Nadie ha pegado ojo en Cebreros. Este pueblo abulense acogió a más de 500 personas que tuvieron que abandonar sus casas por el avance del humo y las llamas provenientes de los tres incendios que amenazan la capital española y la provincia de Ávila. En las calles, las pavesas vuelan mientras una nube gris cubre el cielo. Un pabellón deportivo, repleto de camas plegables, se ha convertido en un refugio improvisado. Son casi las tres de la tarde y unas veinte personas aguardan noticias que les permitan volver a sus pueblos o, al menos, averiguar qué va a pasar en las próximas horas. Afuera, los arboles se mueven impulsados por el viento que no para de soplar con fuerza. “La noche ha sido dramática”, cuenta Marina Robledo, voluntaria de Protección Civil y vecina del pueblo. Tiene 20 años y pasó la madrugada acompañando a la gente que llegaba al polideportivo, entre ellos a los ancianos de una residencia del pueblo vecino que, según recuerda, “llegaban en bata y descalzos”. Seguir leyendo
Nadie ha pegado ojo en Cebreros. Este pueblo abulense acogió a más de 500 personas que tuvieron que abandonar sus casas por el avance del humo y las llamas provenientes de los tres incendios que amenazan la capital española y la provincia de Ávila. En las calles, las pavesas vuelan mientras una nube gris cubre el cielo. Un pabellón deportivo, repleto de camas plegables, se ha convertido en un refugio improvisado. Son casi las tres de la tarde y unas veinte personas aguardan noticias que les permitan volver a sus pueblos o, al menos, averiguar qué va a pasar en las próximas horas. Afuera, los arboles se mueven impulsados por el viento que no para de soplar con fuerza. “La noche ha sido dramática”, cuenta Marina Robledo, voluntaria de Protección Civil y vecina del pueblo. Tiene 20 años y pasó la madrugada acompañando a la gente que llegaba al polideportivo, entre ellos a los ancianos de una residencia del pueblo vecino que, según recuerda, “llegaban en bata y descalzos”. Casi todas las personas mayores que pasaron en el lugar la noche han sido trasladadas a Ávila, a otra residencia, y son ocho los centros de mayores que han tenido que ser evacuados. Por la tarde del viernes, los familiares de los que quedan llegan a recoger a sus parientes que han pernoctado en el pabellón, mientras los voluntarios se preparan para afrontar una nueva noche con las personas evacuadas que siguen llegando de otros municipios desalojados. Pilar Bolaños llegó al polideportivo la mañana del viernes. Cuenta que su nieta está confinada en San Martín de Valdeiglesias, pero que está tranquila y segura. “Nos ha dicho la niña que no nos preocupemos, que está bien”, relata. Salió de casa con lo justo: “Una braga, el móvil, el cargador y la cartilla del banco, por si tengo que ir a sacar dinero”.Personas desalojadas aguardan en el polideportivo de Cebreros, mientras esperan noticias sobre el avance del incendio.Margie Stephanny Pinzón TrianaBolaños recuerda cómo, “hace veintitantos años”, ya hubo “un incendio muy grande en la zona”. “Mi nuera, con los niños que tenían un mes y un añito, tuvieron que salir disparados y nadie les avisó hasta que ya se nos prendió la casa. Teníamos miedo de que nos pasara lo mismo” cuenta. Esta vez salieron rápido y controlaron los nervios mientras veían como se les “acercaban las llamas”. Por la noche, relata cómo a su nieto pequeño le llamó la atención el color del cielo: “No se veía nada más que colorado, todo rojo colorado”.En algunas zonas los móviles vibran y reciben un sonido aturdidor con una advertencia. La mayoría de personas han llegado con lo puesto, con sus mascotas y con algún que otro documento. Sus caras reflejan el agotamiento. Entre camas plegables, sillas y voluntarios que entran y salen sin descanso, se escuchan las voces de quienes intentan establecer contacto con sus familiares. Una mujer desliza en la pantalla de su móvil intentando refrescar u
Este pueblo abulense que colinda con la Comunidad acogió a más de 500 personas que tuvieron que abandonar sus casas por el avance del humo y las llamas
