El bronceado aparece en pocos días y puede desaparecer semanas después. Al recuperar la piel su tono habitual, parece que aquella radiación recibida en la cabina también se ha marchado, aunque el daño provocado por los rayos ultravioleta no funciona de la misma manera.. Esa falsa sensación de seguridad empuja a repetir sesiones, confiar en el bronceado artificial o utilizarlo antes del verano para supuestamente «preparar» la piel. La exposición ultravioleta es acumulativa y una cabina no convierte las posteriores horas al sol en inocuas. Al contrario, suma una nueva dosis de radiación.. Quemaduras, manchas y arrugas pueden aparecer antes, pero el problema más grave tarda mucho más en hacerse visible. La radiación ultravioleta puede producir modificaciones en el ADN de las células y está relacionada con el desarrollo de cáncer cutáneo. Según algunos estudios, las cabinas de ratos UV o UVA pueden triplicar el riesgo de melanoma. Así pues, que la piel se broncee sin una quemadura evidente no significa que haya salido indemne.. La piel «tiene memoria». La radiación ultravioleta forma parte de la radiación procedente del sol y participa, entre otras funciones, en la síntesis de vitamina D. También puede emplearse bajo control médico para determinadas enfermedades dermatológicas. El problema aparece cuando la exposición es excesiva o se utiliza artificialmente con una finalidad exclusivamente cosmética.. Así lo advierte José Carlos Moreno, en un documento divulgado por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) sobre las cabinas de bronceado. «Las cabinas de rayos ultravioleta son siempre un enorme peligro por la radiación que emiten», señala el dermatólogo.. La diferencia no está únicamente en que la radiación sea artificial. Moreno explica que la intensidad ultravioleta emitida por las lámparas de bronceado puede ser muy superior a la recibida de forma natural, concentrando la exposición en sesiones breves. A ello se añade que su uso puede producir quemaduras, reacciones en personas que toman determinados medicamentos fotosensibilizantes y daños oculares si no existe una protección adecuada.. El organismo, avisa el especialista, tiene una capacidad determinada para recibir radiación ultravioleta. Una vez superada, la exposición acumulada favorece procesos celulares que pueden terminar provocando efectos indeseables. La piel «tiene memoria» y acumula el daño de la radiación, por lo que una sesión realizada años atrás no deja de contar simplemente porque el bronceado haya desaparecido.. Ni prepara la piel ni sale gratis. Uno de los errores que Moreno señala expresamente es recurrir a las cabinas antes de la temporada de baños con la intención de «preparar» la piel para el sol. El tono adquirido puede transmitir una apariencia de adaptación, pero una sesión de UVA añade radiación; no crea un escudo frente a la que llegará después.. Los efectos tampoco son iguales para todas las personas. Las pieles claras, especialmente aquellas que se queman con facilidad y apenas consiguen broncearse, presentan un riesgo mayor. A corto plazo pueden aparecer quemaduras y reacciones cutáneas; con exposiciones repetidas se acelera además el fotoenvejecimiento, con pérdida de elasticidad, pigmentación y aparición de arrugas.. La preocupación principal está mucho más allá de la estética. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasificó los dispositivos de bronceado que emiten radiación ultravioleta dentro de su categoría de agentes carcinógenos para los seres humanos. Moreno recordaba además que la radiación ultravioleta provoca modificaciones en el ADN celular y esas alteraciones pueden desembocar en cáncer.. Por eso, la AEDV insiste en que el uso cosmético o recreativo de los UVA no constituye una práctica libre de riesgos. Si, pese a las advertencias, una persona decide recurrir a estas cabinas, el dermatólogo recomendaba hacerlo únicamente en centros sometidos a controles sanitarios, informar sobre los medicamentos que se estén tomando y proteger especialmente los ojos, además de extremar la fotoprotección.. Las cabinas de bronceado comenzaron a popularizarse especialmente durante la década de los noventa, mientras algunos de los efectos más graves de la exposición ultravioleta pueden necesitar años para manifestarse. Aunque el moreno dura unas semanas, la radiación recibida no desaparece al mismo ritmo, y esa diferencia puede convertir una decisión aparentemente estética en una cuestión que también afecta a la salud futura de la piel.
