A la Santa Sede comienzan a salirle las cuentas. Y todo, después de una sombra de bancarrota en el horizonte durante años, escándalos financieros, sospechas de chiringuitos fiscales, ausencia de transparencia por falta de auditorías y un desorden estructural que amenazaba con hacer insostenible el organigrama vaticano. Sobre la mesa, por primera vez en décadas, se ha cerrado un ejercicio con superávit. En concreto, con 1,6 millones de euros gracias a un cóctel de más ingresos y control de los gastos. En paralelo, el déficit operativo en 2024 se redujo prácticamente a la mitad respecto al año anterior: de 83,5 millones de euros a 44, gracias a operaciones extraordinarias que han dado un balón de oxígeno.
A estas cifras, que se desvelaron hace unos meses, se suman otros brotes verdes que se han dado a conocer este verano. El IOR, esto es, el Banco Vaticano, alcanzó un beneficio neto récord el pasado año de 51 millones de euros, un 55% más que en 2024. En 2025, los activos netos del APSA, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, aumentaron hasta los 2.686 millones de euros, 89 más con respecto a 2024, con un resultado operativo de 22,8 millones. Esto fue posible gracias a una administración más eficiente de las cerca de 5.500 propiedades que gestiona dentro y fuera de Italia. Además, el Óbolo de San Pedro, la plataforma que centraliza las donaciones papales, obtuvo 57,6 millones de euros en ingresos.
Pero, ¿qué ha cambiado en el cepillo vaticano? Hay quien lo cataloga ya como «el milagro español», con un nombre propio: el extremeño de 66 años Maximino Caballero, el «ministro» de Economía de la Santa Sede, que forma parte del engranaje de los muros vaticanos desde hace más de seis años.
Desde su entorno se muestran más prudentes. Son conscientes de que se ha marcado un punto de inflexión, pero están lejos de dar por resuelto el problema. Y es que, hoy por hoy, la Santa Sede se enfrenta a lo que podría catalogarse como un agujero estructural: no genera el suficiente dinero con su actividad ordinaria para pagar lo que cuesta mantenerla. Es decir, padece lo que Francisco denominaba «elefantiasis», o lo que es lo mismo, unos gastos excesivos en el funcionamiento y el personal del día a día de la Curia, de representación institucional y diplomática, de mantenimiento y gestión del patrimonio…
«Para hacerse una idea del descontrol, no había área de recursos humanos, cada departamento elegía a cualquier empresa para un trabajo sin orden ni concierto, no existía ni siquiera un registro oficial que permitiera contar cuántos inmuebles tenía la Iglesia en propiedad…», relata alguien conocedor de la realidad vaticana a LA RAZÓN. Este contexto es el que provocó lo que esta fuente denomina «corruptelas, como contratos a dedo, viviendas de uso cardenalicio realquiladas por familiares o pagos en sobres por servicios en algunos dicasterios que nunca se registraban…».
Desde ahí se explican escándalos como la fraudulenta compraventa de un edificio en Londres, dentro del llamado caso «Becciu», que convirtió a Angelo Becciu en el primer cardenal de la historia defenestrado tras ser condenado por la propia justicia vaticana por malversación, lo que llevó a este purpurado a no entrar en la Capilla Sixtina el pasado año para elegir al Sucesor de Pedro.
Los números rojos curiales llegaron a preocupar tanto que fue uno de los principales quebraderos de cabeza de Benedicto XVI y un tema recurrente en las reuniones de cardenales previas al cónclave que eligió a Francisco. De hecho, en las congregaciones generales de 2013 se emplazó directamente al futuro Papa a abordar esta crisis como prioritaria. Y así lo hizo Jorge Mario Bergoglio. De puertas para afuera, el Pontífice argentino disparó su popularidad por su impronta social, su apuesta por los pobres y sus reformas pastorales. De puertas para adentro, y de forma callada, cocinó durante doce años la actual revolución económica de la Santa Sede. Cuando no había cumplido un año como Papa, en febrero de 2014, creaba la Secretaría para la Economía. O dicho de otro modo, la Iglesia bimilenaria estrenaba Ministerio de Economía.
