No hay que sorprenderse, porque quiera exculpar al rey de Marruecos y su Gobierno por la invasión marroquí de Ceuta. Es lógico, ya que en caso contrario sería un grave conflicto diplomático de consecuencias imprevisibles. Esta exculpación pasa por ni siquiera criticar una mala gestión de la Gendarmería marroquí y otros cuerpos de seguridad del país vecino. La confirmación de esta realidad es que nadie ha dimitido o ha sido cesado. Es evidente que nos tenemos que llevar bien, pero no puede ser al precio de ser unos sumisos borreguitos que manejan desde palacio. Una vez más ha entrado en la línea chapucera que caracteriza al Gobierno socialista comunista y sus relatores. No ha tenido otra ocurrencia que culpar a Rusia, Israel y la internacional ultra. Como era previsible, el gobierno ruso ha exigido pruebas de las acusaciones de Sánchez. En lugar de ponerse de perfil, han seguido insistiendo, porque Putin es el comodín sanchista ante cualquier problema como era Franco. La portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores ruso indicó que «sin hechos, sin materiales respaldados con cifras, fechas y nombres, simplemente no hay nada de qué hablar». Todo el mundo sabe que Sánchez tiene un grave problema con la verdad, aunque esta vez se ha pasado cometiendo el error de hacer el ridículo. Ni siquiera los entregados medios de comunicación del régimen han comprado la basura informativa surgida del lodazal ideológico del sanchismo. Hasta para mentir se necesita tener algo de talento y tenemos un presidente a cuyos asesores se les agotan las ideas. La inclusión de Israel es consecuencia del antisemitismo estructural que caracteriza al Gobierno y su presidente. El odio a Israel es una patología tan inquietante como pertinaz en el tiempo. Me parece tan viejo, además, que me recuerda el concepto de conspiración judeo-masónica del franquismo que leía en los libros de Historia. En este caso no incluye a los masones, porque tiene destacados miembros en el consejo de ministros. Por tanto, el atacar a Rusia e Israel mientras defiende a Marruecos forma parte de su estrategia de supervivencia personal y, sobre todo, de ganar tiempo. La situación es extremadamente grave en Ceuta, como es evidente, y tenemos un gobierno formado por inútiles e incompetentes incapaces de gestionar nada.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«Tenemos un gobierno formado por inútiles e incompetentes incapaces de gestionar nada»
No hay que sorprenderse, porque quiera exculpar al rey de Marruecos y su Gobierno por la invasión marroquí de Ceuta. Es lógico, ya que en caso contrario sería un grave conflicto diplomático de consecuencias imprevisibles. Esta exculpación pasa por ni siquiera criticar una mala gestión de la Gendarmería marroquí y otros cuerpos de seguridad del país vecino. La confirmación de esta realidad es que nadie ha dimitido o ha sido cesado. Es evidente que nos tenemos que llevar bien, pero no puede ser al precio de ser unos sumisos borreguitos que manejan desde palacio. Una vez más ha entrado en la línea chapucera que caracteriza al Gobierno socialista comunista y sus relatores. No ha tenido otra ocurrencia que culpar a Rusia, Israel y la internacional ultra. Como era previsible, el gobierno ruso ha exigido pruebas de las acusaciones de Sánchez. En lugar de ponerse de perfil, han seguido insistiendo, porque Putin es el comodín sanchista ante cualquier problema como era Franco. La portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores ruso indicó que «sin hechos, sin materiales respaldados con cifras, fechas y nombres, simplemente no hay nada de qué hablar». Todo el mundo sabe que Sánchez tiene un grave problema con la verdad, aunque esta vez se ha pasado cometiendo el error de hacer el ridículo. Ni siquiera los entregados medios de comunicación del régimen han comprado la basura informativa surgida del lodazal ideológico del sanchismo. Hasta para mentir se necesita tener algo de talento y tenemos un presidente a cuyos asesores se les agotan las ideas. La inclusión de Israel es consecuencia del antisemitismo estructural que caracteriza al Gobierno y su presidente. El odio a Israel es una patología tan inquietante como pertinaz en el tiempo. Me parece tan viejo, además, que me recuerda el concepto de conspiración judeo-masónica del franquismo que leía en los libros de Historia. En este caso no incluye a los masones, porque tiene destacados miembros en el consejo de ministros. Por tanto, el atacar a Rusia e Israel mientras defiende a Marruecos forma parte de su estrategia de supervivencia personal y, sobre todo, de ganar tiempo. La situación es extremadamente grave en Ceuta, como es evidente, y tenemos un gobierno formado por inútiles e incompetentes incapaces de gestionar nada.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
