El macroincendio de Ávila y Madrid, que los técnicos al mando de las labores de extinción contemplan y atacan desde el sábado a escala operativa como un único fuego aunque, de momento, no han llegado a unirse, es de tal magnitud, con 77.000 hectáreas afectadas, que ya ha dado el salto a un nivel estratosférico: el de las estructuras que son capaces de alterar el tiempo. “Un fuego, si es suficientemente intenso como este, genera un foco de calor que cambia la meteorología local“, explica el meteorólogo Daniel Santos Muñoz. Seguir leyendo
El macroincendio de Ávila y Madrid, que los técnicos al mando de las labores de extinción contemplan y atacan desde el sábado a escala operativa como un único fuego aunque, de momento, no han llegado a unirse, es de tal magnitud, 77.000 hectáreas afectadas, que ya ha dado el salto a un nivel estratosférico: el de las estructuras que son capaces de alterar el tiempo. “Un fuego, si es suficientemente intenso como este, genera un foco de calor que cambia la meteorología local“, explica el meteorólogo Daniel Santos Muñoz. Javier Armenteros, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la Comunidad de Madrid, empezó el sábado a observar ciertos rasgos que apuntan a que el incendio ha pasado efectivamente a ser de sexta generación, que es como se llama a los incendios que, debido a sus dimensiones, adquieren superpoderes: la capacidad de crear sus propias dinámicas meteorológicas. “El sábado ya circulaban varios vídeos en los que se ve que el incendio genera fenómenos convectivos propios”, explica por teléfono a EL PAÍS. Así, el incendio produce, por ejemplo, peligrosos reventones térmicos.Un reventón es un fenómeno brusco, repentino y extremo de viento fuerte que cae y golpea el suelo como una violenta bofetada. Esta ráfaga de viento, que al desplomarse se desparrama en todas direcciones, suele estar originada por una tormenta ―en este caso por las altas temperaturas del incendio― y tiene una escala muy local, no más de 10 kilómetros. Puede tener la intensidad de un tornado, con ráfagas de 80 a 100 kilómetros por hora,provoca cambios bruscos detemperatura, altera salvajemente la humedad y dura poco, entre cinco y 30 minutos. “Al ser un fenómeno muy local, es muy difíciles de predecir. Lo único que podemos saber es que se dan las condiciones para que ocurra, pero no cuándo ni dónde, no podemos afinar”, confiesa el meteorólogo. Y las condiciones, lamentablemente, se dan también este domingo.Pero hay mucho más: crea nubes. “Un incendio grande puede desarrollar una nube tipo cúmulo, las que tienen forma de coliflor que, al provenir de un incendio, se llaman pirocúmulos. Si esta es lo suficientemente grande, puede generar rayos y vientos locales fuertes, es decir, una tormenta seca generada por el propio incendio, que a su vez aviva las llamas y puede iniciar nuevos incendios”, explica Santos Muñoz. Además, las nubes de incendio forman una columna muy alta, lo que dispersa y propaga a grandes distancias fuertes cantidades de humo y ceniza, una neblina grisácea que es muy dañina para la salud. “La calidad del aire es muy mala en toda la Comunidad de Madrid, en gran parte de Castilla y León e incluso en Castilla-La Mancha”, recuerda el experto. Estos colosos adquieren una vida propia que va más allá del tiempo. Según los expertos consultados, es muy probable que los incendios de Madrid se unieran en uno solo porque las corrientes de aire provocadas por el calor hacen que los
Este domingo se dan en la zona las mejores condiciones meteorológicas para luchar contra el incendio de toda la semana, pero su magnitud es tal que es capaz de modificarlas
