No contento con recomendar canciones y libros, ninguno de los cuales pienso escuchar o leer, anuncia ahora Sánchez a todo platillo que está dispuesto a hacer el esfuerzo de dejar por unas horas su Palacio de Verano en La Mareta (1.900 metros cuadrados en una parcelita de 40.000) para ver el eclipse desde el Observatorio. Astronómico de Yebes, en Guadalajara, más o menos como cualquier otro ciudadano. de a pie.. Los españoles de Ceuta no saldrán ni a las terrazas, por miedo a que se les cuele algún marroquí en calzoncillos en el dormitorio, como le ocurrió el otro día a Beatriz, vecina de la ciudad que se encontró al despertar con un maromo de 20 años tumbado en su misma cama. Hay aún diez mil magrebíes vagabundeando por parques y playas, pero a eso Marlaska le llama normalidad.. O sea, más o menos como el ambiente del que disfruta el señor ministro en su exclusivo barrio de El Escorial, desde donde está todo preparado para el acontecimiento del siglo, en expresión semibíblica de nuestro gran timonel, convertido en espontáneo disyóquey, hombre-del-clima e interpretador de fenómenos ultraterrenos, habida cuenta de su experiencia en la organización del Apagón. Sánchez sabe mucho de esto. Lleva meses empollándose las predicciones de Nostradamus, versión mejorada por Rappel. Parece que tal día como mañana caerá del cielo el Rey de las Desgracias (las que faltaban), y que después reinará Marte.. De modo que aquí estamos, soportando la galbana en bañador, en plena emergencia climática, con las dichosas gafas de a 4 euros y sin saber muy bien qué hacer, dado que desconocemos si la maldición está en mirar al cielo o en hacer justo al revés.. Parece que lo va a explicar Sánchez a bordo del Falcon vía intervención estelar por TikTok, con lo que es previsible que el personal haga lo contrario, no vaya a ser que sea una de sus habituales trampas y nos sorprenda el apocalipsis sin estar preparados, sin haber hecho caso a los oráculos que pregonan el fin del mundo y aconsejan tener listo el petate para irnos al otro, aunque no explican cómo será ni en qué consiste, solo que empezará cuando la extraña alineación de los planetas diseñe en el espacio la cruz cósmica que dejará a la Tierra rodeada por el Sol, la Luna, Urano, Júpiter, Mercurio, Saturno y sobre todo Marte, que es quien al aparecer sale ganando de todo esto. Una misteriosa y fea conjunción galáctica apenas explicable por Leire Pajín, que, como bien recordamos, predijo en su día las desgracias de Zetapé. Después de lo cual vendrá el black-out, la gran oscuridad del sol negro y cenizo de este eclipse sanchista que inundará de umbra y penumbra a más de media España.. De manera que aquí estamos, a la espera de que Pedro revele el suceso, temiendo por si el eclipse nos eclipsa, ansiosos por ver la noche en pleno día, cómo se van los calores y llega de golpe el frío, recelosos ante la incertidumbre de no saber qué estará maquinando él con Begoña desde su modesto retiro canario, 10.000 metros de jardín con tres piscinas, un lago, helipuerto y playa privada.. A esto y al caos de Ceuta también hay que llamarle Nueva Normalidad.
La Mareta y el caos de Ceuta forman parte de la Nueva Normalidad
No contento con recomendar canciones y libros, ninguno de los cuales pienso escuchar o leer, anuncia ahora Sánchez a todo platillo que está dispuesto a hacer el esfuerzo de dejar por unas horas su Palacio de Verano en La Mareta (1.900 metros cuadrados en una parcelita de 40.000) para ver el eclipse desde el Observatorio. Astronómico de Yebes, en Guadalajara, más o menos como cualquier otro ciudadano. de a pie.. Los españoles de Ceuta no saldrán ni a las terrazas, por miedo a que se les cuele algún marroquí en calzoncillos en el dormitorio, como le ocurrió el otro día a Beatriz, vecina de la ciudad que se encontró al despertar con un maromo de 20 años tumbado en su misma cama. Hay aún diez mil magrebíes vagabundeando por parques y playas, pero a eso Marlaska le llama normalidad.. O sea, más o menos como el ambiente del que disfruta el señor ministro en su exclusivo barrio de El Escorial, desde donde está todo preparado para el acontecimiento del siglo, en expresión semibíblica de nuestro gran timonel, convertido en espontáneo disyóquey, hombre-del-clima e interpretador de fenómenos ultraterrenos, habida cuenta de su experiencia en la organización del Apagón. Sánchez sabe mucho de esto. Lleva meses empollándose las predicciones de Nostradamus, versión mejorada por Rappel. Parece que tal día como mañana caerá del cielo el Rey de las Desgracias (las que faltaban), y que después reinará Marte.. De modo que aquí estamos, soportando la galbana en bañador, en plena emergencia climática, con las dichosas gafas de a 4 euros y sin saber muy bien qué hacer, dado que desconocemos si la maldición está en mirar al cielo o en hacer justo al revés.. Parece que lo va a explicar Sánchez a bordo del Falcon vía intervención estelar por TikTok, con lo que es previsible que el personal haga lo contrario, no vaya a ser que sea una de sus habituales trampas y nos sorprenda el apocalipsis sin estar preparados, sin haber hecho caso a los oráculos que pregonan el fin del mundo y aconsejan tener listo el petate para irnos al otro, aunque no explican cómo será ni en qué consiste, solo que empezará cuando la extraña alineación de los planetas diseñe en el espacio la cruz cósmica que dejará a la Tierra rodeada por el Sol, la Luna, Urano, Júpiter, Mercurio, Saturno y sobre todo Marte, que es quien al aparecer sale ganando de todo esto. Una misteriosa y fea conjunción galáctica apenas explicable por Leire Pajín, que, como bien recordamos, predijo en su día las desgracias de Zetapé. Después de lo cual vendrá el black-out, la gran oscuridad del sol negro y cenizo de este eclipse sanchista que inundará de umbra y penumbra a más de media España.. De manera que aquí estamos, a la espera de que Pedro revele el suceso, temiendo por si el eclipse nos eclipsa, ansiosos por ver la noche en pleno día, cómo se van los calores y llega de golpe el frío, recelosos ante la incertidumbre de no saber qué estará maquinando él con Begoña desde su modesto retiro canario, 10.000 metros de jardín con tres piscinas, un lago, helipuerto y playa privada.. A esto y al caos de Ceuta también hay que llamarle Nueva Normalidad.
