La condición física de los niños y adolescentes europeos no ha dejado de deteriorarse en los últimos 60 años. Así lo concluye una revisión sistemática liderada por investigadores del grupo EXER-Genud (Exercise, Growth, Nutrition and Development) de la Universidad de Zaragoza, que advierte de una disminución progresiva de la fuerza muscular, la flexibilidad y la resistencia cardiorrespiratoria, acompañada de un aumento de la adiposidad corporal.
El trabajo, publicado en la revista científica Sports Medicine, ha analizado datos de 417.362 niños y adolescentes de entre 6 y 16 años procedentes de 20 países europeos. Además de actualizar las tendencias hasta 2023, incorpora por primera vez el impacto de la pandemia de covid sobre la condición física de la población infantil y juvenil.
Los autores consideran que los resultados ponen de manifiesto un problema de salud pública de gran alcance. «Durante la infancia y la adolescencia no se alcanzan los niveles adecuados de condición física en aspectos tan importantes como la fuerza, la flexibilidad o la composición corporal, mientras continúa el declive de la capacidad cardiorrespiratoria», señalan. En su opinión, esta situación supone «perder una magnífica oportunidad que será difícil recuperar», ya que la condición física durante estas etapas de la vida influye directamente en la salud presente y futura.
La investigación forma parte de la tesis doctoral de Daniel Domingo del Val, investigador en formación del Gobierno de Aragón y primer autor del estudio, dirigida por el catedrático José Antonio Casajús y el profesor Ángel Matute-Llorente.
La flexibilidad, el indicador que más empeora
El análisis revisa la evolución de cuatro grandes componentes de la condición física relacionados con la salud: fuerza muscular, flexibilidad, composición corporal y resistencia cardiorrespiratoria. Entre todos ellos, la flexibilidad presenta la evolución más desfavorable. Los investigadores observan un descenso continuado desde hace décadas que, además, se ha acelerado desde comienzos del siglo XXI.
En cuanto a la fuerza muscular, el estudio distingue entre la fuerza del tren superior y la del tren inferior. La primera comenzó a disminuir ya en la década de 1970, experimentó una etapa de relativa estabilidad entre 1980 y 2000 y volvió a caer posteriormente. La fuerza del tren inferior, evaluada mediante pruebas de salto, mejoró hasta los años ochenta, pero desde entonces mantiene una tendencia descendente prácticamente ininterrumpida.
Otro de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la evolución de la composición corporal. El trabajo constata un incremento lineal de la adiposidad, un indicador que refleja el exceso de grasa corporal y que, según los autores, ofrece una imagen más precisa del estado de salud que el índice de masa corporal (IMC), ya que este último puede infravalorar el problema al no distinguir entre masa grasa y masa muscular.
Respecto a la resistencia cardiorrespiratoria, considerada uno de los mejores predictores de salud cardiovascular y metabólica a largo plazo, el estudio confirma un deterioro sostenido durante décadas. No obstante, los datos correspondientes al periodo 2015-2023 apuntan a una posible estabilización o ralentización de este descenso. Pese a ello, los niveles actuales continúan siendo inferiores a los registrados en generaciones anteriores.
La pandemia agravó la situación
Aunque el estudio incorpora el periodo de la pandemia, los investigadores subrayan que el deterioro de la condición física infantil no puede atribuirse únicamente al confinamiento o a las restricciones derivadas de la crisis sanitaria. La revisión muestra que la tendencia descendente ya estaba presente desde hace décadas y responde a cambios profundos en los estilos de vida, con un aumento del sedentarismo, una menor práctica de actividad física y un mayor tiempo dedicado a las pantallas
Los autores recuerdan que una buena condición física durante la infancia se asocia con un menor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y problemas de salud mental, además de favorecer un adecuado desarrollo óseo y muscular.
Ante estos resultados, reclaman reforzar las políticas públicas dirigidas a fomentar la actividad física desde edades tempranas. En este sentido, recuerdan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aconseja que niños y adolescentes realicen al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa, incorporando ejercicios de fortalecimiento muscular y óseo al menos tres veces por semana.