Tras un primer intento de enderezar la quiebra estructural capitaneado por el fallecido cardenal australiano George Pell, Bergoglio da un giro y apuesta por el jesuita español Juan Antonio Guerrero, que tomó posesión como prefecto el 1 de enero de 2020, y ficha como segundo de a bordo a Maximino Caballero. Juntos elaboran una estrategia a medio plazo y se fraguan los principales cambios, entre ellos, desplazar el poder económico de la Secretaría de Estado hacia la Secretaría para la Economía. En 2022, Guerrero deja el cargo por enfermedad y Caballero asume el liderazgo, de la mano de la nueva Constitución Praedicate Evangelium, que le da competencias para preparar el presupuesto anual, los balances consolidados, establecer la estrategia a presente y futuro, así como vigilar y controlar económicamente a las instituciones de la Curia.
Según ha podido confirmar LA RAZÓN, esta responsabilidad en manos de un no italiano no ha sido bien acogida por algunos lobbies vaticanos, que han visto cómo la supervisión efectiva de Caballero ha limitado al extremo su radio de acción. A esto se suma la rendición de cuentas obligada de cada área y el hecho de que unos y otros hayan tenido que apretarse el cinturón.
Fuentes eclesiales comparten cómo en las jornadas previas al cónclave en el que fue elegido Robert Prevost había «un temor grande a que finalmente fuera elegido un italiano, porque todo volvería a ser como antes». «Es más, se inició una campaña mediática para intentar hacer ver que Francisco había llevado a la ruina al Vaticano por la reducción de donantes norteamericanos, una ‘‘fake news’’ que se desmontó a puerta cerrada en las congregaciones generales cuando se presentó el correspondiente informe». Cuentan quienes estuvieron presentes en esa reunión que aplauden la determinación para defender la reforma bergogliana a la española que tuvo el cardenal alemán Reinhard Marx, como coordinador del Consejo para la Economía, órgano que tiene una labor de supervisión no ejecutiva.
Hasta ahora, con la prudencia que le caracteriza, León XIV ha venido a respaldar precisamente esta impronta. De hecho, hace diez días, el Papa confirmaba a Marx como coordinador del Consejo para otros cinco años más. De la misma manera, se da por hecho que el Papa agustino mantendrá a Caballero en su puesto, al menos hasta diciembre de 2027, cuando cumple su quinquenio como prefecto. Hasta la fecha, Robert Prevost solo se ha pronunciado sobre las cuentas vaticanas en el diálogo que mantuvo hace un año con la periodista Elise Ann Allen para su libro-biografía «León XIV. Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI» (Debate). El Pontífice matemático no dejó lugar a dudas: «Tenemos que continuar el proceso de reforma de Francisco».
A la Santa Sede comienzan a salirle las cuentas. Y todo, después de una sombra de bancarrota en el horizonte durante años, escándalos financieros, sospechas de chiringuitos fiscales, ausencia de transparencia por falta de auditorías y un desorden estructural que amenazaba con hacer insostenible el organigrama vaticano. Sobre la mesa, por primera vez en décadas, se ha cerrado un ejercicio con superávit. En concreto, con 1,6 millones de euros gracias a un cóctel de más ingresos y control de los gastos. En paralelo, el déficit operativo en 2024 se redujo prácticamente a la mitad respecto al año anterior: de 83,5 millones de euros a 44, gracias a operaciones extraordinarias que han dado un balón de oxígeno.. A estas cifras, que se desvelaron hace unos meses, se suman otros brotes verdes que se han dado a conocer este verano. El IOR, esto es, el Banco Vaticano, alcanzó un beneficio neto récord el pasado año de 51 millones de euros, un 55% más que en 2024. En 2025, los activos netos del APSA, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, aumentaron hasta los 2.686 millones de euros, 89 más con respecto a 2024, con un resultado operativo de 22,8 millones. Esto fue posible gracias a una administración más eficiente de las cerca de 5.500 propiedades que gestiona dentro y fuera de Italia. Además, el Óbolo de San Pedro, la plataforma que centraliza las donaciones papales, obtuvo 57,6 millones