Durante años estuvieron ligados a un trabajo que terminó pasando factura a su salud y a su forma de vivir. Ahora Gabriel y Karina, dos policías jubilados argentinos, recorren la costa a bordo de un Ford 600 de 1975, entre playas, naturaleza y acampadas.
Su historia, recogida por Clarín a partir del reportaje elaborado por los creadores de contenido de viajes Pibitos Viajeros, muestra cómo decidieron dejar atrás una rutina que ya no les hacía felices para empezar a vivir el proyecto que habían imaginado durante años.
«Nos gusta viajar, nos gusta la ruta, nos gusta acampar y conocer gente», explican. La pareja recuerda que durante mucho tiempo estuvo vinculada a un trabajo que describen como «muy esclavizante» y marcado por la presión. En el caso de Gabriel, la situación llegó a afectar incluso a su estado físico: «Él llegaba a cierta hora que ya no daba más con dolor de cabeza, dolor de espalda y ya no era vida, ya se estaba enfermando».
La decisión de cambiar de rumbo llegó cuando ambos entendieron que no querían continuar de aquella manera. «Antes que me endeude, se corta y ya está. Se pagó lo que había que pagar y nos vinimos porque no era vida», cuentan. El cambio también tuvo un efecto directo en cómo se encontraban. «Yo vivía con dolor de cabeza, dolor de estómago. Acá no siento nada», explica Karina, mientras describe la sensación que experimenta ahora: «Yo siento una paz total».
El mar, los médanos y la tranquilidad se han convertido en el escenario de la nueva vida que siempre habían imaginado
La costa ocupa un lugar primordial en su nuevo tren de vida. «Uno mira el patio, ves todos los motor, la playa. Yo es mi sueño», explica Gabriel. Karina también reconoce que durante mucho tiempo tuvo claro cuál era su deseo: «Yo digo que, cuando esté jubilada, me voy a comprar algo en la costa y cumplir mi sueño, porque en sí mi sueño es vivir en la costa».
En su recorrido han encontrado precisamente ese entorno que buscaban. «En todo el lugar de Santa Clara para acá encontrás paz», cuentan. Para ellos, la combinación de mar y naturaleza es suficiente para sentirse bien: «Mientras tengamos un mar y médano, soy feliz». Gabriel incluso explica que podría pasar largos ratos simplemente contemplando el paisaje: «A mí me hipnotiza. Yo me siento y lo miro. ¿Qué te pasa? Nada, miro el mar».
La tranquilidad no es, sin embargo, lo único que destacan. También hablan de la relación que han encontrado con otras personas durante el camino. «La gente es recontra buena, macanuda. Todos te ayudan o vos ayudas a los demás, no te dejan tirado nunca», aseguran. Para ellos, la experiencia termina creando una especie de red entre viajeros y residentes: «Es un círculo, digamos, de gente bondadosa, que te ayuda. Y bueno, así como te ayudan, vos ayudas lo que podés».
Gabriel y Karina animan a otras personas a no dejar para más adelante aquello que llevan años queriendo hacer
La pareja reconoce que tomar una decisión así tampoco resulta sencillo, especialmente por los vínculos familiares. «Nosotros los dos somos abuelos», explican. Gabriel tiene siete nietos y Karina cuatro. «A veces cuesta alargar por los afectos, cuesta tomar la decisión», admiten, aunque eso no les impidió poner en marcha el proyecto que habían imaginado.
Precisamente ahí está una de las ideas que más repiten durante su historia: no quedarse simplemente con el sueño. En lugar de esperar a que llegue el momento perfecto, decidieron empezar a vivirlo. «No te tenés que quedar. El que tenga el sueño, que lo cumpla, porque es impagable la sensación», sostienen. También ponen como ejemplo a quienes llevan tiempo pensando en tener un motorhome: «Si alguien tiene el sueño de tener un motor home, que lo cumpla».
