Cuando Jimmy Go decidió recorrer 3.953 kilómetros (95 maratones) no buscaba un récord deportivo. Quería transformar en un reto visible una cifra que rara vez ocupa titulares: las 3.953 personas que perdieron la vida por suicidio en España durante 2024. Bombero, corredor de ultrafondo e impulsor de «Proyecto Romper el Silencio», ha cruzado el país etapa tras etapa para contribuir a que se hable de una realidad que sigue rodeada de silencios y estigmas. Hoy, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, a las puertas de completar el desafío, reflexiona sobre el esfuerzo realizado, los encuentros que le han marcado durante el camino y la necesidad de hablar sin miedo sobre salud mental.. Jimmy, ¿qué está siendo lo más complicado de este reto?. Probablemente lo más difícil no están siendo los kilómetros en sí. Evidentemente ha habido muchísimo cansancio, dolor, calor, falta de sueño, lesiones y momentos en los que he sido consciente de que estaba mucho más allá del límite razonable, incluso asumiendo riesgos para mi propia salud. Pero lo más duro ha sido sostener todo lo que había alrededor del reto. Correr era casi la parte sencilla. Después había que desplazarse, organizar la siguiente etapa, atender a la gente, hablar con medios, escuchar historias muy duras y al día siguiente volver a ponerse las zapatillas. Y, sobre todo, entender que no podía permitirme convertir aquello simplemente en un reto deportivo. Había un mensaje detrás mucho más importante que cualquier marca o cualquier número.. “Los 3.953 kilómetros sirven para llamar la atención, pero el objetivo está en las personas que están vivas”. ¿Qué quería conseguir cuando puso en marcha «Proyecto Romper el Silencio»?. Los 3.953 kilómetros nacen de la necesidad de hacer un homenaje a todas las personas que perdieron la vida por suicidio en 2024, utilizando precisamente esa cifra. Lo llevo a kilómetros para llamar la atención y, al traducirlo, se convierte en 95 maratones. Pero desde el principio los kilómetros fueron solamente la herramienta. Lo que quería era conseguir que se hablara. Hablar del suicidio sigue incomodando muchísimo y durante demasiado tiempo hemos pensado que callarlo era una forma de proteger. Yo creo justamente lo contrario: tenemos que aprender a hablar de ello de una manera responsable. Los 3.953 kilómetros sirven para llamar la atención, pero el objetivo está en las personas que están vivas. En conseguir que alguien que lo está pasando mal pueda pedir ayuda antes, que una familia se atreva a preguntar y que dejemos de mirar hacia otro lado. Siempre digo que este proyecto no es un mensaje para los que se fueron. Es un mensaje para los que estamos aquí.. Ha pasado por pueblos y ciudades y muchas personas se han sumado a correr algunos kilómetros a su lado. ¿Qué es lo más bonito que se lleva de todo ese recorrido?. La gente, sin ninguna duda. Y mi familia, que una vez más me recuerda por qué estoy absolutamente enamorado de ella. He empezado muchas etapas pensando que iba a correr prácticamente solo y de repente aparecía una persona, después otra, una familia, amigos, corredores, políticos, bomberos, policías, gente que simplemente había visto el proyecto en redes… Y algunos venían a correr un kilómetro, pero detrás de ese kilómetro había una historia enorme. Eso es probablemente lo más bonito: comprobar cómo algo que empieza siendo una idea tuya deja de pertenecerte. Ha habido momentos en los que yo era simplemente el que iba corriendo en medio de algo muchísimo más grande.. “El silencio, más que proteger, aísla”. También ha escuchado muchas historias de personas que han vivido de cerca el suicidio. ¿Hay alguna conversación o algún encuentro que no vaya a olvidar?. Sería muy difícil elegir una. Ha habido madres, padres, hermanos, amigos, personas que habían perdido a alguien y también personas que me han contado que ellas