La AEDV advierte de que la radiación ultravioleta artificial se acumula en la piel, acelera su envejecimiento y puede provocar alteraciones celulares relacionadas con el cáncer cutáneo
El bronceado aparece en pocos días y puede desaparecer semanas después. Al recuperar la piel su tono habitual, parece que aquella radiación recibida en la cabina también se ha marchado, aunque el daño provocado por los rayos ultravioleta no funciona de la misma manera.. Esa falsa sensación de seguridad empuja a repetir sesiones, confiar en el bronceado artificial o utilizarlo antes del verano para supuestamente «preparar» la piel. La exposición ultravioleta es acumulativa y una cabina no convierte las posteriores horas al sol en inocuas. Al contrario, suma una nueva dosis de radiación.. Quemaduras, manchas y arrugas pueden aparecer antes, pero el problema más grave tarda mucho más en hacerse visible. La radiación ultravioleta puede producir modificaciones en el ADN de las células y está relacionada con el desarrollo de cáncer cutáneo. Según algunos estudios, las cabinas de ratos UV o UVA pueden triplicar el riesgo de melanoma. Así pues, que la piel se broncee sin una quemadura evidente no significa que haya salido indemne.. La piel «tiene memoria». La radiación ultravioleta forma parte de la radiación procedente del sol y participa, entre otras funciones, en la síntesis de vitamina D. También puede emplearse bajo control médico para determinadas enfermedades dermatológicas. El problema aparece cuando la exposición es excesiva o se utiliza artificialmente con una finalidad exclusivamente cosmética.. Así lo advierte José Carlos Moreno, en un documento divulgado por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) sobre las cabinas de bronceado. «Las cabinas de rayos ultravioleta son siempre un enorme peligro por la radiación que emiten», señala el dermatólogo.. La diferencia no está únicamente en que la radiación sea artificial. Moreno explica que la intensidad ultravioleta emitida por las lámparas de bronceado puede ser muy superior a la recibida de forma natural, concentrando la exposición en sesiones breves. A ello se añade que su uso puede producir quemaduras, reacciones en personas que toman determinados medicamentos fotosensibilizantes y daños oculares si no existe una protección adecuada.. El organismo, avisa el especialista, tiene una capacidad determinada para recibir radiación ultravioleta. Una vez superada, la exposición acumulada favorece procesos celulares que pueden terminar provocando efectos indeseables. La piel «tiene memoria» y acumula el daño de la radiación, por lo que una sesión realizada años atrás no deja de contar simplemente porque el bronceado haya desaparecido.. Ni prepara la piel ni sale gratis. Uno de los errores que Moreno señala expresamente es recurrir a las cabinas antes de la temporada de baños con la intención de «preparar» la piel para el sol. El tono adquirido puede transmitir una apariencia de adaptación, pero una sesión de UVA añade radiación; no crea un escudo frente a la que llegará después.. Los efectos tampoco son iguales para todas las personas. Las pieles claras, especialmente aquellas que se queman con facilidad y apenas consiguen broncearse, presentan un riesgo mayor. A corto plazo pueden aparecer quemaduras y reacciones cutáneas; con exposiciones repetidas se acelera además el fotoenvejecimiento, con pérdida de elasticidad, pigmentación y aparición de arrugas.. La preocupación principal está mucho más allá de la estética. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasificó los dispositivos de bronceado que emiten radiación ultravioleta dentro de su categoría de agentes carcinógenos para los seres humanos. Moreno recordaba además que la radiación ultravioleta provoca modificaciones en el ADN celular y esas alteraciones pueden desembocar en cáncer.. Por eso, la AEDV insiste en que el uso cosmético o recreativo de los UVA no constituye una práctica libre de riesgos. Si, pese a las advertencias, una persona decide recurrir a estas cabinas, el dermatólogo recomendaba hacerlo únicamente en centros sometidos a controles sanitarios, informar sobre los medicamentos que se estén tomando y proteger especialmente los ojos, además de extremar la fotoprotección.. Las cabinas de bronceado comenzaron a popularizarse especialmente durante la década de los noventa, mientras algunos de los efectos más graves de la exposición ultravioleta pueden necesitar años para manifestarse. Aunque el moreno dura unas semanas, la radiación recibida no desaparece al mismo ritmo, y esa diferencia puede convertir una decisión aparentemente estética en una cuestión que también afecta a la salud futura de la piel.
