A pesar de que Carlos Cuerpo podría estar en el PP en lugar de en el PSOE, como es consustancial a algunos altos funcionarios del Estado faltos de cualquier ideología, no se le puede responsabilizar de la pésima política económica del Gobierno socialista comunista. No es más que la marioneta que mueve el inquilino de La Moncloa a su antojo, ya que ha optado por el despilfarro, la mala gestión y el endeudamiento. Cuerpo estará pensando en su salida para ocupar algún chollo internacional como hizo Calviño, aunque no sé si lo tendrá fácil. La vicepresidencia es el pasaporte que necesitaba para dar ese salto tan goloso. Me imagino, además, que ya lo tendrá localizado con su buena amiga la exvicepresidenta. A Sánchez lo que le interesa es comprar voluntades utilizando el dinero público y toda la gestión de su agónico mandato gira alrededor de su supervivencia. No hay que ser un gran economista para entender que la economía va bien gracias al esfuerzo de empresarios y trabajadores que sufren una brutal presión fiscal. Feijóo acierta al definir como «infierno fiscal» el modelo confiscatorio que ha organizado el régimen sanchista.. Esta voracidad sin límites es totalmente contraproducente, porque además de injusta hace que la excesiva recaudación se dirija a políticas improductivas. Me gusta cuando el incremento no es consecuencia del «infierno fiscal», sino del crecimiento sólido y diversificado de la economía. El coste de oportunidad que produce un gobierno populista de izquierda radical es enorme. Es cierto que muchas empresas no se van, pero se pierden muchas posibilidades con un gobierno incompetente, inestable y que es incapaz de aprobar unos presupuestos generales del Estado desde el momento en que comenzó la legislatura. Es evidente que es un elemento desincentivador. Las empresas extranjeras no tienen ninguna simpatía por este tipo de políticas comunistas trasnochadas del sanchismo y sus socios. A esto hay que añadir la corrupción sistémica que sufre el PSOE y que se ha incrementado con el entramado de lobistas, visitadores de La Moncloa y caraduras que han proliferado como setas. No es casualidad que Sánchez no haya querido regular los lobbies y que haya instalado un soez capitalismo de amiguetes que afecta a la Administración Pública y su sector empresarial plagado de aprovechados. Y mientras tanto, los españoles sufrimos un infierno fiscal.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
«Las empresas extranjeras no tienen ninguna simpatía por este tipo de políticas comunistas trasnochadas del sanchismo»
A pesar de que Carlos Cuerpo podría estar en el PP en lugar de en el PSOE, como es consustancial a algunos altos funcionarios del Estado faltos de cualquier ideología, no se le puede responsabilizar de la pésima política económica del Gobierno socialista comunista. No es más que la marioneta que mueve el inquilino de La Moncloa a su antojo, ya que ha optado por el despilfarro, la mala gestión y el endeudamiento. Cuerpo estará pensando en su salida para ocupar algún chollo internacional como hizo Calviño, aunque no sé si lo tendrá fácil. La vicepresidencia es el pasaporte que necesitaba para dar ese salto tan goloso. Me imagino, además, que ya lo tendrá localizado con su buena amiga la exvicepresidenta. A Sánchez lo que le interesa es comprar voluntades utilizando el dinero público y toda la gestión de su agónico mandato gira alrededor de su supervivencia. No hay que ser un gran economista para entender que la economía va bien gracias al esfuerzo de empresarios y trabajadores que sufren una brutal presión fiscal. Feijóo acierta al definir como «infierno fiscal» el modelo confiscatorio que ha organizado el régimen sanchista.. Esta voracidad sin límites es totalmente contraproducente, porque además de injusta hace que la excesiva recaudación se dirija a políticas improductivas. Me gusta cuando el incremento no es consecuencia del «infierno fiscal», sino del crecimiento sólido y diversificado de la economía. El coste de oportunidad que produce un gobierno populista de izquierda radical es enorme. Es cierto que muchas empresas no se van, pero se pierden muchas posibilidades con un gobierno incompetente, inestable y que es incapaz de aprobar unos presupuestos generales del Estado desde el momento en que comenzó la legislatura. Es evidente que es un elemento desincentivador. Las empresas extranjeras no tienen ninguna simpatía por este tipo de políticas comunistas trasnochadas del sanchismo y sus socios. A esto hay que añadir la corrupción sistémica que sufre el PSOE y que se ha incrementado con el entramado de lobistas, visitadores de La Moncloa y caraduras que han proliferado como setas. No es casualidad que Sánchez no haya querido regular los lobbies y que haya instalado un soez capitalismo de amiguetes que afecta a la Administración Pública y su sector empresarial plagado de aprovechados. Y mientras tanto, los españoles sufrimos un infierno fiscal.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