mismas habían estado en un momento muy complicado. Y muchas veces no te dicen grandes discursos. Se acercan, corren contigo unos metros y te cuentan algo que probablemente llevan muchísimo tiempo guardándose. Hay una cosa que sí me ha impresionado mucho: la cantidad de personas que empiezan diciéndote: “Nunca había hablado de esto”. Cuando escuchas esa frase una y otra vez entiendes perfectamente por qué el proyecto se llama «Proyecto Romper el Silencio». Y si tengo que quedarme con un encuentro, probablemente sería el de una niña de 12 años que vino a conocerme y a hacerse una foto conmigo cuando su padre precisamente había perdido la vida por esto. Es de esas imágenes que se te quedan dentro y que te recuerdan de golpe por qué estás haciendo todo esto.. “No podemos cambiar lo que ya ocurrió, pero sí podemos intentar llegar antes a la siguiente persona”. En su caso, además, esta causa tiene una dimensión muy personal. ¿Cómo ha influido su experiencia en la manera de vivir este proyecto?. Efectivamente, por desgracia, son demasiadas veces las que he tenido que vivir esto de cerca y eso hace que no pueda vivirlo desde la distancia. Una cosa es conocer las cifras y otra es entender que detrás de cada número hay una persona, una familia y muchas veces una cantidad enorme de preguntas que se quedan para siempre. Eso probablemente ha hecho también que yo haya sido muy insistente con una idea: no quiero construir un proyecto alrededor de la muerte, sino alrededor de la prevención y de la vida. No podemos cambiar lo que ya ocurrió, pero sí podemos intentar llegar antes a la siguiente persona. Para mí ahí está todo el sentido de lo que estamos haciendo.. Es bombero y se enfrenta profesionalmente a situaciones muy duras. ¿Cómo ha cambiado su percepción del suicidio después de tantos años de intervenciones?. Cuando trabajas en emergencias durante muchos años dejas de conocer este problema únicamente a través de una estadística. Ves las consecuencias reales. Ves a las personas, a sus familias, a sus amigos y ves lo que ocurre alrededor después de una intervención. Y mi percepción ha cambiado sobre todo porque situaciones que hace años podían parecer excepcionales ahora forman parte con demasiada frecuencia de nuestro trabajo. Eso te obliga a preguntarte qué está pasando antes de que nosotros lleguemos. Porque cuando aparece una emergencia muchas veces estamos llegando al último punto de una historia que empezó muchísimo antes. Y creo que precisamente ahí es donde tenemos que trabajar como sociedad.. Ha dicho que este tipo de intervenciones han pasado de ser algo puntual a formar parte de vuestro día a día. ¿Qué cree que estamos haciendo mal como sociedad para que siga siendo tan difícil hablar de ello?. No es que crea que estamos haciendo algo mal de forma consciente, sino que tenemos que aprender a hacerlo bien. Creo que hemos aprendido a hablar de muchas cosas, pero todavía tenemos muchísimo miedo a hablar del sufrimiento. Nos cuesta reconocer que alguien puede no estar bien y todavía nos cuesta más preguntarle directamente. A veces intentamos solucionarlo todo demasiado rápido. Decimos “anímate”, “tienes que ser fuerte”, “ya se te pasará”… cuando quizá esa persona no necesita una frase, sino que alguien se quede a su lado y la escuche. Y hay otra cosa: tenemos que dejar de pensar que hablar de suicidio crea el problema. Hablar de forma responsable puede abrir una puerta para pedir ayuda. El silencio, más que proteger, aísla.. “No tenemos que convertirnos en psicólogos ni tener la frase perfecta. Podemos decir: ‘Estoy aquí. Cuéntame qué está pasando. Vamos a buscar ayuda’”. ¿Qué cree que podemos hacer mejor cuando alguien cercano no está bien?. Primero, prestar atención. Muchas veces esperamos una señal enorme y las señales pueden ser muchísimo más pequeñas: alguien que cambia, que se aísla, que deja de hacer cosas que antes hacía o simplemente nos dice que no puede más. Y después hay algo muy sencillo y muy difícil a la vez: preguntar y escuchar sin juzgar. No tenemos que convertirnos en psicólogos ni tener la frase perfecta. Podemos decir: “Estoy aquí. Cuéntame qué está pasando. Vamos a buscar ayuda”. Y si vemos que existe riesgo, hay que recurrir a ayuda profesional y a los servicios de emergencia. Acompañar también significa no dejar toda la responsabilidad sobre los hombros de esa persona.. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo continúa «Proyecto Romper el Silencio»?. Cuando culminen los 3.953 kilómetros no será el final. De hecho, considero que será el principio. Estos meses han demostrado que hay muchísima gente dispuesta a hablar y que el deporte puede ser una herramienta extraordinaria para llevar este mensaje a lugares donde quizá una campaña convencional no llega. Ahora quiero que Proyecto Romper el Silencio tenga continuidad, que siga creciendo, que podamos trabajar especialmente en prevención y con los más jóvenes y que el proyecto llegue también fuera de España. Y hay algo importante: no quiero que esto dependa eternamente de que Jimmy Go haga otra barbaridad deportiva. El verdadero éxito sería que el proyecto adquiriera vida propia y que dentro de unos años los kilómetros fueran casi una anécdota comparados con todo lo que haya nacido después.. ¿Hay algo que le gustaría añadir?. Si después de todo este recorrido hemos conseguido que alguna persona pida ayuda antes, que alguna familia se atreva a hablar antes o que alguien se sienta un poco menos solo, incluso que una persona, durante toda esta locura que estamos llevando a cabo, consiga encontrar junto con su entorno las herramientas para poder quedarse con nosotros, todo este sacrificio habrá merecido la pena.
Bombero y corredor de ultrafondo, es el impulsor de «Proyecto Romper el Silencio», un reto de 3.953 kilómetros, uno por cada persona que perdió la vida por suicidio en España en 2024, para concienciar sobre prevención del suicidio y salud mental
Cuando Jimmy Go decidió recorrer 3.953 kilómetros (95 maratones) no buscaba un récord deportivo. Quería transformar en un reto visible una cifra que rara vez ocupa titulares: las 3.953 personas que perdieron la vida por suicidio en España durante 2024. Bombero, corredor de ultrafondo e impulsor de «Proyecto Romper el Silencio», ha cruzado el país etapa tras etapa para contribuir a que se hable de una realidad que sigue rodeada de silencios y estigmas. Hoy, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, a las puertas de completar el desafío, reflexiona sobre el esfuerzo realizado, los encuentros que le han marcado durante el camino y la necesidad de hablar sin miedo sobre salud mental.. Jimmy, ¿qué está siendo lo más complicado de este reto?. Probablemente lo más difícil no están siendo los kilómetros en sí. Evidentemente ha habido muchísimo cansancio, dolor, calor, falta de sueño, lesiones y momentos en los que he sido consciente de que estaba mucho más allá del límite razonable, incluso asumiendo riesgos para mi propia salud. Pero lo más duro ha sido sostener todo lo que había alrededor del reto. Correr era casi la parte sencilla. Después había que desplazarse, organizar la siguiente etapa, atender a la gente, hablar con medios, escuchar historias muy duras y al día siguiente volver a ponerse las zapatillas. Y, sobre todo, entender que no podía permitirme convertir aquello simplemente en un reto deportivo. Había un mensaje detrás mucho más importante que cualquier marca o cualquier número.. “Los 3.953 kilómetros sirven para llamar la atención, pero el objetivo está en las personas que están vivas”. ¿Qué quería conseguir cuando puso en marcha «Proyecto Romper el Silencio»?. Los 3.953 kilómetros nacen de la necesidad de hacer un homenaje a todas las personas que perdieron la vida