de euros en ingresos.. Pero, ¿qué ha cambiado en el cepillo vaticano? Hay quien lo cataloga ya como «el milagro español», con un nombre propio: el extremeño de 66 años Maximino Caballero, el «ministro» de Economía de la Santa Sede, que forma parte del engranaje de los muros vaticanos desde hace más de seis años.. Desde su entorno se muestran más prudentes. Son conscientes de que se ha marcado un punto de inflexión, pero están lejos de dar por resuelto el problema. Y es que, hoy por hoy, la Santa Sede se enfrenta a lo que podría catalogarse como un agujero estructural: no genera el suficiente dinero con su actividad ordinaria para pagar lo que cuesta mantenerla. Es decir, padece lo que Francisco denominaba «elefantiasis», o lo que es lo mismo, unos gastos excesivos en el funcionamiento y el personal del día a día de la Curia, de representación institucional y diplomática, de mantenimiento y gestión del patrimonio…. «Para hacerse una idea del descontrol, no había área de recursos humanos, cada departamento elegía a cualquier empresa para un trabajo sin orden ni concierto, no existía ni siquiera un registro oficial que permitiera contar cuántos inmuebles tenía la Iglesia en propiedad…», relata alguien conocedor de la realidad vaticana a LA RAZÓN. Este contexto es el que provocó lo que esta fuente denomina «corruptelas, como contratos a dedo, viviendas de uso cardenalicio realquiladas por familiares o pagos en sobres por servicios en algunos dicasterios que nunca se registraban…».. Desde ahí se explican escándalos como la fraudulenta compraventa de un edificio en Londres, dentro del llamado caso «Becciu», que convirtió a Angelo Becciu en el primer cardenal de la historia defenestrado tras ser condenado por la propia justicia vaticana por malversación, lo que llevó a este purpurado a no entrar en la Capilla Sixtina el pasado año para elegir al Sucesor de Pedro.. Los números rojos curiales llegaron a preocupar tanto que fue uno de los principales quebraderos de cabeza de Benedicto XVI y un tema recurrente en las reuniones de cardenales previas al cónclave que eligió a Francisco. De hecho, en las congregaciones generales de 2013 se emplazó directamente al futuro Papa a abordar esta crisis como prioritaria. Y así lo hizo Jorge Mario Bergoglio. De puertas para afuera, el Pontífice argentino disparó su popularidad por su impronta social, su apuesta por los pobres y sus reformas pastorales. De puertas para adentro, y de forma callada, cocinó durante doce años la actual revolución económica de la Santa Sede. Cuando no había cumplido un año como Papa, en febrero de 2014, creaba la Secretaría para la Economía. O dicho de otro modo, la Iglesia bimilenaria estrenaba Ministerio de Economía.. Tras un primer intento de enderezar la quiebra estructural capitaneado por el fallecido cardenal australiano George Pell, Bergoglio da un giro y apuesta por el jesuita español Juan Antonio Guerrero, que tomó posesión como prefecto el 1 de enero de 2020, y ficha como segundo de a bordo a Maximino Caballero. Juntos elaboran una estrategia a medio plazo y se fraguan los principales cambios, entre ellos, desplazar el poder económico de la Secretaría de Estado hacia la Secretaría para la Economía. En 2022, Guerrero deja el cargo por enfermedad y Caballero asume el liderazgo, de la mano de la nueva Constitución Praedicate Evangelium, que le da competencias para preparar el presupuesto anual, los balances consolidados, establecer la estrategia a presente y futuro, así como vigilar y controlar económicamente a las instituciones de la Curia.. Según ha podido confirmar LA RAZÓN, esta responsabilidad en manos de un no italiano no ha sido bien acogida por algunos lobbies vaticanos, que han visto cómo la supervisión efectiva de Caballero ha limitado al extremo su radio de acción. A esto se suma la rendición de cuentas obligada de cada área y el hecho de que unos y otros hayan tenido que apretarse el cinturón.. Fuentes eclesiales comparten cómo en las jornadas previas al cónclave en el que fue elegido Robert Prevost había «un temor grande a que finalmente fuera elegido un italiano, porque todo volvería a ser como antes». «Es