Era lo esperado que el Gobierno abordara la peor amenaza sobre la seguridad y la integridad territorial de la historia reciente como la «invasión» de Ceuta con el guion habitual. Esto es, mentira, desinformación, opacidad, victimización, enemigos interiores y, en este caso, exteriores y relato exculpatorio por toneladas. Así superaron desde la pandemia al apagón pasando por la dana, el volcán, Adamuz o los incendios forestales, entre otros, y de este modo se han empleado sobre el estado de excepción que padecen nuestros compatriotas de la ciudad autónoma. Como en todos los desastres que jalonaron este periodo negro, que desnudaron la incompetencia colosal de las personas al mando, el colapso ceutí se ha saldado no ya sin una renuncia o el reconocimiento de alguna clase de responsabilidad, sino sin tan siquiera una mínima autocrítica y petición de disculpas a los ciudadanos indefensos cuando una turba recorría sus calles con impunidad. Se quiere que el pueblo relativice y olvide que en unas horas entró al territorio nacional una cantidad de personas similar a la de residentes en la ciudad autónoma sin encontrar resistencia. Es el aquí no ha pasado nada que no debería funcionar. Que la única persona destituida de toda la administración fuera la que dijo la verdad sobre los acontecimientos desde la web de Seguridad Nacional remarca a la perfección la mezquindad y la inmoralidad del régimen y la decadencia de los fundamentos de esta democracia demediada. Ni Pedro Sánchez ni Fernando Grande-Marlaska pensaron ni por un minuto dimitir ante el mayor naufragio de la seguridad nacional en este siglo, en el que no fueron capaces de prevenir ni de contener lo que se venía sobre la frontera. Tampoco por las decenas de vidas perdidas a las que se han empujado fuera del foco del interés público con habilidad turbadora. Al contrario, el ministro del Interior intentó ayer de nuevo blanquear su lamentable papel y vendió un presunto cierre de filas de sus colegas europeos con España al tiempo que señaló al CNI y su servicio en esta crisis que desde luego no se corresponde con otro buen número de fuentes oficiales y oficiosas que ratificaron que el Centro informó con tiempo. Los agentes fueron diligentes y alguien en el Gobierno no hizo su trabajo o miró para otro lado. En cualquier democracia se llegaría hasta el final y se depurarían responsabilidades, que existen y son graves, porque se han perdido decenas de vidas y otras muchas miles corrieron peligro. La oposición debe ponerse a ello con rigor y urgencia. Hasta el final. En el sanchismo nadie renunciará y se cerrarán filas. La dignidad y el honor se perdieron hace tiempo. Moncloa insulta a los españoles y quiere convertir una catástrofe en una serpiente de verano. La situación en Ceuta es hoy alarmante. Nuestra frontera sur no es segura, no somos un socio fiable y vamos por libre con la inmigración en medio de una soledad internacional temible. La justicia tiene tamb
Los agentes fueron diligentes y alguien en el Gobierno no hizo su trabajo o miró para otro lado. En cualquier democracia se llegaría hasta el final y se depurarían responsabilidades, que existen y son graves
Era lo esperado que el Gobierno abordara la peor amenaza sobre la seguridad y la integridad territorial de la historia reciente como la «invasión» de Ceuta con el guion habitual. Esto es, mentira, desinformación, opacidad, victimización, enemigos interiores y, en este caso, exteriores y relato exculpatorio por toneladas. Así superaron desde la pandemia al apagón pasando por la dana, el volcán, Adamuz o los incendios forestales, entre otros, y de este modo se han empleado sobre el estado de excepción que padecen nuestros compatriotas de la ciudad autónoma. Como en todos los desastres que jalonaron este periodo negro, que desnudaron la incompetencia colosal de las personas al mando, el colapso ceutí se ha saldado no ya sin una renuncia o el reconocimiento de alguna clase de responsabilidad, sino sin tan siquiera una mínima autocrítica y petición de disculpas a los ciudadanos indefensos cuando una turba recorría sus calles con impunidad. Se quiere que el pueblo relativice y olvide que en unas horas entró al territorio nacional una cantidad de personas similar a la de residentes en la ciudad autónoma sin encontrar resistencia. Es el aquí no ha pasado nada que no debería funcionar. Que la única persona destituida de toda la administración fuera la que dijo la verdad sobre los acontecimientos desde la web de Seguridad Nacional remarca a la perfección la mezquindad y la inmoralidad del régimen y la decadencia de los fundamentos de esta democracia demediada. Ni Pedro Sánchez ni Fernando Grande-Marlaska pensaron ni por un minuto dimitir ante el mayor naufragio de la seguridad nacional en este siglo, en el que no fueron capaces de prevenir ni de contener lo que se venía sobre la frontera. Tampoco por las decenas de vidas perdidas a las que se han empujado fuera del foco del interés público con habilidad turbadora. Al contrario, el ministro del Interior intentó ayer de nuevo blanquear su lamentable papel y vendió un presunto cierre de filas de sus colegas europeos con España al tiempo que señaló al CNI y su servicio en esta crisis que desde luego no se corresponde con otro buen número de fuentes oficiales y oficiosas que ratificaron que el Centro informó con tiempo. Los agentes fueron diligentes y alguien en el Gobierno no hizo su trabajo o miró para otro lado. En cualquier democracia se llegaría hasta el final y se depurarían responsabilidades, que existen y son graves, porque se han perdido decenas de vidas y otras muchas miles corrieron peligro. La oposición debe ponerse a ello con rigor y urgencia. Hasta el final. En el sanchismo nadie renunciará y se cerrarán filas. La dignidad y el honor se perdieron hace tiempo. Moncloa insulta a los españoles y quiere convertir una catástrofe en una serpiente de verano. La situación en Ceuta es hoy alarmante. Nuestra frontera sur no es segura, no somos un socio fiable y vamos por libre con la inmigración en medio de una soledad internacional temible. La justicia tiene tamb
