La jornada de este domingo 19 de julio de 2026 ya está inscrita en la historia deportiva de España, con letras de oro. Pero conviene precisar que, si bien su motivación básica, por supuesto, deviene del éxito futbolístico mundial alcanzado por nuestra selección nacional de fútbol, –en este caso la masculina– su relevancia no es debida solo, ni especialmente, por ello. Es debido al impacto que ese éxito ha causado en la sociedad española, destacando en ella a la juventud –y tanto a la masculina como a la femenina– que ha salido masivamente a la calle, expresando un auténtico y desbordante entusiasmo popular. Para exteriorizar un sentimiento de pertenencia a una Patria común, sintiendo ese éxito como algo propio y compartido. Además de ello, no puede olvidarse la gran audiencia alcanzada por los medios audiovisuales, en este caso de manera destacada por la TV, que superó la cifra de 20 millones de televidentes. No es una frivolidad, ni mucho menos es una exageración, el destacar estos datos, por cuanto semejante manifestación del sentimiento español, –incluida y destacada la enseña nacional–, a nivel popular parecía encontrarse sumido en una situación de clara decadencia. Significando una presunta pérdida de la conciencia de pertenencia a una nación protagonista de no pocas gestas que a lo largo de la Historia mundial han tenido singular importancia en el desarrollo de la misma. De hecho, los flujos migratorios en España y el conjunto de la UE, ya es conocido que están provocando notables cambios en sus sociedades, que se proyectan en su cultura, sus valores y su religión. Sobre lo cual ya se ha escrito mucho, por cuanto es una delicada e importante cuestión, aunque en España tiene un relativo menor impacto que en otros países, debido a la destacada proporción de la inmigración procedente de Hispanoamérica. Con cuyos nacionales compartimos elementos muy destacados de los que conforman la identidad nacional de cada uno de sus países de procedencia. Entre los cuales, es evidente que la lengua y la religión ocupan un papel preeminente que facilita una auténtica integración social en la sociedad española de acogida. Es un fruto muy relevante derivado de la misión evangelizadora de España en América, que no fue en absoluto una conquista imperialista con el objetivo de adueñarse de sus bienes naturales económicos. Como los envidiosos rivales y competidores de España, que sí que actuaron así, con su «leyenda negra», han querido descalificarla. Llegando nada menos que a afirmar una voluntad de exterminar y esclavizar a la población indígena. Con la que nuestros predecesores conquistadores, se fusionaron en un auténtico mestizaje, del que son sucesores los ahora inmigrantes a la «Madre Patria».
Exteriorizar un sentimiento de pertenencia a una Patria común, sintiendo ese éxito como algo propio y compartido
La jornada de este domingo 19 de julio de 2026 ya está inscrita en la historia deportiva de España, con letras de oro. Pero conviene precisar que, si bien su motivación básica, por supuesto, deviene del éxito futbolístico mundial alcanzado por nuestra selección nacional de fútbol, –en este caso la masculina– su relevancia no es debida solo, ni especialmente, por ello. Es debido al impacto que ese éxito ha causado en la sociedad española, destacando en ella a la juventud –y tanto a la masculina como a la femenina– que ha salido masivamente a la calle, expresando un auténtico y desbordante entusiasmo popular. Para exteriorizar un sentimiento de pertenencia a una Patria común, sintiendo ese éxito como algo propio y compartido. Además de ello, no puede olvidarse la gran audiencia alcanzada por los medios audiovisuales, en este caso de manera destacada por la TV, que superó la cifra de 20 millones de televidentes. No es una frivolidad, ni mucho menos es una exageración, el destacar estos datos, por cuanto semejante manifestación del sentimiento español, –incluida y destacada la enseña nacional–, a nivel popular parecía encontrarse sumido en una situación de clara decadencia. Significando una presunta pérdida de la conciencia de pertenencia a una nación protagonista de no pocas gestas que a lo largo de la Historia mundial han tenido singular importancia en el desarrollo de la misma. De hecho, los flujos migratorios en España y el conjunto de la UE, ya es conocido que están provocando notables cambios en sus sociedades, que se proyectan en su cultura, sus valores y su religión. Sobre lo cual ya se ha escrito mucho, por cuanto es una delicada e importante cuestión, aunque en España tiene un relativo menor impacto que en otros países, debido a la destacada proporción de la inmigración procedente de Hispanoamérica. Con cuyos nacionales compartimos elementos muy destacados de los que conforman la identidad nacional de cada uno de sus países de procedencia. Entre los cuales, es evidente que la lengua y la religión ocupan un papel preeminente que facilita una auténtica integración social en la sociedad española de acogida. Es un fruto muy relevante derivado de la misión evangelizadora de España en América, que no fue en absoluto una conquista imperialista con el objetivo de adueñarse de sus bienes naturales económicos. Como los envidiosos rivales y competidores de España, que sí que actuaron así, con su «leyenda negra», han querido descalificarla. Llegando nada menos que a afirmar una voluntad de exterminar y esclavizar a la población indígena. Con la que nuestros predecesores conquistadores, se fusionaron en un auténtico mestizaje, del que son sucesores los ahora inmigrantes a la «Madre Patria».
