El primer ministro del Reino Unido quiere implantar un sistema nacional que impida la ruina financiera de muchas personas mayores
Los grandes proyectos políticos reciben un impulso extraordinario cuando los que los acometen se mueven por razones personales. El nuevo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, se ha comprometido a poner en juego todo su capital público, todo su prestigio acumulado, para sacar adelante la reforma de la asistencia social o ayuda a la dependencia, un servicio público que sufre una crisis cada vez más grave y sin resolver desde hace más de una década.El padre de Burnham padece un estado avanzado de la enfermedad de Alzhéimer. El pasado 20 de julio no se enteró de que su hijo, el exalcalde de Mánchester, se había convertido en el nuevo primer ministro del país. Comprobar de primera mano el elevado coste económico que supone atender a una persona dependiente es un incentivo extra para cambiar las cosas, pero es Burnham ya intentó hace más de 15 años, cuando era un joven secretario de Estado de Sanidad en el Gobierno de Gordon Brown, poner en marcha, con el consenso de todos los partidos, una reforma que pusiera en pie el nuevo sistema nacional de asistencia social. Fracasó. Como han fracasado todos los primeros ministros sucesivos que han ensayado diferentes fórmulas. Hasta 22 intentos fallidos de solucionar el problema.“Solo hay un grupo culpable de que hayamos llegado a esta situación, y ese es nuestra generación actual de políticos”, ha señalado Burnham este martes en la residencia de Londres para personas mayores para anunciar el objetivo más ambicioso de su recién estrenado mandato como primer ministro. “Han pasado ya 30 años desde la puesta en marcha de la comisión Sutherland [que recibió el encargo de Tony Blair de buscar una solución a los problemas del envejecimiento de la población británica], y en ese tiempo ha habido ya 22 intentos sin éxito. Es una dejación de nuestro deber público que el Parlamento haya sido incapaz de afrontar este desafío. Es algo vergonzoso”, ha denunciado el primer ministro.Parte fundamental de que el problema se arrastre desde hace décadas es que nunca aparece en las encuestas como una de las prioridades de los votantes británicos, mucho más obsesionados con el debate de la inmigración irregular, el coste de la vida o las listas de espera en la sanidad pública. Y porque, como dicen los expertos, nadie quiere hablar de la vejez, aunque sea una fase a la que tarde o temprano todos vayan a llegar.La asistencia social no es un servicio nacional como sí lo es la sanidad. Burnham pretende ahora crear algo similar en este sector a lo que es el NHS, el National Health Service, el Servicio Nacional de Salud que fue durante décadas la joya de la corona del estado del bienestar británico, y que ahora sufre un deterioro notable.Son los gobiernos locales, con escasas competencias y escasamente financiados por el Gobierno central, los responsables de proporcionar ayuda a las personas mayores o a los adultos con discapacidades físicas o mentales.Hay un límite legal a partir
Los grandes proyectos políticos reciben un impulso extraordinario cuando los que los acometen se mueven por razones personales. El nuevo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, se ha comprometido a poner en juego todo su capital público, todo su prestigio acumulado, para sacar adelante la reforma de la asistencia social o ayuda a la dependencia, un servicio público que sufre una crisis cada vez más grave y sin resolver desde hace más de una década.Seguir leyendo
