El economista critica el movimiento anti-turismo que aboga por un cambio significativo en el enfoque y sostiene que la solución radica en dispersar uniformemente a los turistas durante todo el año, en lugar de disminuir su número total.
La presión ciudadana contra la masificación turística ha encontrado un adversario dialéctico de peso. Gonzalo Bernardos publicó este martes un hilo en sus redes sociales donde desglosa, punto por punto, su oposición frontal a las tesis del decrecimiento turístico que ganan fuerza en Baleares.El mensaje del economista esuna reivindicación completa de un modelo que, a su juicio, está llamado a seguir funcionando si se corrige su principal defecto: la estacionalidad. “No creo que sea el camino a seguir, sino que estimo que la clave es desestacionalizar el turismo”, escribió.Bernardos arranca su argumentario con una premisa que sitúa al turismo como “una de las actividades de mayor éxito en el siglo XXI”. A partir de ahí construye un razonamiento en cascada donde la geografía, la economía comparada y la falta de alternativas concretas por parte de los críticos actúan como pilares. Sostiene que los recursos naturales del archipiélago facilitan de manera casi natural su especialización en esta industria y que, para un territorio, es preferible ser muy bueno en un sector pujante que intentar abarcar múltiples frentes sin ventaja competitiva.El espejo de Florida y la ausencia de un plan alternativoEl economista introduce una comparación poco habitual en el debate turístico español al mirar hacia Estados Unidos. “En los últimos 30 años, Florida ha aumentado más su PIB que California”, apunta, en lo que interpreta como una prueba de que apostar por el turismo, los servicios y el clima como motor económico no equivale a conformarse con un crecimiento de segunda categoría.Pero donde Bernardos se muestra más incisivo es al señalar lo que considera una carencia fundamental en el discurso de los movimientos antiturísticos. Asegura que quienes exigen un cambio de modelo “no proponen verdaderamente ningún cambio, sino solo menos turismo”.Decrecimiento y nivel de vida: la advertencia centralFrente a la noción de decrecimiento, Bernardos lanza una advertencia que conecta la teoría económica con la vida cotidiana: “Decrecimiento económico significa disminuir el nivel de vida de la población”. No lo plantea como una posibilidad remota, sino como una consecuencia directa e inevitable de reducir el peso de un sector que genera empleo, renta y actividad en cadena. En su argumentación, el turismo no es el causante de los males de Baleares, sino el pagador de su bienestar.El cierre del hilo tiene un tono casi sentimental. “Baleares y turismo son una pareja de éxito y cada vez más de calidad”, remata Bernardos, en una defensa que rechaza tanto la turismofobia como la apuesta por un crecimiento descontrolado.El matiz final (“cada vez más de calidad”) revela la única concesión que está dispuesto a hacer: el problema no es la cantidad de visitantes, sino cuándo llegan. La receta, pues, pasa por redistribuir el flujo turístico a lo largo de los doce meses del calendario, no por reducirlo.