por suicidio en 2024, utilizando precisamente esa cifra. Lo llevo a kilómetros para llamar la atención y, al traducirlo, se convierte en 95 maratones. Pero desde el principio los kilómetros fueron solamente la herramienta. Lo que quería era conseguir que se hablara. Hablar del suicidio sigue incomodando muchísimo y durante demasiado tiempo hemos pensado que callarlo era una forma de proteger. Yo creo justamente lo contrario: tenemos que aprender a hablar de ello de una manera responsable. Los 3.953 kilómetros sirven para llamar la atención, pero el objetivo está en las personas que están vivas. En conseguir que alguien que lo está pasando mal pueda pedir ayuda antes, que una familia se atreva a preguntar y que dejemos de mirar hacia otro lado. Siempre digo que este proyecto no es un mensaje para los que se fueron. Es un mensaje para los que estamos aquí.. Ha pasado por pueblos y ciudades y muchas personas se han sumado a correr algunos kilómetros a su lado. ¿Qué es lo más bonito que se lleva de todo ese recorrido?. La gente, sin ninguna duda. Y mi familia, que una vez más me recuerda por qué estoy absolutamente enamorado de ella. He empezado muchas etapas pensando que iba a correr prácticamente solo y de repente aparecía una persona, después otra, una familia, amigos, corredores, políticos, bomberos, policías, gente que simplemente había visto el proyecto en redes… Y algunos venían a correr un kilómetro, pero detrás de ese kilómetro había una historia enorme. Eso es probablemente lo más bonito: comprobar cómo algo que empieza siendo una idea tuya deja de pertenecerte. Ha habido momentos en los que yo era simplemente el que iba corriendo en medio de algo muchísimo más grande.. “El silencio, más que proteger, aísla”. También ha escuchado muchas historias de personas que han vivido de cerca el suicidio. ¿Hay alguna conversación o algún encuentro que no vaya a olvidar?. Sería muy difícil elegir una. Ha habido madres, padres, hermanos, amigos, personas que habían perdido a alguien y también personas que me han contado que ellas mismas habían estado en un momento muy complicado. Y muchas veces no te dicen grandes discursos. Se acercan, corren contigo unos metros y te cuentan algo que probablemente llevan muchísimo tiempo guardándose. Hay una cosa que sí me ha impresionado mucho: la cantidad de personas que empiezan diciéndote: “Nunca había hablado de esto”. Cuando escuchas esa frase una y otra vez entiendes perfectamente por qué el proyecto se llama «Proyecto Romper el Silencio». Y si tengo que quedarme con un encuentro, probablemente sería el de una niña de 12 años que vino a conocerme y a hacerse una foto conmigo cuando su padre precisamente había perdido la vida por esto. Es de esas imágenes que se te quedan dentro y que te recuerdan de golpe por qué estás haciendo todo esto.. “No podemos cambiar lo que ya ocurrió, pero sí podemos intentar llegar antes a la siguiente persona”. En su caso, además, esta causa tiene una dimensión muy personal. ¿Cómo ha influido su experiencia en la manera de vivir este proyecto?. Efectivamente, por desgracia, son demasiadas veces las que he tenido que vivir esto de cerca y eso hace que no pueda vivirlo desde la distancia. Una cosa es conocer las cifras y otra es entender que detrás de cada número hay una persona, una familia y muchas veces una cantidad enorme de preguntas que se quedan para siempre. Eso probablemente ha hecho también que yo haya sido muy insistente con una idea: no quiero construir un proyecto alrededor de la muerte, sino alrededor de la prevención y de la vida. No podemos cambiar lo que ya ocurrió, pero sí podemos intentar llegar antes a la siguiente persona. Para mí ahí está todo el sentido de lo que estamos haciendo.. Es bombero y se enfrenta profesionalmente a situaciones muy duras. ¿Cómo ha cambiado su percepción del suicidio después de tantos años de