Harry Emerson Fosdick (1878-1969) fue un escritor estadounidense, y uno de los predicadores más importantes de principios del siglo XX, muy admirado por Martin Luther King. Terminó por convertirse en uno de los pensadores más influyentes en EE UU en su época, y algunas de sus ideas continúan vigentes hoy en día, casi un siglo de historia más tarde.
Fosdick observó ya entonces que muchas personas concebían la jubilación únicamente como el final de la vida laboral. Después de décadas de obligaciones, horarios y responsabilidades, el gran objetivo parece ser simplemente dejar de trabajar. Sin embargo, el pensador advertía que esa visión era incompleta, llegando incluso a ser peligrosa en muchos casos.
Cuando H. E. Fosdick dijo «No basta con jubilarse de algo, hay que jubilarse para algo», quería transmitir la idea de que esta etapa de la vida no puede definirse solo por aquello que desaparece, sino por aquello que comienza. Cuando una persona se jubila de un empleo, pero no encuentra una nueva fuente de propósitos o aprendizaje, es fácil que aparezca una profunda sensación de vacío, aburrimiento o de haber perdido el lugar en el mundo.
¿Qué quería decir H. E. Fosdick con «No basta con jubilarse de algo, hay que jubilarse para algo»?
El trabajo no solo ocupa las horas de la jornada laboral, también estructura el tiempo, proporciona metas, crea relaciones sociales… es una parte fundamental de nuestra identidad. Cuando esa rutina desaparece de un día para otro, puede surgir una crisis personal sobre falta de sentido o motivación. Por eso este pensador americano defendía que la jubilación debería prepararse mucho antes del último día de trabajo.
No basta con ahorrar dinero para vivir con tranquilidad, también hay que cultivar intereses capaces de dar sentido a esta nueva etapa. La lectura, la música, el voluntariado, el deporte, el cuidado de la familia, aprender un idioma, viajar o incluso emprender pequeños proyectos personales pueden convertirse en ese ‘algo’ que estructure la vida después de la jubilación.
El ser humano es un ‘animal de costumbres’, por lo que parar en seco y abandonar toda estructuración o responsabilidad puede resultar fatal para el ánimo. Fosdick creía que la jubilación podía ser el comienzo de una etapa diferente, libre de muchas obligaciones y, precisamente por ello, llena de posibilidades. El éxito de la jubilación no dependería tanto de dejar de trabajar, como sí de tener razones para levantarse cada mañana con entusiasmo.
Si se ‘colocan todos los huevos en la misma cesta’, es decir, si toda la identidad depende de una única actividad, el día que esa ocupación desaparezca también podría irse una parte importante de la motivación y el propósito personal. Sin embargo, quien cultiva múltiples intereses dispone de una base mucho más sólida para afrontar los nuevos cambios inevitables de la vida.
Por eso esta frase continúa citándose con frecuencia en libros sobre el llamado ‘envejecimiento activo’ y el bienestar durante la jubilación. La enseñanza es sencilla, pero fundamental, ya que jubilarse no consiste únicamente en dejar de trabajar, sino en ganar el tiempo necesario para dedicarlo a aquello que realmente da significado a la existencia.
La meta no debe ser escapar de todas las obligaciones, sino pasar a una etapa de la vida que siga teniendo propósito, donde existan razones para que la curiosidad y la motivación sigan creciendo. Para conseguirlo, resulta imprescindible encontrar otras ocupaciones e inquietudes que le den un sentido a nuestros días. Por pequeñas que parezcan, son importantísimas para llevar una jubilación sana y feliz.
