No tengo nada en contra de los sindicatos. Me pareció muy acertado su inclusión, junto a las organizaciones empresariales, en la Constitución. En muchos casos tengo un gran respeto por la labor que realizan aquellos que conozco y comparto reuniones institucionales. Otra cosa muy distinta es constatar la politización de los sindicatos al servicio del Gobierno socialista comunista. Durante años he debatido en tertulias con sindicalistas orgánicos que tienen la misma disciplina que los dirigentes de los partidos. Lo más importante es seguir el argumentario e insistir en que el PP es muy malo, aunque solo superado por Vox, mientras que el PSOE y Sumar son muy buenos. En este terreno me parecen muy decimonónicos. No han avanzado y les haría falta romper sus vínculos con los partidos. UGT es el brazo armado sindical del PSOE y Comisiones Obreras de Sumar. Es difícil olvidar que Yolanda Díaz fue recibida hace unos años al grito de «Presidenta». Desde luego, los dirigentes y liberados de Comisiones no tenían habilidades proféticas. Las intervenciones de los dos titanes, Pepe Álvarez y Unai Sordo, fueron muy previsibles, con sus filias y fobias. No me extraña que hagan un dúo, aunque parecían ministros sanchistas. Los sindicatos no tienen ninguna influencia política, salvo en el espacio de la izquierda. No tienen credibilidad, ya que su fidelidad gubernamental desborda cualquier límite. Es cierto, también, que Sánchez es enormemente generoso con ellos utilizando nuestro dinero. Por ello, le exoneran de cualquier responsabilidad en las reivindicaciones que escuchamos ayer. Por lo visto, parece que haga solo unos pocos días que se ha instalado en La Moncloa. Por supuesto, no escuché nada sobre el capitalismo de amiguetes, el asalto a las empresas públicas, los escándalos de corrupción, la catástrofe ferroviaria de Adamuz y la falta de inversión en infraestructuras o en su mantenimiento. Es bueno recordar que la experiencia jurídica de algunos ministros o ministras ha sido como abogados sindicales. Es una labor muy respetable, pero no les otorga la condición y el prestigio de denominarse juristas, tal como se entiende desde hace siglos, a mis admirados Óscar Puente o Yolanda Díaz. Un año más, los liberados sindicales orgánicos al servicio del sindicato han trabajado, mientras Álvarez y Sordo han ejercido de ministros sindicales del sanchismo.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
«Álvarez y Sordo han ejercido de ministros sindicales del sanchismo»
No tengo nada en contra de los sindicatos. Me pareció muy acertado su inclusión, junto a las organizaciones empresariales, en la Constitución. En muchos casos tengo un gran respeto por la labor que realizan aquellos que conozco y comparto reuniones institucionales. Otra cosa muy distinta es constatar la politización de los sindicatos al servicio del Gobierno socialista comunista. Durante años he debatido en tertulias con sindicalistas orgánicos que tienen la misma disciplina que los dirigentes de los partidos. Lo más importante es seguir el argumentario e insistir en que el PP es muy malo, aunque solo superado por Vox, mientras que el PSOE y Sumar son muy buenos. En este terreno me parecen muy decimonónicos. No han avanzado y les haría falta romper sus vínculos con los partidos. UGT es el brazo armado sindical del PSOE y Comisiones Obreras de Sumar. Es difícil olvidar que Yolanda Díaz fue recibida hace unos años al grito de «Presidenta». Desde luego, los dirigentes y liberados de Comisiones no tenían habilidades proféticas. Las intervenciones de los dos titanes, Pepe Álvarez y Unai Sordo, fueron muy previsibles, con sus filias y fobias. No me extraña que hagan un dúo, aunque parecían ministros sanchistas. Los sindicatos no tienen ninguna influencia política, salvo en el espacio de la izquierda. No tienen credibilidad, ya que su fidelidad gubernamental desborda cualquier límite. Es cierto, también, que Sánchez es enormemente generoso con ellos utilizando nuestro dinero. Por ello, le exoneran de cualquier responsabilidad en las reivindicaciones que escuchamos ayer. Por lo visto, parece que haga solo unos pocos días que se ha instalado en La Moncloa. Por supuesto, no escuché nada sobre el capitalismo de amiguetes, el asalto a las empresas públicas, los escándalos de corrupción, la catástrofe ferroviaria de Adamuz y la falta de inversión en infraestructuras o en su mantenimiento. Es bueno recordar que la experiencia jurídica de algunos ministros o ministras ha sido como abogados sindicales. Es una labor muy respetable, pero no les otorga la condición y el prestigio de denominarse juristas, tal como se entiende desde hace siglos, a mis admirados Óscar Puente o Yolanda Díaz. Un año más, los liberados sindicales orgánicos al servicio del sindicato han trabajado, mientras Álvarez y Sordo han ejercido de ministros sindicales del sanchismo.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
