El Atlético empató contra el Villarreal y ahora tiene que decidir con qué sentimiento se queda: con el orgullo de empatar el partido cuando tenía un jugador menos; con la indignación, probablemente equivocada, por el penalti pitado a Le Normand o con la relación, tan rota, entre la afición y su estrella, Julián Álvarez. El Atlético, pues, es una mezcla extraña de sensaciones, aunque hay hechos que son sagrados: hasta que no salieron Barrios y Baena, hasta que el equipo no necesitó la épica, el fútbol rojiblanco fue más bien sosote, sin peligro. Después, mejoró, pero hay futbolistas que no pueden faltar en el once de Simeone si quiere que su equipo coja vuelo ante rivales ordenados como el Villarreal.. Un Villarreal bueno, pero sin pasión. Íñigo Pérez se ha ganado el derecho a disfrutar del reto de subir un par de escalones en su ambición. Del excelente Rayo Vallecano que dirigió el curso pasado, ahora tiene que hacer competitivo y victorioso al Villarreal, que hereda de Marcelino. No es mal equipo, pero en el Metropolitano le faltó pasión o convicción para ganar el partido. Fue levemente mejor que el Atlético, tuvo más ocasiones y, sin embargo, se fue con un empate que, dio la impresión, no le molestó. La rebeldía final del Atlético, el coraje con el que afrontó los últimos minutos, dejó en evidencia al equipo amarillo.. El drama de Julián Álvarez. Los de Simeone no saben todavía a qué pueden aspirar, pues todavía están lejos de ser lo que quieren. Pero lo más urgente y necesario para el buen devenir del equipo y del club es resolver la situación de Julián Álvarez. Y solo hay dos caminos: o antes de que cierre el mercado se le vende al Barcelona o al Arsenal, o se le pide al futbolista que haga algo para solucionar su relación con una hinchada que no hace mucho le amaba y ahora prefiere verle lejos. Es, en fin, el amor o el fin del amor. Pero, si el argentino se queda, tiene que ser un bache, no una despedida. Ahora bien, la situación es grave. No hacía falta ser adivino para saber lo que iba a suceder cuando su nombre fuese recitado por los altavoces del Metropolitano antes del encuentro. Como fue suplente, se le nombró el último, solo antes de Simeone, y entonces estalló la tormenta: una pitada descomunal, unánime, un rechazo o despecho que tiene mala cura.. La cara de Julián Álvarez, al que enseguida buscaron las cámaras, era, como se dice, un poema. Pero no rimaba con nada bueno. Después, en la segunda mitad, saltó al campo y también recibió su dosis de odio por parte de la grada del Atlético. Ni una sonrisa salió de su cara y, cuando todos los futbolistas, al final del partido, fueron a aplaudir a la grada, el futbolista se marchó solo, sin mirar hacia atrás. Si fuera una película, no podría haber un final más triste.. Pero la historia va a continuar. Y el Atlético tiene que solventarla porque le despista demasiado. Entre los feos de Julián y la grada, hubo un partido, sobre todo una segunda parte, cuando sucedió de todo.. Lo primero, el golazo de Pubill, que se acercó por el área y desde ahí remató como un delantero centro, de rosca y al palo contrario.. La jugada polémica. No había hecho el Atlético más que el Villarreal, pero se ponía por delante. El problema es que no consiguió mantener la renta. Hjulmand se puso demasiado nervioso en una pérdida de balón cerca del área y cometió un penalti por su reacción excesiva. Quedaba, sin embargo, la acción fundamental. Le Normand solo pudo parar a Mikautadze con un empujón a dos manos cuando iba a rematar tras un largo esprint. Fue el típico empujón para molestar, pero mucho más descarado. El colegiado, Hernández Hernández, lo dejó pasar, pero el VAR no. Cuando fue a verlo, lo señaló.. Ir con el marcador en contra y con uno menos sentó bien al Atlético. Como si la épica fuese la solución a todos los problemas: no había que pensar, solo unirse contra el rival y ahí, en ese rato, se encontró el Atlético.. El Atlético de Madrid afronta su segundo compromiso liguero con apenas cuatro días de margen después de estrenarse con victoria por 2-0 frente al Málaga. El conjunto de Diego Pablo Simeone tuvo dificultades para generar ocasiones durante buena parte del encuentro, pero encontró la diferencia desde el banquillo: Kang-in Lee abrió el marcador en el minuto 69 y Álex Baena sentenció de falta directa en el 84. En esta ocasión, los de Cholo pelean ante un rival a priori más exigente: el Villarreal. El submarino amarillo, que llega con un punto después del 2-2 de El Sardinero, quiere empezar a sumar de tres en tres en el coliseo rojiblanco.. Atlético-Villarreal: jornada 2 de LaLiga EA Sports, en vivo online
El conjunto de Simeone igualó el partido después de que el Villarreal remontase con dos penaltis. El argentino fue muy pitado y se marchó cuando sus compañeros saludaban al público
El Atlético de Madrid afronta su segundo compromiso liguero con apenas cuatro días de margen después de estrenarse con victoria por 2-0 frente al Málaga. El conjunto de Diego Pablo Simeone tuvo dificultades para generar ocasiones durante buena parte del encuentro, pero encontró la diferencia desde el banquillo: Kang-in Lee abrió el marcador en el minuto 69 y Álex Baena sentenció de falta directa en el 84. En esta ocasión, los de Cholo pelean ante un rival a priori más exigente: el Villarreal. El submarino amarillo, que llega con un punto después del 2-2 de El Sardinero, quiere empezar a sumar de tres en tres en el coliseo rojiblanco.
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