Quedan las celebraciones tras la demostración de España ante el mundo frente a Argentina el domingo. Fiesta en un ambiente de euforia más que justificado. No solo logramos la segunda estrella por resultado, sino por ser los mejores. En el último partido y en los demás. La más brillante escuadra, los más conjuntados, el juego más eficaz y vistoso. Reconocía ayer un comunicador argentino que su selección estuvo a años luz de la nuestra. Confesión que le honra. Hubiera sido bueno también que los jugadores albicelestes hubiesen perdido con altura. Lo hizo Messi, ejemplo de juego y caballerosidad. Saludó y felicitó a los españoles, como procede hacer con deportividad cuando se pierde. Se da la enhorabuena al vencedor y listo. Messi sí, pero los demás no. Algunos incluso se comportaron con ruindad. Otros con violencia. Gestos de mal perdedor. Ni supieron competir ni perder, tras protagonizar un mundial de juego a trompicones con ayudas visibles. No fue esta la Argentina grande de tantas ocasiones. La poderosa fue España, así reconocido por la Prensa internacional. Y hasta por los medios más ultranacionalistas de Cataluña y País Vasco. El héroe, más allá de Ferrán, es el gran Luis de la Fuente. Como jugador del Athletic o del Alavés brilló poco, pero como seleccionador colecciona más títulos que nadie. Dos Eurocopas con la sub-19 y la sub-21, una Copa de Europa, una Liga de las Naciones y un Mundial con la primera marca. Trump le dijo al saludarle que lo quiere para el equipo gringo. Trump piensa que en este mundo todo se compra con dinero. Luis se lo agradeció, pero le respondió que su compromiso es y está con España. Tiene aún que ganar el próximo Mundial. Todo un señor y un director de orquesta como pocos, que sabe conjuntar a jugadores venidos de los más diversos equipos. De algunos ni habíamos oído hablar aquí. Juegan en el Arsenal, en el Tottenham o en el Crystal Palace. En el City ha crecido Rodri, alma y cerebro del equipo, tras De la Fuente. Nuestro entrenador es el continuador natural de Del Bosque. Tan noble, humilde y buena persona como Vicente. Tan sabio como Luis Aragonés. Tres ases de la dirección de orquesta que han cambiado por entero la imagen futbolística de España. Antes teníamos solo clubes (el Madrid y el Barça). El combinado nacional no brillaba. Nunca pasaba de cuartos, con tácticas aburridas de cerocerismo, con el estilo rocoso de Clemente, Camacho o Iñaki Sáez. O mareando la pelota en horizontal como con Hierro. Ahora jugamos a tirar y a ganar, a dominar, a hacer un fútbol vistoso y a competir siempre con los mejores. Ya estamos en el podio de los mundiales por encima de Inglaterra, igualados a Francia, a un paso de Argentina, a dos de Italia o Alemania. Brasil, al frente del palmarés, no gana un Mundial desde hace 24 años. España es con diferencia el equipo emergente. La camiseta roja que se ha puesto de moda. El invitado inesperado que se ha comido un pastel hecho en orig
El aclamado Luis de la Fuente rechaza una oferta de Trump
Quedan las celebraciones tras la demostración de España ante el mundo frente a Argentina el domingo. Fiesta en un ambiente de euforia más que justificado. No solo logramos la segunda estrella por resultado, sino por ser los mejores. En el último partido y en los demás. La más brillante escuadra, los más conjuntados, el juego más eficaz y vistoso. Reconocía ayer un comunicador argentino que su selección estuvo a años luz de la nuestra. Confesión que le honra. Hubiera sido bueno también que los jugadores albicelestes hubiesen perdido con altura. Lo hizo Messi, ejemplo de juego y caballerosidad. Saludó y felicitó a los españoles, como procede hacer con deportividad cuando se pierde. Se da la enhorabuena al vencedor y listo. Messi sí, pero los demás no. Algunos incluso se comportaron con ruindad. Otros con violencia. Gestos de mal perdedor. Ni supieron competir ni perder, tras protagonizar un mundial de juego a trompicones con ayudas visibles. No fue esta la Argentina grande de tantas ocasiones. La poderosa fue España, así reconocido por la Prensa internacional. Y hasta por los medios más ultranacionalistas de Cataluña y País Vasco.El héroe, más allá de Ferrán, es el gran Luis de la Fuente. Como jugador del Athletic o del Alavés brilló poco, pero como seleccionador colecciona más títulos que nadie. Dos Eurocopas con la sub-19 y la sub-21, una Copa de Europa, una Liga de las Naciones y un Mundial con la primera marca. Trump le dijo al saludarle que lo quiere para el equipo gringo. Trump piensa que en este mundo todo se compra con dinero. Luis se lo agradeció, pero le respondió que su compromiso es y está con España. Tiene aún que ganar el próximo Mundial. Todo un señor y un director de orquesta como pocos, que sabe conjuntar a jugadores venidos de los más diversos equipos. De algunos ni habíamos oído hablar aquí. Juegan en el Arsenal, en el Tottenham o en el Crystal Palace. En el City ha crecido Rodri, alma y cerebro del equipo, tras De la Fuente. Nuestro entrenador es el continuador natural de Del Bosque. Tan noble, humilde y buena persona como Vicente. Tan sabio como Luis Aragonés. Tres ases de la dirección de orquesta que han cambiado por entero la imagen futbolística de España.Antes teníamos solo clubes (el Madrid y el Barça). El combinado nacional no brillaba. Nunca pasaba de cuartos, con tácticas aburridas de cerocerismo, con el estilo rocoso de Clemente, Camacho o Iñaki Sáez. O mareando la pelota en horizontal como con Hierro. Ahora jugamos a tirar y a ganar, a dominar, a hacer un fútbol vistoso y a competir siempre con los mejores. Ya estamos en el podio de los mundiales por encima de Inglaterra, igualados a Francia, a un paso de Argentina, a dos de Italia o Alemania. Brasil, al frente del palmarés, no gana un Mundial desde hace 24 años.España es con diferencia el equipo emergente. La camiseta roja que se ha puesto de moda. El invitado inesperado que se ha comido un pastel hecho en origen
