Ayer Sánchez nos desveló el que será uno de sus principales argumentos preelectorales, el victimismo y la movilización emotiva ante los supuestos ataques a su familia desde el contubernio mediático derechista. Llevamos décadas formando parte del club democrático más selecto y sin embargo seguimos suspendiendo estrepitosamente en los estándares de corrupción y, lo que es peor, como vimos ayer en la comparecencia parlamentaria de Sánchez, en algo tan asumido en Europa como es la asunción de responsabilidades políticas, ya saben, carpetazo y a casa.. Que somos un país relevante dentro de la UE nadie lo niega empezando por nuestra condición de cuarta economía, pero por desgracia somos igualmente punteros en las tasas de paro y sobre todo y ante todo en lo más alarmante, eso que en cualquier país europeo habría desembocado en la destitución parlamentaria de un jefe de gobierno de no haberse dado antes su dimisión o no haber mediado un adelanto electoral y que no es otra cosa que el tsunami de corrupción que arrasa al partido del gobierno y al entorno más cercano de su presidente. En esto último tenemos muy pocas similitudes con democracias europeas en las que la palabra «dimisión» y el gesto de «marcharse a casa» forman parte intrínseca del día a día en política a la hora de rendir cuentas.. Ningún país de la UE se libra del fantasma de la corrupción, hemos visto a un presidente francés pisando la prisión o a un primer ministro italiano fugarse a Túnez, pero la gran diferencia entre estas democracias y la nuestra es que aquí, hoy, la respuesta política a los escándalos pasa por el enroque, la negación de la evidencia y el ataque a otros poderes del estado desde un PSOE que esgrime sus siglas como si fueran un inmaculado pedigrí de centenaria honradez. Curiosa actitud en quienes han visto a su primer exministro (Barrionuevo) primer diputado activo (Ábalos), primer fiscal general (García Ortiz), primer gobernador del Banco de España (Rubio), primer director de la Guardia Civil (Roldán) o primer secretario de Organización (Cerdán) procesados, condenados y en algunos casos encarcelados, todo a falta de lo que aún queda por llegar. En Europa estamos muy calados, sobre todo los que, cubiertos por el lodazal, solo saben esgrimir el «tú más» o «cariño, esto no es lo que parece». Vergonzoso y, lo que es peor, inquietante.
La respuesta política a los escándalos pasa por el enroque, la negación de la evidencia y el ataque a otros poderes del estado
Ayer Sánchez nos desveló el que será uno de sus principales argumentos preelectorales, el victimismo y la movilización emotiva ante los supuestos ataques a su familia desde el contubernio mediático derechista. Llevamos décadas formando parte del club democrático más selecto y sin embargo seguimos suspendiendo estrepitosamente en los estándares de corrupción y, lo que es peor, como vimos ayer en la comparecencia parlamentaria de Sánchez, en algo tan asumido en Europa como es la asunción de responsabilidades políticas, ya saben, carpetazo y a casa.. Que somos un país relevante dentro de la UE nadie lo niega empezando por nuestra condición de cuarta economía, pero por desgracia somos igualmente punteros en las tasas de paro y sobre todo y ante todo en lo más alarmante, eso que en cualquier país europeo habría desembocado en la destitución parlamentaria de un jefe de gobierno de no haberse dado antes su dimisión o no haber mediado un adelanto electoral y que no es otra cosa que el tsunami de corrupción que arrasa al partido del gobierno y al entorno más cercano de su presidente. En esto último tenemos muy pocas similitudes con democracias europeas en las que la palabra «dimisión» y el gesto de «marcharse a casa» forman parte intrínseca del día a día en política a la hora de rendir cuentas.. Ningún país de la UE se libra del fantasma de la corrupción, hemos visto a un presidente francés pisando la prisión o a un primer ministro italiano fugarse a Túnez, pero la gran diferencia entre estas democracias y la nuestra es que aquí, hoy, la respuesta política a los escándalos pasa por el enroque, la negación de la evidencia y el ataque a otros poderes del estado desde un PSOE que esgrime sus siglas como si fueran un inmaculado pedigrí de centenaria honradez. Curiosa actitud en quienes han visto a su primer exministro (Barrionuevo) primer diputado activo (Ábalos), primer fiscal general (García Ortiz), primer gobernador del Banco de España (Rubio), primer director de la Guardia Civil (Roldán) o primer secretario de Organización (Cerdán) procesados, condenados y en algunos casos encarcelados, todo a falta de lo que aún queda por llegar. En Europa estamos muy calados, sobre todo los que, cubiertos por el lodazal, solo saben esgrimir el «tú más» o «cariño, esto no es lo que parece». Vergonzoso y, lo que es peor, inquietante.