más, se inició una campaña mediática para intentar hacer ver que Francisco había llevado a la ruina al Vaticano por la reducción de donantes norteamericanos, una ‘‘fake news’’ que se desmontó a puerta cerrada en las congregaciones generales cuando se presentó el correspondiente informe». Cuentan quienes estuvieron presentes en esa reunión que aplauden la determinación para defender la reforma bergogliana a la española que tuvo el cardenal alemán Reinhard Marx, como coordinador del Consejo para la Economía, órgano que tiene una labor de supervisión no ejecutiva.. Hasta ahora, con la prudencia que le caracteriza, León XIV ha venido a respaldar precisamente esta impronta. De hecho, hace diez días, el Papa confirmaba a Marx como coordinador del Consejo para otros cinco años más. De la misma manera, se da por hecho que el Papa agustino mantendrá a Caballero en su puesto, al menos hasta diciembre de 2027, cuando cumple su quinquenio como prefecto. Hasta la fecha, Robert Prevost solo se ha pronunciado sobre las cuentas vaticanas en el diálogo que mantuvo hace un año con la periodista Elise Ann Allen para su libro-biografía «León XIV. Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI» (Debate). El Pontífice matemático no dejó lugar a dudas: «Tenemos que continuar el proceso de reforma de Francisco».
León XIV respalda el «milagro» económico de la Santa Sede capitaneado por el extremeño Maximino Caballero
A la Santa Sede comienzan a salirle las cuentas. Y todo, después de una sombra de bancarrota en el horizonte durante años, escándalos financieros, sospechas de chiringuitos fiscales, ausencia de transparencia por falta de auditorías y un desorden estructural que amenazaba con hacer insostenible el organigrama vaticano. Sobre la mesa, por primera vez en décadas, se ha cerrado un ejercicio con superávit. En concreto, con 1,6 millones de euros gracias a un cóctel de más ingresos y control de los gastos. En paralelo, el déficit operativo en 2024 se redujo prácticamente a la mitad respecto al año anterior: de 83,5 millones de euros a 44, gracias a operaciones extraordinarias que han dado un balón de oxígeno.. A estas cifras, que se desvelaron hace unos meses, se suman otros brotes verdes que se han dado a conocer este verano. El IOR, esto es, el Banco Vaticano, alcanzó un beneficio neto récord el pasado año de 51 millones de euros, un 55% más que en 2024. En 2025, los activos netos del APSA, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, aumentaron hasta los 2.686 millones de euros, 89 más con respecto a 2024, con un resultado operativo de 22,8 millones. Esto fue posible gracias a una administración más eficiente de las cerca de 5.500 propiedades que gestiona dentro y fuera de Italia. Además, el Óbolo de San Pedro, la plataforma que centraliza las donaciones papales, obtuvo 57,6 millones de euros en ingresos.. Pero, ¿qué ha cambiado en el cepillo vaticano? Hay quien lo cataloga ya como «el milagro español», con un nombre propio: el extremeño de 66 años Maximino Caballero, el «ministro» de Economía de la Santa Sede, que forma parte del engranaje de los muros vaticanos desde hace más de seis años.. Desde su entorno se muestran más prudentes. Son conscientes de que se ha marcado un punto de inflexión, pero están lejos de dar por resuelto el problema. Y es que, hoy por hoy, la Santa Sede se enfrenta a lo que podría catalogarse como un agujero estructural: no genera el suficiente dinero con su actividad ordinaria para pagar lo que cuesta mantenerla. Es decir, padece lo que Francisco denominaba «elefantiasis», o lo que es lo mismo, unos gastos excesivos en el funcionamiento y el personal del día a día de la Curia, de representación institucional y diplomática, de mantenimiento y gestión del patrimonio…. «Para hacerse una idea del descontrol, no había área de recursos humanos, cada departamento elegía a cualquier empresa para un trabajo sin orden ni concierto, no existía ni siquiera un registro oficial que permitiera contar cuántos inmuebles tenía la Iglesia en propiedad…», relata alguien conocedor de la realidad vaticana a LA RAZÓN. Este contexto es el que provocó lo que esta fuente