La condición física de los niños y adolescentes europeos no ha dejado de deteriorarse en los últimos 60 años. Así lo concluye una revisión sistemática liderada por investigadores del grupo EXER-Genud (Exercise, Growth, Nutrition and Development) de la Universidad de Zaragoza, que advierte de una disminución progresiva de la fuerza muscular, la flexibilidad y la resistencia cardiorrespiratoria, acompañada de un aumento de la adiposidad corporal.
El trabajo, publicado en la revista científica Sports Medicine, ha analizado datos de 417.362 niños y adolescentes de entre 6 y 16 años procedentes de 20 países europeos. Además de actualizar las tendencias hasta 2023, incorpora por primera vez el impacto de la pandemia de covid sobre la condición física de la población infantil y juvenil.
Los autores consideran que los resultados ponen de manifiesto un problema de salud pública de gran alcance. «Durante la infancia y la adolescencia no se alcanzan los niveles adecuados de condición física en aspectos tan importantes como la fuerza, la flexibilidad o la composición corporal, mientras continúa el declive de la capacidad cardiorrespiratoria», señalan. En su opinión, esta situación supone «perder una magnífica oportunidad que será difícil recuperar», ya que la condición física durante estas etapas de la vida influye directamente en la salud presente y futura.
La investigación forma parte de la tesis doctoral de Daniel Domingo del Val, investigador en formación del Gobierno de Aragón y primer autor del estudio, dirigida por el catedrático José Antonio Casajús y el profesor Ángel Matute-Llorente.
La flexibilidad, el indicador que más empeora
El análisis revisa la evolución de cuatro grandes componentes de la condición física relacionados con la salud: fuerza muscular, flexibilidad, composición corporal y resistencia cardiorrespiratoria. Entre todos ellos, la flexibilidad presenta la evolución más desfavorable. Los investigadores observan un descenso continuado desde hace décadas que, además, se ha acelerado desde comienzos del siglo XXI.
En cuanto a la fuerza muscular, el estudio distingue entre la fuerza del tren superior y la del tren inferior. La primera comenzó a disminuir ya en la década de 1970, experimentó una etapa de relativa estabilidad entre 1980 y 2000 y volvió a caer posteriormente. La fuerza del tren inferior, evaluada mediante pruebas de salto, mejoró hasta los años ochenta, pero desde entonces mantiene una tendencia descendente prácticamente ininterrumpida.
Otro de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la evolución de la composición corporal. El trabajo constata un incremento lineal de la adiposidad, un indicador que refleja el exceso de grasa corporal y que, según los autores, ofrece una imagen más precisa del estado de salud que el índice de masa corporal (IMC), ya que este último puede infravalorar el problema al no distinguir entre masa grasa y masa muscular.
Respe
Un estudio en el que participaron más de 417.000 jóvenes de 20 países pone de relieve la preocupación de que no están logrando niveles adecuados de condición física, lo que puede poner en riesgo su salud futura.
En los últimos 60 años, el bienestar de los jóvenes europeos ha ido declinando progresivamente. El resultado final de un estudio exhaustivo realizado por investigadores del equipo EXER-Genud de la Universidad de Zaragoza indica una disminución continua de la fuerza muscular, la adaptabilidad y la resistencia cardiorrespiratoria, junto con un aumento de la grasa corporal. Una investigación publicada en la revista Sports Medicine examinó información recopilada de 417.362 niños y adolescentes de entre 6 y 16 años en 20 naciones europeas. Además de actualizar las tendencias hasta 2023, ahora incluye por primera vez el efecto de la pandemia de covid en el bienestar físico de niños y jóvenes. Los investigadores piensan que los resultados revelan un problema de salud pública extenso. «Según la información proporcionada, en la niñez y la adolescencia, a menudo no se alcanzan niveles suficientes de aptitud en ámbitos cruciales como la fuerza, la flexibilidad o la composición corporal. Al mismo tiempo, se observa que la capacidad cardiorrespiratoria sigue disminuyendo», mencionan. En su opinión, perderse esto es «una pérdida significativa que será difícil de recuperar», ya que la aptitud física en estas fases de la vida tiene un impacto directo en el bienestar actual y futuro. La investigación forma parte de la tesis doctoral de Daniel Domingo del Val, investigador en prácticas en el Gobierno de Aragón y autor principal de la investigación, que fue dirigida por el profesor José Antonio Casajús y el profesor Ángel Matute-Llorente.
