El 27 de junio de 2016, España perdía su partido de octavos de final de la Eurocopa contra Italia (2-0). Era el final de una era. Fue el último partido de Del Bosque como seleccionador. El equipo ya había empezado a perder a algunos de los futbolistas que habían sido fundamentales para ganarlo todo entre 2008 y 2012. Ya no estaban Puyol ni Xavi, tampoco Villa ni Fernando Torres, y Casillas había visto el torneo desde el banquillo para que jugara De Gea. La Roja encadenaba dos eliminaciones tempranas consecutivas después de no haber superado la primera fase en el Mundial de Brasil en 2014 y tocaba renovarlo todo. Un día antes, Messi había decidido abandonar la selección argentina después de perder la final de la Copa América Centenario en los penaltis contra Chile y de fallar el suyo en el estadio MetLife de Nueva Jersey. Se jugaba en Estados Unidos para festejar el centenario de la competición y por cuestiones económicas, como todo. «En el vestuario pensé que la selección no es para mí, y he decidido terminar todo aquí», dijo Leo después de fallar su penalti. «El que más jodido se va es Leo por haber errado el penal. Sin duda esta vez ha sido la peor que lo vi en el vestuario», confesaba Agüero. «Es por el bien de todos, no nos conformamos con llegar a la final y no ganarla, se acabó», insistía entre lágrimas el capitán de la selección albiceleste. Han pasado diez años y España y Argentina se enfrentan en la final del Mundial, en la revancha de la Finalissima que no pudo jugarse en marzo. La Roja llega como campeona de Europa. «Venimos de un proceso gradual de crecimiento donde hemos visto a un equipo madurar a lo largo de los últimos años. Dije en su día que este equipo y esta generación iba a dar que hablar y que el camino para llegar a levantar la Copa del Mundo tenía que ser el que hemos hecho. Primero, a pequeña escala, la Nations League, Eurocopa y Copa del mundo. Estoy contento, pero nuestra ambición va mucho más allá para hacer inolvidable a una generación», explica Rodri, el capitán de la selección española. Argentina ha repetido el ciclo que completó España entre 2008 y 2012, ha ganado dos Copas América y un Mundial y ahora aspira a añadir otro más. Siempre con Messi como capitán. Lo de no jugar con la albiceleste se le quitó de la cabeza en dos meses y ahora es, además de campeón del mundo, el máximo goleador en la historia de los Mundiales. Leo llega con 39 años y enfrente tendrá a Lamine Yamal, con 19, su posible heredero, el niño al que bañaba en aquella foto de 2007 que ha recorrido el mundo en las últimas horas a través de los medios y de las redes sociales. «Lo de esa foto es una locura, porque me hice una foto cuando él era bebé y que estemos los dos enfrentando la Copa del Mundo es una locura», dice Messi. «Es uno de los mejores del mundo en este momento y le deseo muchísima suerte, porque el bien de él va a ser el bien del Barcelona también. España no es
Se encuentran en la final del Mundial, una revancha a lo grande de la Finalissima que debió enfrentarlas en marzo como campeonas de Europa y de América
El 27 de junio de 2016, España perdía su partido de octavos de final de la Eurocopa contra Italia (2-0). Era el final de una era. Fue el último partido de Del Bosque como seleccionador. El equipo ya había empezado a perder a algunos de los futbolistas que habían sido fundamentales para ganarlo todo entre 2008 y 2012. Ya no estaban Puyol ni Xavi, tampoco Villa ni Fernando Torres, y Casillas había visto el torneo desde el banquillo para que jugara De Gea. La Roja encadenaba dos eliminaciones tempranas consecutivas después de no haber superado la primera fase en el Mundial de Brasil en 2014 y tocaba renovarlo todo.Un día antes, Messi había decidido abandonar la selección argentina después de perder la final de la Copa América Centenario en los penaltis contra Chile y de fallar el suyo en el estadio MetLife de Nueva Jersey. Se jugaba en Estados Unidos para festejar el centenario de la competición y por cuestiones económicas, como todo. «En el vestuario pensé que la selección no es para mí, y he decidido terminar todo aquí», dijo Leo después de fallar su penalti. «El que más jodido se va es Leo por haber errado el penal. Sin duda esta vez ha sido la peor que lo vi en el vestuario», confesaba Agüero. «Es por el bien de todos, no nos conformamos con llegar a la final y no ganarla, se acabó», insistía entre lágrimas el capitán de la selección albiceleste.Han pasado diez años y España y Argentina se enfrentan en la final del Mundial, en la revancha de la Finalissima que no pudo jugarse en marzo. La Roja llega como campeona de Europa. «Venimos de un proceso gradual de crecimiento donde hemos visto a un equipo madurar a lo largo de los últimos años. Dije en su día que este equipo y esta generación iba a dar que hablar y que el camino para llegar a levantar la Copa del Mundo tenía que ser el que hemos hecho. Primero, a pequeña escala, la Nations League, Eurocopa y Copa del mundo. Estoy contento, pero nuestra ambición va mucho más allá para hacer inolvidable a una generación», explica Rodri, el capitán de la selección española.Argentina ha repetido el ciclo que completó España entre 2008 y 2012, ha ganado dos Copas América y un Mundial y ahora aspira a añadir otro más. Siempre con Messi como capitán. Lo de no jugar con la albiceleste se le quitó de la cabeza en dos meses y ahora es, además de campeón del mundo, el máximo goleador en la historia de los Mundiales.Leo llega con 39 años y enfrente tendrá a Lamine Yamal, con 19, su posible heredero, el niño al que bañaba en aquella foto de 2007 que ha recorrido el mundo en las últimas horas a través de los medios y de las redes sociales. «Lo de esa foto es una locura, porque me hice una foto cuando él era bebé y que estemos los dos enfrentando la Copa del Mundo es una locura», dice Messi. «Es uno de los mejores del mundo en este momento y le deseo muchísima suerte, porque el bien de él va a ser el bien del Barcelona también. España no es sol
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