Durante años estuvieron ligados a un trabajo que terminó pasando factura a su salud y a su forma de vivir. Ahora Gabriel y Karina, dos policías jubilados argentinos, recorren la costa a bordo de un Ford 600 de 1975, entre playas, naturaleza y acampadas.. Su historia, recogida por Clarín a partir del reportaje elaborado por los creadores de contenido de viajes Pibitos Viajeros, muestra cómo decidieron dejar atrás una rutina que ya no les hacía felices para empezar a vivir el proyecto que habían imaginado durante años.. «Nos gusta viajar, nos gusta la ruta, nos gusta acampar y conocer gente», explican. La pareja recuerda que durante mucho tiempo estuvo vinculada a un trabajo que describen como «muy esclavizante» y marcado por la presión. En el caso de Gabriel, la situación llegó a afectar incluso a su estado físico: «Él llegaba a cierta hora que ya no daba más con dolor de cabeza, dolor de espalda y ya no era vida, ya se estaba enfermando».. La decisión de cambiar de rumbo llegó cuando ambos entendieron que no querían continuar de aquella manera. «Antes que me endeude, se corta y ya está. Se pagó lo que había que pagar y nos vinimos porque no era vida», cuentan. El cambio también tuvo un efecto directo en cómo se encontraban. «Yo vivía con dolor de cabeza, dolor de estómago. Acá no siento nada», explica Karina, mientras describe la sensación que experimenta ahora: «Yo siento una paz total».. El mar, los médanos y la tranquilidad se han convertido en el escenario de la nueva vida que siempre habían imaginado. La costa ocupa un lugar primordial en su nuevo tren de vida. «Uno mira el patio, ves todos los motor, la playa. Yo es mi sueño», explica Gabriel. Karina también reconoce que durante mucho tiempo tuvo claro cuál era su deseo: «Yo digo que, cuando esté jubilada, me voy a comprar algo en la costa y cumplir mi sueño, porque en sí mi sueño es vivir en la costa».. En su recorrido han encontrado precisamente ese entorno que buscaban. «En todo el lugar de Santa Clara para acá encontrás paz», cuentan. Para ellos, la combinación de mar y naturaleza es suficiente para sentirse bien: «Mientras tengamos un mar y médano, soy feliz». Gabriel incluso explica que podría pasar largos ratos simplemente contemplando el paisaje: «A mí me hipnotiza. Yo me siento y lo miro. ¿Qué te pasa? Nada, miro el mar».. La tranquilidad no es, sin embargo, lo único que destacan. También hablan de la relación que han encontrado con otras personas durante el camino. «La gente es recontra buena, macanuda. Todos te ayudan o vos ayudas a los demás, no te dejan tirado nunca», aseguran. Para ellos, la experiencia termina creando una especie de red entre viajeros y residentes: «Es un círculo, digamos, de gente bondadosa, que te ayuda. Y bueno, así como te ayudan, vos ayudas lo que podés».. Gabriel y Karina animan a otras personas a no dejar para más adelante aquello que llevan años queriendo hacer. La pareja reconoce que tomar una decisión así tampoco resulta sencillo, especialmente por los vínculos familiares. «Nosotros los dos somos abuelos», explican. Gabriel tiene siete nietos y Karina cuatro. «A veces cuesta alargar por los afectos, cuesta tomar la decisión», admiten, aunque eso no les impidió poner en marcha el proyecto que habían imaginado.. Precisamente ahí está una de las ideas que más repiten durante su historia: no quedarse simplemente con el sueño. En lugar de esperar a que llegue el momento perfecto, decidieron empezar a vivirlo. «No te tenés que quedar. El que tenga el sueño, que lo cumpla, porque es impagable la sensación», sostienen. También ponen como ejemplo a quienes llevan tiempo pensando en tener un motorhome: «Si alguien tiene el sueño de tener un motor home, que lo cumpla».
