La desecación del mar de Aral, entre Kazajistán y Uzbekistán, es uno de los mayores desastres ecológicos de la historia provocados por la agricultura. Era el cuarto lago más grande del mundo, hasta que a comienzos de los años sesenta del siglo XX empezó a menguar por el desvío del agua de dos ríos para cultivos de algodón promovidos por la entonces Unión Soviética. Un estudio liderado por investigadores españoles publicado este jueves en la revista Science descubre que su actual lecho seco constituye también una fuente significativa del CO₂ que causa el cambio climático. Desde 1960, estiman que ha liberado 748 millones de toneladas de CO₂, el equivalente a la suma de las emisiones de un año de España, Francia y Bélgica. Seguir leyendo
Los investigadores plantean en ‘Science’ financiar los trabajos de restauración del lago con créditos de carbono
La desecación del mar de Aral, entre Kazajistán y Uzbekistán, es uno de los mayores desastres ecológicos de la historia provocados por la agricultura. Era el cuarto lago más grande del mundo, hasta que a comienzos de los años sesenta del siglo XX empezó a menguar por el desvío del agua de dos ríos para cultivos de algodón promovidos por la entonces Unión Soviética. Un estudio liderado por investigadores españoles publicado este jueves en la revista Science descubre que su actual lecho seco constituye también una fuente significativa del CO₂ que causa el cambio climático. Desde 1960, estiman que ha liberado 748 millones de toneladas de CO₂, el equivalente a la suma de las emisiones de un año de España, Francia y Bélgica. Esta es una cantidad de gases tan grande como para trastocar las cuentas de emisiones de esta región de Asia Central y se reproduce en otras muchas zonas húmedas que se están secando en el mundo, como el Gran Lago Salado o Salton Sea (EE UU), el lago Urmia (Irán), el lago Chad (Chad), el lago Poopó (Bolivia), la laguna Mar Chiquita (Argentina), el lago Rukwa (Tanzania)… “Y el mar Caspio, que va a ser una hecatombe”, señala Rafael Marcé, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes, del CSIC, y autor de la investigación. “Estos ecosistemas están desapareciendo por todo el mundo y nadie les está haciendo ni caso”, destaca el científico. “Todo el norte del mar Caspio se va a secar, incluido el delta del Volga, va a ser como cuatro veces el área del mar de Aral”, recalca.Un investigador mide emisiones de CO2 del lecho seco del mar de Aral.Rafael MarcéLas mediciones tomadas por el equipo del científico español en el desierto salino en el que hoy se ha convertido aquel enorme humedal de Kazajistán y Uzbekistán no solo cuestionan la contabilización de emisiones en la región o muestran el escaso efecto de absorción de gases de los trabajos de revegetación realizados en este lugar, sino que abren incluso una vía para financiar que se vuelva a llenar. Los científicos estiman que todavía pueden liberarse del mar de Aral otros 605 millones de toneladas de CO₂ (más de dos veces las que emite en un año España) y plantean como solución que esta cantidad de gases sin emitir se convierta en créditos de carbono comercializables por valor de entre 3.100 y 15.800 millones de euros —la diferencia en la horquilla de valores es así de alta porque los créditos de carbono no tienen un precio fijo—. Esta fórmula permite que empresas paguen para evitar que se produzcan las emisiones del mar de Aral y a cambio puedan compensar las que sí generan en otras partes del mundo. De esta forma, se conseguiría financiación internacional para sufragar los altos costes de volver a llevar agua a este ecosistema. “Hace décadas que estamos buscando soluciones para el mar de Aral y no las encontramos. Bueno, pues tenemos este instrumento capitalista”, destaca Marcé. “Nos puede g
