Fabián no empezó de titular en el Mundial, pero sí lo fue en los momentos decisivos de la selección española y puede que lo sea este domingo en la final contra Argentina. De Los Palacios y Villafranca, ahí de la mano de Antonio Salmerón, su primer entrenador se convirtió en el futbolista, pero sobre todo, en el hombre que es. Hay frases que explican una manera de entender el deporte mejor que cualquier manual. Antonio Salmerón tiene una de ellas. «Los padres me dicen que su hijo no va a ir al fútbol a entrenar porque está castigado. No lo castigue con el deporte, dele la reprimenda por las tablets y el móvil». Es una respuesta sencilla, casi espontánea, pero resume una filosofía que ha acompañado durante décadas a quienes han dedicado cientos de tardes a entrenar niños sin esperar nada a cambio. Un niño con talento Mientras España prepara una final del Mundial, en Los Palacios y Villafranca también se habla de fútbol. Pero no solo del posible once de Luis de la Fuente o de cómo frenar a Argentina. Se habla de recuerdos. De cuando Fabián era un niño que llegaba a entrenar como tantos otros a la Escuela Municipal de Antonio Salméron. De los campos donde empezó todo. De esos años en los que todavía no existían los focos, los contratos millonarios ni las retransmisiones internacionales. Solo había un balón, un grupo de compañeros y entrenadores convencidos de que formar personas era más importante que ganar un partido de benjamines. Lo mismo le pasaba a Gavi en Las Lirias otro equipo de la misma localidad. Salmerón pertenece a esa generación de técnicos que medían el éxito de otra forma. No por el número de futbolistas profesionales que salían de sus equipos, sino por los chavales que seguían haciendo deporte, aprendían a convivir y crecían con una rutina saludable. Por eso rechaza que el fútbol se convierta en un castigo. En su forma de entender la educación, el entrenamiento forma parte de la solución, no del problema. El nuevo ocio Hace veinte años la discusión entre padres y entrenadores giraba alrededor de los deberes o de llegar puntual al entrenamiento. Hoy aparecen los móviles, las tablets y las horas frente a una pantalla. Salmerón no propone que desaparezcan, pero sí que el deporte conserve el lugar que siempre tuvo como espacio para relacionarse, asumir responsabilidades y aprender a formar parte de un grupo. Quizá por eso la historia de Fabián trasciende el éxito deportivo. Es evidente que convertirse en uno de los mejores centrocampistas del mundo tiene un componente de talento extraordinario. También de trabajo. Pero antes de todo eso hubo una educación futbolística que comenzó en un club modesto de Los Palacios, lejos de las ciudades deportivas de los grandes clubes europeos. Allí nadie podía imaginar una final del Mundial. Lo importante era que los niños regresaran al entrenamiento al día siguiente. Los Palacios lleva años demostrando que el fútbol forma parte de su ident
El primer entrenador de Fabián en Los Palacios y Villafranca tiene una filosofía muy clara sobre cómo educar a los niños
Fabián no empezó de titular en el Mundial, pero sí lo fue en los momentos decisivos de la selección española y puede que lo sea este domingo en la final contra Argentina. De Los Palacios y Villafranca, ahí de la mano de Antonio Salmerón, su primer entrenador se convirtió en el futbolista, pero sobre todo, en el hombre que es.Hay frases que explican una manera de entender el deporte mejor que cualquier manual. Antonio Salmerón tiene una de ellas. «Los padres me dicen que su hijo no va a ir al fútbol a entrenar porque está castigado. No lo castigue con el deporte, dele la reprimenda por las tablets y el móvil». Es una respuesta sencilla, casi espontánea, pero resume una filosofía que ha acompañado durante décadas a quienes han dedicado cientos de tardes a entrenar niños sin esperar nada a cambio.Un niño con talentoMientras España prepara una final del Mundial, en Los Palacios y Villafranca también se habla de fútbol. Pero no solo del posible once de Luis de la Fuente o de cómo frenar a Argentina. Se habla de recuerdos. De cuando Fabián era un niño que llegaba a entrenar como tantos otros a la Escuela Municipal de Antonio Salméron. De los campos donde empezó todo. De esos años en los que todavía no existían los focos, los contratos millonarios ni las retransmisiones internacionales. Solo había un balón, un grupo de compañeros y entrenadores convencidos de que formar personas era más importante que ganar un partido de benjamines. Lo mismo le pasaba a Gavi en Las Lirias otro equipo de la misma localidad.Salmerón pertenece a esa generación de técnicos que medían el éxito de otra forma. No por el número de futbolistas profesionales que salían de sus equipos, sino por los chavales que seguían haciendo deporte, aprendían a convivir y crecían con una rutina saludable. Por eso rechaza que el fútbol se convierta en un castigo. En su forma de entender la educación, el entrenamiento forma parte de la solución, no del problema.El nuevo ocioHace veinte años la discusión entre padres y entrenadores giraba alrededor de los deberes o de llegar puntual al entrenamiento. Hoy aparecen los móviles, las tablets y las horas frente a una pantalla. Salmerón no propone que desaparezcan, pero sí que el deporte conserve el lugar que siempre tuvo como espacio para relacionarse, asumir responsabilidades y aprender a formar parte de un grupo.Quizá por eso la historia de Fabián trasciende el éxito deportivo. Es evidente que convertirse en uno de los mejores centrocampistas del mundo tiene un componente de talento extraordinario. También de trabajo. Pero antes de todo eso hubo una educación futbolística que comenzó en un club modesto de Los Palacios, lejos de las ciudades deportivas de los grandes clubes europeos. Allí nadie podía imaginar una final del Mundial. Lo importante era que los niños regresaran al entrenamiento al día siguiente.Los Palacios lleva años demostrando que el fútbol forma parte de su identidad. De
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