Tras años de presión laboral, la pareja decidió cambiar de rumbo y recorrer distintos lugares en busca de tranquilidad, naturaleza y una vida más acorde con sus deseos
Durante años estuvieron ligados a un trabajo que terminó pasando factura a su salud y a su forma de vivir. Ahora Gabriel y Karina, dos policías jubilados argentinos, recorren la costa a bordo de un Ford 600 de 1975, entre playas, naturaleza y acampadas.. Su historia, recogida por Clarín a partir del reportaje elaborado por los creadores de contenido de viajes Pibitos Viajeros, muestra cómo decidieron dejar atrás una rutina que ya no les hacía felices para empezar a vivir el proyecto que habían imaginado durante años.. «Nos gusta viajar, nos gusta la ruta, nos gusta acampar y conocer gente», explican. La pareja recuerda que durante mucho tiempo estuvo vinculada a un trabajo que describen como «muy esclavizante» y marcado por la presión. En el caso de Gabriel, la situación llegó a afectar incluso a su estado físico: «Él llegaba a cierta hora que ya no daba más con dolor de cabeza, dolor de espalda y ya no era vida, ya se estaba enfermando».. La decisión de cambiar de rumbo llegó cuando ambos entendieron que no querían continuar de aquella manera. «Antes que me endeude, se corta y ya está. Se pagó lo que había que pagar y nos vinimos porque no era vida», cuentan. El cambio también tuvo un efecto directo en cómo se encontraban. «Yo vivía con dolor de cabeza, dolor de estómago. Acá no siento nada», explica Karina, mientras describe la sensación que experimenta ahora: «Yo siento una paz total».. El mar, los médanos y la tranquilidad se han convertido en el escenario de la nueva vida que siempre habían imaginado. La costa ocupa un lugar primordial en su nuevo tren de vida. «Uno mira el patio, ves todos los motor, la playa. Yo es mi sueño», explica Gabriel. Karina también reconoce que durante mucho tiempo tuvo claro cuál era su deseo: «Yo digo que, cuando esté jubilada, me voy a comprar algo en la costa y cumplir mi sueño, porque en sí mi sueño es vivir en la costa».. En su recorrido han encontrado precisamente ese entorno que buscaban. «En todo el lugar de Santa Clara para acá encontrás paz», cuentan. Para ellos, la combinación de mar y naturaleza es suficiente para sentirse bien: «Mientras tengamos un mar y médano, soy feliz». Gabriel incluso explica que podría pasar largos ratos simplemente contemplando el paisaje: «A mí me hipnotiza. Yo me siento y lo miro. ¿Qué te pasa? Nada, miro el mar».. La tranquilidad no es, sin embargo, lo único que destacan. También hablan de la relación que han encontrado con otras personas durante el camino. «La gente es recontra buena, macanuda. Todos te ayudan o vos ayudas a los demás, no te dejan tirado nunca», aseguran. Para ellos, la experiencia termina creando una especie de red entre viajeros y residentes: «Es un círculo, digamos, de gente bondadosa, que te ayuda. Y bueno, así como te ayudan, vos ayudas lo que podés».. Gabriel y Karina animan a otras personas a no dejar para más adelante aquello que llevan años queriendo hacer. La pareja reconoce que tomar una decisión así tampoco resulta sencillo, especialmente por los vínculos familiares. «Nosotros los dos somos abuelos», explican. Gabriel tiene siete nietos y Karina cuatro. «A veces cuesta alargar por los afectos, cuesta tomar la decisión», admiten, aunque eso no les impidió poner en marcha el proyecto que habían imaginado.. Precisamente ahí está una de las ideas que más repiten durante su historia: no quedarse simplemente con el sueño. En lugar de esperar a que llegue el momento perfecto, decidieron empezar a vivirlo. «No te tenés que quedar. El que tenga el sueño, que lo cumpla, porque es impagable la sensación», sostienen. También ponen como ejemplo a quienes llevan tiempo pensando en tener un motorhome: «Si alguien tiene el sueño de tener un motor home, que lo cumpla».