Harry Emerson Fosdick (1878-1969) fue un escritor estadounidense, y uno de los predicadores más importantes de principios del siglo XX, muy admirado por Martin Luther King. Terminó por convertirse en uno de los pensadores más influyentes en EE UU en su época, y algunas de sus ideas continúan vigentes hoy en día, casi un siglo de historia más tarde. Fosdick observó ya entonces que muchas personas concebían la jubilación únicamente como el final de la vida laboral. Después de décadas de obligaciones, horarios y responsabilidades, el gran objetivo parece ser simplemente dejar de trabajar. Sin embargo, el pensador advertía que esa visión era incompleta, llegando incluso a ser peligrosa en muchos casos. Cuando H. E. Fosdick dijo «No basta con jubilarse de algo, hay que jubilarse para algo», quería transmitir la idea de que esta etapa de la vida no puede definirse solo por aquello que desaparece, sino por aquello que comienza. Cuando una persona se jubila de un empleo, pero no encuentra una nueva fuente de propósitos o aprendizaje, es fácil que aparezca una profunda sensación de vacío, aburrimiento o de haber perdido el lugar en el mundo. ¿Qué quería decir H. E. Fosdick con «No basta con jubilarse de algo, hay que jubilarse para algo»? El trabajo no solo ocupa las horas de la jornada laboral, también estructura el tiempo, proporciona metas, crea relaciones sociales… es una parte fundamental de nuestra identidad. Cuando esa rutina desaparece de un día para otro, puede surgir una crisis personal sobre falta de sentido o motivación. Por eso este pensador americano defendía que la jubilación debería prepararse mucho antes del último día de trabajo. No basta con ahorrar dinero para vivir con tranquilidad, también hay que cultivar intereses capaces de dar sentido a esta nueva etapa. La lectura, la música, el voluntariado, el deporte, el cuidado de la familia, aprender un idioma, viajar o incluso emprender pequeños proyectos personales pueden convertirse en ese ‘algo’ que estructure la vida después de la jubilación. El ser humano es un ‘animal de costumbres’, por lo que parar en seco y abandonar toda estructuración o responsabilidad puede resultar fatal para el ánimo. Fosdick creía que la jubilación podía ser el comienzo de una etapa diferente, libre de muchas obligaciones y, precisamente por ello, llena de posibilidades. El éxito de la jubilación no dependería tanto de dejar de trabajar, como sí de tener razones para levantarse cada mañana con entusiasmo. Si se ‘colocan todos los huevos en la misma cesta’, es decir, si toda la identidad depende de una única actividad, el día que esa ocupación desaparezca también podría irse una parte importante de la motivación y el propósito personal. Sin embargo, quien cultiva múltiples intereses dispone de una base mucho más sólida para afrontar los nuevos cambios inevitables de la vida. Por eso esta frase continúa citándose con frecuencia en libros sobre el llam
Cuando llega el momento de dejar el trabajo, muchas personas no saben hacia dónde enfocar su vida
Harry Emerson Fosdick (1878-1969) fue un escritor estadounidense, y uno de los predicadores más importantes de principios del siglo XX, muy admirado por Martin Luther King. Terminó por convertirse en uno de los pensadores más influyentes en EE UU en su época, y algunas de sus ideas continúan vigentes hoy en día, casi un siglo de historia más tarde.Fosdick observó ya entonces que muchas personas concebían la jubilación únicamente como el final de la vida laboral. Después de décadas de obligaciones, horarios y responsabilidades, el gran objetivo parece ser simplemente dejar de trabajar. Sin embargo, el pensador advertía que esa visión era incompleta, llegando incluso a ser peligrosa en muchos casos.Cuando H. E. Fosdick dijo «No basta con jubilarse de algo, hay que jubilarse para algo», quería transmitir la idea de que esta etapa de la vida no puede definirse solo por aquello que desaparece, sino por aquello que comienza. Cuando una persona se jubila de un empleo, pero no encuentra una nueva fuente de propósitos o aprendizaje, es fácil que aparezca una profunda sensación de vacío, aburrimiento o de haber perdido el lugar en el mundo.El trabajo no solo ocupa las horas de la jornada laboral, también estructura el tiempo, proporciona metas, crea relaciones sociales… es una parte fundamental de nuestra identidad. Cuando esa rutina desaparece de un día para otro, puede surgir una crisis personal sobre falta de sentido o motivación. Por eso este pensador americano defendía que la jubilación debería prepararse mucho antes del último día de trabajo. No basta con ahorrar dinero para vivir con tranquilidad, también hay que cultivar intereses capaces de dar sentido a esta nueva etapa. La lectura, la música, el voluntariado, el deporte, el cuidado de la familia, aprender un idioma, viajar o incluso emprender pequeños proyectos personales pueden convertirse en ese ‘algo’ que estructure la vida después de la jubilación.El ser humano es un ‘animal de costumbres’, por lo que parar en seco y abandonar toda estructuración o responsabilidad puede resultar fatal para el ánimo. Fosdick creía que la jubilación podía ser el comienzo de una etapa diferente, libre de muchas obligaciones y, precisamente por ello, llena de posibilidades. El éxito de la jubilación no dependería tanto de dejar de trabajar, como sí de tener razones para levantarse cada mañana con entusiasmo.Si se ‘colocan todos los huevos en la misma cesta’, es decir, si toda la identidad depende de una única actividad, el día que esa ocupación desaparezca también podría irse una parte importante de la motivación y el propósito personal. Sin embargo, quien cultiva múltiples intereses dispone de una base mucho más sólida para afrontar los nuevos cambios inevitables de la vida.Por eso esta frase continúa citándose con frecuencia en libros sobre el llamado ‘envejecimiento activo’ y el bienestar durante la jubilación. La enseñanza es sencilla,