denomina «corruptelas, como contratos a dedo, viviendas de uso cardenalicio realquiladas por familiares o pagos en sobres por servicios en algunos dicasterios que nunca se registraban…».. Desde ahí se explican escándalos como la fraudulenta compraventa de un edificio en Londres, dentro del llamado caso «Becciu», que convirtió a Angelo Becciu en el primer cardenal de la historia defenestrado tras ser condenado por la propia justicia vaticana por malversación, lo que llevó a este purpurado a no entrar en la Capilla Sixtina el pasado año para elegir al Sucesor de Pedro.. Los números rojos curiales llegaron a preocupar tanto que fue uno de los principales quebraderos de cabeza de Benedicto XVI y un tema recurrente en las reuniones de cardenales previas al cónclave que eligió a Francisco. De hecho, en las congregaciones generales de 2013 se emplazó directamente al futuro Papa a abordar esta crisis como prioritaria. Y así lo hizo Jorge Mario Bergoglio. De puertas para afuera, el Pontífice argentino disparó su popularidad por su impronta social, su apuesta por los pobres y sus reformas pastorales. De puertas para adentro, y de forma callada, cocinó durante doce años la actual revolución económica de la Santa Sede. Cuando no había cumplido un año como Papa, en febrero de 2014, creaba la Secretaría para la Economía. O dicho de otro modo, la Iglesia bimilenaria estrenaba Ministerio de Economía.. Tras un primer intento de enderezar la quiebra estructural capitaneado por el fallecido cardenal australiano George Pell, Bergoglio da un giro y apuesta por el jesuita español Juan Antonio Guerrero, que tomó posesión como prefecto el 1 de enero de 2020, y ficha como segundo de a bordo a Maximino Caballero. Juntos elaboran una estrategia a medio plazo y se fraguan los principales cambios, entre ellos, desplazar el poder económico de la Secretaría de Estado hacia la Secretaría para la Economía. En 2022, Guerrero deja el cargo por enfermedad y Caballero asume el liderazgo, de la mano de la nueva Constitución Praedicate Evangelium, que le da competencias para preparar el presupuesto anual, los balances consolidados, establecer la estrategia a presente y futuro, así como vigilar y controlar económicamente a las instituciones de la Curia.. Según ha podido confirmar LA RAZÓN, esta responsabilidad en manos de un no italiano no ha sido bien acogida por algunos lobbies vaticanos, que han visto cómo la supervisión efectiva de Caballero ha limitado al extremo su radio de acción. A esto se suma la rendición de cuentas obligada de cada área y el hecho de que unos y otros hayan tenido que apretarse el cinturón.. Fuentes eclesiales comparten cómo en las jornadas previas al cónclave en el que fue elegido Robert Prevost había «un temor grande a que finalmente fuera elegido un italiano, porque todo volvería a ser como antes». «Es más, se inició una campaña mediática para intentar hacer ver que Francisco había llevado a la ruina al Vaticano por la reducción de donantes norteamericanos, una ‘‘fake news’’ que se desmontó a puerta cerrada en las congregaciones generales cuando se presentó el correspondiente informe». Cuentan quienes estuvieron presentes en esa reunión que aplauden la determinación para defender la reforma bergogliana a la española que tuvo el cardenal alemán Reinhard Marx, como coordinador del Consejo para la Economía, órgano que tiene una labor de supervisión no ejecutiva.. Hasta ahora, con la prudencia que le caracteriza, León XIV ha venido a respaldar precisamente esta impronta. De hecho, hace diez días, el Papa confirmaba a Marx como coordinador del Consejo para otros cinco años más. De la misma manera, se da por hecho que el Papa agustino mantendrá a Caballero en su puesto, al menos hasta diciembre de 2027, cuando cumple su quinquenio como prefecto. Hasta la fecha, Robert Prevost solo se ha pronunciado sobre las cuentas vaticanas en el diálogo que mantuvo hace un año con la periodista Elise Ann Allen para su libro-biografía «León XIV. Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI» (Debate). El Pontífice matemático no dejó lugar a dudas: «Tenemos que continuar el proceso de reforma de Francisco».
