El secretario de Agricultura de Trump, Brooke Rollins, acaba de anunciar que Estados Unidos va a prohibir la carne falsa, afirmando que «ninguna carne cultivada en laboratorio tendrá nunca la etiqueta «Producto de EE.UU.». Se trata de una medida en consonancia con la decisión tomada ya en diferentes estados de la Unión que busca “proteger a los consumidores y al sector ganadero tradicional frente a lo que muchos consideran un alimento artificial y experimental”. Florida y Texas fueron los primeros estados de la Unión en decretar la prohibición, medida que tomaron después Alabama, Nebraska, Indiana, Montana y Mississippi. Trump ha defendido abiertamente la ganadería tradicional y el derecho de los ciudadanos a elegir lo que comen sin imposiciones ideológicas o regulatorias. En Europa, Italia aprobó una prohibición explícita a la comercialización de carne de laboratorio, amparándose en la defensa de su tradición gastronómica y de su sector agroalimentario. Hungría siguió una línea similar, vetando este tipo de productos y alertando de los riesgos económicos, sanitarios y culturales de sustituir la producción ganadera por experimentos industriales. Después se han ido sumando Austria, Chequia, Chipre, Malta, Lituania, Luxemburgo y Eslovaquia. Dinamarca y Países Bajos, sin embargo, critican la posición de los anteriores y se han posicionado a favor de la comercialización y producción a escala industrial de las proteínas sintéticas.. La empresa multinacional de falsa carne Beyond Meat también se ha ido desplomando en Bolsa, confirmando que el experimento apadrinado por Bill Gates y otros gurús de la climatología no funciona. La compañía, presentada como emblema de la alimentación climática, acumula importantes caídas en lo que va de año, reflejando el desgaste de un modelo que no convence. Beyond Meat prometió sustituir a la carne tradicional por productos woke-sostenibles, pero esto no ha calado en los consumidores, pese a las ingentes cantidades de dinero invertidas y el apoyo de los principales fondos globalistas, como Black Rock.. Frente a ello, el sector cárnico clásico muestra una resistencia potente. El consumo de carne auténtica repunta en todo el mundo, impulsado por la desconfianza hacia la alimentación artificial, las carnes vegetales, la «carne de laboratorio», la leche de cucaracha y las harinas de insectos promovidas como saludables por el wokismo cultural. Recientemente, la mayor granja de insectos de Europa, Ynsect, se declaró insolvente y entró en liquidación.. En favor de los cultivos proteicos se han manifestado personajes tan relevantes como Jeff Bezos o Bill Gates, con intereses declarados en el sector. En el libro “Cómo evitar un desastre climático”, Gates expone su idea de eliminar el ganado para reducir las emisiones de metano. No sugiere que se reduzca el consumo de carne, sino que el mundo entero cambie a una dieta de carne 100 por cien sintética. Lo explicó en Technology Review: “Los países ricos deberían cambiar a carne de res 100% cultivada, a cuyo sabor ya nos acostumbraremos”.
La prohibición de comercializar cultivos proteicos de laboratorio, en sustitución de la alimentación animal, se extiende por Estados Unidos y Europa
El secretario de Agricultura de Trump, Brooke Rollins, acaba de anunciar que Estados Unidos va a prohibir la carne falsa, afirmando que «ninguna carne cultivada en laboratorio tendrá nunca la etiqueta «Producto de EE.UU.». Se trata de una medida en consonancia con la decisión tomada ya en diferentes estados de la Unión que busca “proteger a los consumidores y al sector ganadero tradicional frente a lo que muchos consideran un alimento artificial y experimental”. Florida y Texas fueron los primeros estados de la Unión en decretar la prohibición, medida que tomaron después Alabama, Nebraska, Indiana, Montana y Mississippi. Trump ha defendido abiertamente la ganadería tradicional y el derecho de los ciudadanos a elegir lo que comen sin imposiciones ideológicas o regulatorias. En Europa, Italia aprobó una prohibición explícita a la comercialización de carne de laboratorio, amparándose en la defensa de su tradición gastronómica y de su sector agroalimentario. Hungría siguió una línea similar, vetando este tipo de productos y alertando de los riesgos económicos, sanitarios y culturales de sustituir la producción ganadera por experimentos industriales. Después se han ido sumando Austria, Chequia, Chipre, Malta, Lituania, Luxemburgo y Eslovaquia. Dinamarca y Países Bajos, sin embargo, critican la posición de los anteriores y se han posicionado a favor de la comercialización y producción a escala industrial de las proteínas sintéticas.. La empresa multinacional de falsa carne Beyond Meat también se ha ido desplomando en Bolsa, confirmando que el experimento apadrinado por Bill Gates y otros gurús de la climatología no funciona. La compañía, presentada como emblema de la alimentación climática, acumula importantes caídas en lo que va de año, reflejando el desgaste de un modelo que no convence. Beyond Meat prometió sustituir a la carne tradicional por productos woke-sostenibles, pero esto no ha calado en los consumidores, pese a las ingentes cantidades de dinero invertidas y el apoyo de los principales fondos globalistas, como Black Rock.. Frente a ello, el sector cárnico clásico muestra una resistencia potente. El consumo de carne auténtica repunta en todo el mundo, impulsado por la desconfianza hacia la alimentación artificial, las carnes vegetales, la «carne de laboratorio», la leche de cucaracha y las harinas de insectos promovidas como saludables por el wokismo cultural. Recientemente, la mayor granja de insectos de Europa, Ynsect, se declaró insolvente y entró en liquidación.. En favor de los cultivos proteicos se han manifestado personajes tan relevantes como Jeff Bezos o Bill Gates, con intereses declarados en el sector. En el libro “Cómo evitar un desastre climático”, Gates expone su idea de eliminar el ganado para reducir las emisiones de metano. No sugiere que se reduzca el consumo de carne, sino que el mundo entero cambie a una dieta de carne 100 por cien sintética. Lo explicó en Technology Review: “Los países ricos deberían cambiar a carne de res 100% cultivada, a cuyo sabor ya nos acostumbraremos”.
