es en realidad una práctica con perjuicios claros y documentados para la salud. Los cigarrillos electrónicos contienen nicotina, metales pesados y compuestos tóxicos que afectan directamente al sistema respiratorio y cardiovascular, además de otras sustancias aromatizantes que pueden ser potencialmente cancerígenas y actuar como disruptores hormonales. Se nos han vendido, los vapeadores, como un elemento positivo para dejar de fumar o menos dañina para la salud frente al tabaco. Pero en realidad se han revelado como un instrumento que aumenta del riesgo de adicción, especialmente entre jóvenes y adolescentes. Desgraciadamente la inicial falta de regulación ha contribuido a normalizar del vapeo entre adolescentes y jóvenes, a través de agresivas campañas de marketing que lo presentaron como moderno y seguro. Incluso vimos como en un momento se llegó a convertir en regalo estrella de celebraciones infantiles con modelos customizados con los dibujos animados de moda. Esto se ha traducido en que, en los países con datos disponibles, los adolescentes tienen hasta nueve veces más probabilidades de vapear que los adultos. Ahora la falacia de la alternativa segura, sostenida sobre discursos engañosos diseñados para captar consumidores jóvenes, se desmonta. Vapear es un hábito que crea dependencia, deteriora la salud y actúa como puerta de entrada a otros consumos de riesgo, ya que se asocia con un aumento del consumo de alcohol, marihuana y otras conductas de riesgo. La evidencia científica reciente acumulada por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, muestra que constituye un problema emergente de salud pública, ya que no solo daña la salud física, sino también la mental, especialmente de los más jóvenes.
Carmen Montón es embajadora Observadora de España ante la OEA y la OPS y exministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social
El vapeo, presentado durante años como una alternativa “inocua” al tabaco, es en realidad una práctica con perjuicios claros y documentados para la salud. Los cigarrillos electrónicos contienen nicotina, metales pesados y compuestos tóxicos que afectan directamente al sistema respiratorio y cardiovascular, además de otras sustancias aromatizantes que pueden ser potencialmente cancerígenas y actuar como disruptores hormonales.Se nos han vendido, los vapeadores, como un elemento positivo para dejar de fumar o menos dañina para la salud frente al tabaco. Pero en realidad se han revelado como un instrumento que aumenta del riesgo de adicción, especialmente entre jóvenes y adolescentes. Desgraciadamente la inicial falta de regulación ha contribuido a normalizar del vapeo entre adolescentes y jóvenes, a través de agresivas campañas de marketing que lo presentaron como moderno y seguro. Incluso vimos como en un momento se llegó a convertir en regalo estrella de celebraciones infantiles con modelos customizados con los dibujos animados de moda. Esto se ha traducido en que, en los países con datos disponibles, los adolescentes tienen hasta nueve veces más probabilidades de vapear que los adultos.Ahora la falacia de la alternativa segura, sostenida sobre discursos engañosos diseñados para captar consumidores jóvenes, se desmonta. Vapear es un hábito que crea dependencia, deteriora la salud y actúa como puerta de entrada a otros consumos de riesgo, ya que se asocia con un aumento del consumo de alcohol, marihuana y otras conductas de riesgo.La evidencia científica reciente acumulada por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, muestra que constituye un problema emergente de salud pública, ya que no solo daña la salud física, sino también la mental, especialmente de los más jóvenes.
