Gracias a la jugarreta de las nacionalidades, los que no pagan fiscalidad alguna en España decidirán los impuestos que pagaremos los que sí vivimos en nuestra nación. Este aspecto de la «ley de nietos» encandila más que ningún otro a los intelectuales liberales que permanecen atónitos ante lo que está ocurriendo. El asunto es bien sencillo. Algunos colaboradores de Pedro Sánchez se han dado cuenta de la dificultad que existe para manipular el sistema digital en las elecciones generales. Y han encontrado el cuadro legal que permite poner en marcha una operación especialmente arisca y eficaz. Se trata de otorgar la nacionalidad española a los hijos y nietos de los republicanos españoles que se exiliaron en 1939 tras su derrota en la guerra incivil. Hijos y nietos… y también algunos aledaños históricos. A los que deseen ejercer su derecho al voto, tras recibir la nacionalidad, se les otorgarán todas las facilidades, suprimiendo los más elementales trámites de identificación y arraigo. Sus sufragios no tendrán que ser presenciales. Se aceptarán los llegados por correo. Con ellos se llenarán, controladas por los cónsules, unas sacas que se trasladarán a España por valija diplomática. Se habla de dos millones de nacionalizados. Solo en Buenos Aires, las peticiones se han elevado a 645.000. Los votos podrían repartirse luego por provincias según las conveniencias electorales del PSOE sanchista. Las encuestas científicamente serias certifican hoy la debacle del PSOE y otorgan a la suma del Partido Popular y Vox por encima de los 200 escaños. Sin embargo, los sondeos resultarían burlados por la jugarreta de un censo electoral considerablemente acrecentado por la «ley de nietos», de forma legal desde el punto de vista de las exigencias de nuestra Constitución. Varios destacados sanchistas están gestionando la operación en cada uno de los puntos más sensibles de América. Se manejan cifras totales descomunales, pero solo las sabremos cuando se haga público el censo electoral. Pedro Sánchez, en fin, no está vencido. Se equivocan los que proclaman su descalabro. El líder sanchista sudará la camiseta hasta el final para evitar que le trasladen desde la silla curul del Palacio de la Moncloa hasta el banquillo de los acusados en la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Luis María Anson, de la Real Academia Española.
«Los “nietos” que no viven en España y que no pagan aquí fiscalidad alguna, decidirán los impuestos que pagaremos todos en nuestra nación»
Gracias a la jugarreta de las nacionalidades, los que no pagan fiscalidad alguna en España decidirán los impuestos que pagaremos los que sí vivimos en nuestra nación. Este aspecto de la «ley de nietos» encandila más que ningún otro a los intelectuales liberales que permanecen atónitos ante lo que está ocurriendo.El asunto es bien sencillo. Algunos colaboradores de Pedro Sánchez se han dado cuenta de la dificultad que existe para manipular el sistema digital en las elecciones generales. Y han encontrado el cuadro legal que permite poner en marcha una operación especialmente arisca y eficaz. Se trata de otorgar la nacionalidad española a los hijos y nietos de los republicanos españoles que se exiliaron en 1939 tras su derrota en la guerra incivil. Hijos y nietos… y también algunos aledaños históricos. A los que deseen ejercer su derecho al voto, tras recibir la nacionalidad, se les otorgarán todas las facilidades, suprimiendo los más elementales trámites de identificación y arraigo. Sus sufragios no tendrán que ser presenciales. Se aceptarán los llegados por correo. Con ellos se llenarán, controladas por los cónsules, unas sacas que se trasladarán a España por valija diplomática.Se habla de dos millones de nacionalizados. Solo en Buenos Aires, las peticiones se han elevado a 645.000. Los votos podrían repartirse luego por provincias según las conveniencias electorales del PSOE sanchista. Las encuestas científicamente serias certifican hoy la debacle del PSOE y otorgan a la suma del Partido Popular y Vox por encima de los 200 escaños. Sin embargo, los sondeos resultarían burlados por la jugarreta de un censo electoral considerablemente acrecentado por la «ley de nietos», de forma legal desde el punto de vista de las exigencias de nuestra Constitución. Varios destacados sanchistas están gestionando la operación en cada uno de los puntos más sensibles de América. Se manejan cifras totales descomunales, pero solo las sabremos cuando se haga público el censo electoral. Pedro Sánchez, en fin, no está vencido. Se equivocan los que proclaman su descalabro. El líder sanchista sudará la camiseta hasta el final para evitar que le trasladen desde la silla curul del Palacio de la Moncloa hasta el banquillo de los acusados en la Sala Segunda del Tribunal Supremo.Luis María Anson, de la Real Academia Española.
