Los casos de Alzheimer siguen aumentando en España, impulsados por el envejecimiento de la población, mientras que el sistema de salud todavía no puede proporcionar una respuesta rápida y justa. La Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (Ceafa) advirtió esta mañana en el Senado que los pacientes ahora enfrentan una espera promedio de 572 días para recibir un diagnóstico. Este retraso crea importantes desigualdades territoriales y desigualdades en el acceso a los tratamientos. Según el director ejecutivo de la Confederación, Jesús Rodrigo, la espera puede ser tan larga como diez meses solo para asegurar una cita inicial de Neurología. En su opinión, la cuestión debe ser puesta en la agenda política y debemos avanzar hacia un sistema que garantice la detección temprana, una mejor coordinación socio-sanitaria y un acceso equitativo a los tratamientos. Rodrigo acogió con beneplácito el hecho de que, «después de más de 20 años sin progresos», los nuevos tratamientos están abriendo una puerta de esperanza. Sin embargo, subrayó que este avance científico nos obliga a repensar cómo abordamos una enfermedad que afecta cada vez más a las personas activas en sus primeras etapas. El neurólogo Guillermo García Ribas, del Hospital Ramón y Cajal, señaló que la enfermedad de Alzheimer puede durar más de tres décadas, lo que hace necesario desarrollar consultas especializadas adaptadas a las necesidades actuales. María Soledad García, miembro del panel PEPA, hizo hincapié en que la principal prioridad de los pacientes con Alzheimer es garantizar que los tratamientos modificadores de la enfermedad lleguen realmente a quienes los necesitan. También destacó la importancia de identificar los síntomas conductuales. Junto a este debate, otro área importante de examen se centró en los aspectos psicológicos y conductuales de la enfermedad. Anna Escolá, psicóloga del Grupo Neuropaliativo de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal), hizo hincapié en la necesidad de identificar los desencadenantes de síntomas como la ansiedad, la agitación, la apatía o el aislamiento, en lugar de considerarlos automáticamente como un resultado inevitable de la enfermedad de Alzheimer. Recordó que estos factores podrían ser orgánicos, emocionales o ambientales, y que abordarlos es esencial para mejorar el bienestar del paciente. Escolá hizo hincapié en que el manejo de la ansiedad y la agitación requiere observar las situaciones que las desencadenan, prevenir su aparición y establecer ambientes tranquilos.
Las organizaciones de salud exigen igualdad de acceso a terapias innovadoras y vías de atención más flexibles.
Los casos de Alzheimer siguen aumentando en España, impulsados por el envejecimiento de la población, mientras que el sistema de salud todavía no puede proporcionar una respuesta rápida y justa. La Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias (Ceafa) advirtió esta mañana en el Senado que los pacientes ahora enfrentan una espera promedio de 572 días para recibir un diagnóstico. Este retraso crea importantes desigualdades territoriales y desigualdades en el acceso a los tratamientos. Según el director ejecutivo de la Confederación, Jesús Rodrigo, la espera puede ser tan larga como diez meses solo para asegurar una cita inicial de Neurología. En su opinión, la cuestión debe ser puesta en la agenda política y debemos avanzar hacia un sistema que garantice la detección temprana, una mejor coordinación socio-sanitaria y un acceso equitativo a los tratamientos. Rodrigo acogió con beneplácito el hecho de que, «después de más de 20 años sin progresos», los nuevos tratamientos están abriendo una puerta de esperanza. Sin embargo, subrayó que este avance científico nos obliga a repensar cómo abordamos una enfermedad que afecta cada vez más a las personas activas en sus primeras etapas. El neurólogo Guillermo García Ribas, del Hospital Ramón y Cajal, señaló que la enfermedad de Alzheimer puede durar más de tres décadas, lo que hace necesario desarrollar consultas especializadas adaptadas a las necesidades actuales. María Soledad García, miembro del panel PEPA, hizo hincapié en que la principal prioridad de los pacientes con Alzheimer es garantizar que los tratamientos modificadores de la enfermedad lleguen realmente a quienes los necesitan. También destacó la importancia de identificar los síntomas conductuales. Junto a este debate, otro área importante de examen se centró en los aspectos psicológicos y conductuales de la enfermedad. Anna Escolá, psicóloga del Grupo Neuropaliativo de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal), hizo hincapié en la necesidad de identificar los desencadenantes de síntomas como la ansiedad, la agitación, la apatía o el aislamiento, en lugar de considerarlos automáticamente como un resultado inevitable de la enfermedad de Alzheimer. Recordó que estos factores podrían ser orgánicos, emocionales o ambientales, y que abordarlos es esencial para mejorar el bienestar del paciente. Escolá hizo hincapié en que el manejo de la ansiedad y la agitación requiere observar las situaciones que las desencadenan, prevenir su aparición y establecer ambientes tranquilos.
