La primera derrota de Ilia Topuria en su carrera profesional no terminó cuando sonó la bocina en Washington. Casi tres meses después, el luchador ha convertido aquella caída en una lección que ahora comparte con su hijo Hugo. En una carta cargada de emoción, Topuria recuerda el momento en el que su hijo le vio perder y le explica qué significa levantarse después de tocar fondo.. Una derrota, dos sufrimientos. Topuria perdió en Washington el combate que marcó el primer tropiezo de su carrera profesional. Aquella derrota, inesperada para un luchador que había construido hasta entonces un recorrido perfecto, también tuvo una dimensión especialmente dolorosa porque Hugo estaba allí. «Llevo unos días pensando en ti, en lo que sentiste cuando me viste caer. Sé que sufriste, y como padre haría cualquier cosa por haberte ahorrado ese momento», escribe.. Sin embargo, Topuria no quiere que su hijo recuerde aquella noche únicamente como el día en el que su padre perdió. Prefiere que la interprete como el momento en el que ambos aprendieron algo. «También me alegra que lo hayamos vivido juntos, porque aquel día nos hizo más fuertes a los dos», añade.. El mensaje que quiere dejarle va más allá de las artes marciales. Topuria le habla de la derrota como una parte inevitable de la vida y pone el foco en la manera de reaccionar cuando las cosas salen mal. «En la vida no siempre se gana, y no pasa nada, porque perder no es lo importante. Lo importante es cómo pierdes, quién decides ser cuando todo se pone oscuro, cuando tienes que elegir entre quedarte en el suelo o volver a levantarte», le explica.. Recibir una lección. El luchador también encuentra una explicación espiritual a lo sucedido. «Creo que Dios quiso que viviera ese momento para enseñarnos una lección que ninguna otra historia podía enseñarnos: el carácter no aparece cuando todo va bien, se revela cuando la vida te pone delante su día más difícil», escribe. Es precisamente ahí donde sitúa el aprendizaje de su primera derrota. Topuria reconoce ante su hijo que aquella experiencia le permitió descubrir algo sobre sí mismo: es más fuerte después de haber atravesado el momento más complicado de su carrera.. «¿Sabes qué descubrí? Que después de visitar ese infierno, soy más fuerte que antes», confiesa. Y utiliza entonces una definición de campeón que no está relacionada exclusivamente con ganar combates: «Porque un campeón no es el que nunca cae. Es el que siempre encuentra un motivo para levantarse».. Topuria no quiere que Hugo crezca pensando que el éxito consiste en ganar siempre. Su deseo es otro: que su hijo no tenga miedo a perder y que ninguna derrota sea capaz de definirlo.. «Eso es lo único que deseo para ti. No que ganes siempre, sino que nunca tengas miedo de perder, que ninguna derrota tenga el poder de decirte quién eres, porque eso solo lo decides tú», le dice. La carta termina con una frase que resume todo el mensaje que Topuria quiere transmitirle después de aquella noche en Washington: «Y pase lo que pase, recuerda siempre esto: el carácter es la única victoria que nadie te puede quitar».. La derrota que durante años parecía imposible en la carrera de Topuria ya forma parte de su historia. Ahora también forma parte de la educación que quiere transmitir a su hijo. El luchador no intenta borrar aquella caída, sino darle otro significado: perder también puede servir para descubrir quién eres cuando ya no queda nada que ganar.
El campeón español de la UFC ha escrito una emocionante carta a su hijo en la que le habla del dolor, y el valor, de la derrota
La primera derrota de Ilia Topuria en su carrera profesional no terminó cuando sonó la bocina en Washington. Casi tres meses después, el luchador ha convertido aquella caída en una lección que ahora comparte con su hijo Hugo. En una carta cargada de emoción, Topuria recuerda el momento en el que su hijo le vio perder y le explica qué significa levantarse después de tocar fondo.. Una derrota, dos sufrimientos. Topuria perdió en Washington el combate que marcó el primer tropiezo de su carrera profesional. Aquella derrota, inesperada para un luchador que había construido hasta entonces un recorrido perfecto, también tuvo una dimensión especialmente dolorosa porque Hugo estaba allí. «Llevo unos días pensando en ti, en lo que sentiste cuando me viste caer. Sé que sufriste, y como padre haría cualquier cosa por haberte ahorrado ese momento», escribe.. Sin embargo, Topuria no quiere que su hijo recuerde aquella noche únicamente como el día en el que su padre perdió. Prefiere que la interprete como el momento en el que ambos aprendieron algo. «También me alegra que lo hayamos vivido juntos, porque aquel día nos hizo más fuertes a los dos», añade.. El mensaje que quiere dejarle va más allá de las artes marciales. Topuria le habla de la derrota como una parte inevitable de la vida y pone el foco en la manera de reaccionar cuando las cosas salen mal. «En la vida no siempre se gana, y no pasa nada, porque perder no es lo importante. Lo importante es cómo pierdes, quién decides ser cuando todo se pone oscuro, cuando tienes que elegir entre quedarte en el suelo o volver a levantarte», le explica.. Recibir una lección. El luchador también encuentra una explicación espiritual a lo sucedido. «Creo que Dios quiso que viviera ese momento para enseñarnos una lección que ninguna otra historia podía enseñarnos: el carácter no aparece cuando todo va bien, se revela cuando la vida te pone delante su día más difícil», escribe. Es precisamente ahí donde sitúa el aprendizaje de su primera derrota. Topuria reconoce ante su hijo que aquella experiencia le permitió descubrir algo sobre sí mismo: es más fuerte después de haber atravesado el momento más complicado de su carrera.. «¿Sabes qué descubrí? Que después de visitar ese infierno, soy más fuerte que antes», confiesa. Y utiliza entonces una definición de campeón que no está relacionada exclusivamente con ganar combates: «Porque un campeón no es el que nunca cae. Es el que siempre encuentra un motivo para levantarse».. Topuria no quiere que Hugo crezca pensando que el éxito consiste en ganar siempre. Su deseo es otro: que su hijo no tenga miedo a perder y que ninguna derrota sea capaz de definirlo.. «Eso es lo único que deseo para ti. No que ganes siempre, sino que nunca tengas miedo de perder, que ninguna derrota tenga el poder de decirte quién eres, porque eso solo lo decides tú», le dice. La carta termina con una frase que resume todo el mensaje que Topuria quiere transmitirle después de aquella noche en Washington: «Y pase lo que pase, recuerda siempre esto: el carácter es la única victoria que nadie te puede quitar».. La derrota que durante años parecía imposible en la carrera de Topuria ya forma parte de su historia. Ahora también forma parte de la educación que quiere transmitir a su hijo. El luchador no intenta borrar aquella caída, sino darle otro significado: perder también puede servir para descubrir quién eres cuando ya no queda nada que ganar.
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