intervenciones?. Cuando trabajas en emergencias durante muchos años dejas de conocer este problema únicamente a través de una estadística. Ves las consecuencias reales. Ves a las personas, a sus familias, a sus amigos y ves lo que ocurre alrededor después de una intervención. Y mi percepción ha cambiado sobre todo porque situaciones que hace años podían parecer excepcionales ahora forman parte con demasiada frecuencia de nuestro trabajo. Eso te obliga a preguntarte qué está pasando antes de que nosotros lleguemos. Porque cuando aparece una emergencia muchas veces estamos llegando al último punto de una historia que empezó muchísimo antes. Y creo que precisamente ahí es donde tenemos que trabajar como sociedad.. Ha dicho que este tipo de intervenciones han pasado de ser algo puntual a formar parte de vuestro día a día. ¿Qué cree que estamos haciendo mal como sociedad para que siga siendo tan difícil hablar de ello?. No es que crea que estamos haciendo algo mal de forma consciente, sino que tenemos que aprender a hacerlo bien. Creo que hemos aprendido a hablar de muchas cosas, pero todavía tenemos muchísimo miedo a hablar del sufrimiento. Nos cuesta reconocer que alguien puede no estar bien y todavía nos cuesta más preguntarle directamente. A veces intentamos solucionarlo todo demasiado rápido. Decimos “anímate”, “tienes que ser fuerte”, “ya se te pasará”… cuando quizá esa persona no necesita una frase, sino que alguien se quede a su lado y la escuche. Y hay otra cosa: tenemos que dejar de pensar que hablar de suicidio crea el problema. Hablar de forma responsable puede abrir una puerta para pedir ayuda. El silencio, más que proteger, aísla.. “No tenemos que convertirnos en psicólogos ni tener la frase perfecta. Podemos decir: ‘Estoy aquí. Cuéntame qué está pasando. Vamos a buscar ayuda’”. ¿Qué cree que podemos hacer mejor cuando alguien cercano no está bien?. Primero, prestar atención. Muchas veces esperamos una señal enorme y las señales pueden ser muchísimo más pequeñas: alguien que cambia, que se aísla, que deja de hacer cosas que antes hacía o simplemente nos dice que no puede más. Y después hay algo muy sencillo y muy difícil a la vez: preguntar y escuchar sin juzgar. No tenemos que convertirnos en psicólogos ni tener la frase perfecta. Podemos decir: “Estoy aquí. Cuéntame qué está pasando. Vamos a buscar ayuda”. Y si vemos que existe riesgo, hay que recurrir a ayuda profesional y a los servicios de emergencia. Acompañar también significa no dejar toda la responsabilidad sobre los hombros de esa persona.. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo continúa «Proyecto Romper el Silencio»?. Cuando culminen los 3.953 kilómetros no será el final. De hecho, considero que será el principio. Estos meses han demostrado que hay muchísima gente dispuesta a hablar y que el deporte puede ser una herramienta extraordinaria para llevar este mensaje a lugares donde quizá una campaña convencional no llega. Ahora quiero que Proyecto Romper el Silencio tenga continuidad, que siga creciendo, que podamos trabajar especialmente en prevención y con los más jóvenes y que el proyecto llegue también fuera de España. Y hay algo importante: no quiero que esto dependa eternamente de que Jimmy Go haga otra barbaridad deportiva. El verdadero éxito sería que el proyecto adquiriera vida propia y que dentro de unos años los kilómetros fueran casi una anécdota comparados con todo lo que haya nacido después.. ¿Hay algo que le gustaría añadir?. Si después de todo este recorrido hemos conseguido que alguna persona pida ayuda antes, que alguna familia se atreva a hablar antes o que alguien se sienta un poco menos solo, incluso que una persona, durante toda esta locura que estamos llevando a cabo, consiga encontrar junto con su entorno las herramientas para poder quedarse con nosotros, todo este sacrificio habrá merecido la pena.
