Un control de alcoholemia en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, ha terminado convirtiéndose en una de las historias más llamativas de los últimos días. La Policía Local interceptó a un conductor después de observar varias maniobras extrañas y, al someterlo a la prueba, el resultado superó ampliamente el límite permitido.
El hombre llegó a multiplicar por cuatro la tasa máxima de alcohol. Cuando los agentes le preguntaron por el resultado, aseguró que solo había tomado gazpacho y apuntó al vinagre de esta preparación como posible responsable.
La explicación no evitó que la Policía continuara con las actuaciones. Sin embargo, el caso deja detrás una pregunta curiosa. ¿Existen realmente alimentos que puedan influir en un alcoholímetro aunque no hayamos tomado una cerveza, una copa de vino o cualquier otra bebida alcohólica?
La respuesta tiene matices. Algunos alimentos pueden contener pequeñas cantidades de alcohol como consecuencia de la fermentación natural o de los ingredientes utilizados en su elaboración. En determinadas circunstancias, su consumo justo antes de soplar puede interferir de manera puntual en la medición.
Frutas muy maduras como plátanos y uvas
Las frutas muy maduras son uno de los ejemplos más curiosos. A medida que maduran, los azúcares pueden experimentar procesos naturales de fermentación que generan pequeñas cantidades de etanol.
Entre los alimentos en los que puede producirse este fenómeno aparecen las uvas y los plátanos muy maduros. Eso no significa que comer una pieza de fruta provoque normalmente una tasa comparable a la de haber consumido alcohol. Para alcanzar cantidades elevadas sería necesaria una ingesta muy superior a la habitual.
El efecto que interesa en un control es principalmente el que puede producirse inmediatamente después de consumir determinados productos, cuando todavía pueden quedar restos en la boca capaces de influir temporalmente en el aire espirado.
Pan y otros alimentos fermentados
El pan también aparece entre los productos que pueden contener pequeñas cantidades de alcohol debido al proceso de fermentación con levaduras. Durante su elaboración, las levaduras transforman los azúcares y generan, entre otros compuestos, etanol.
El horneado elimina gran parte de ese alcohol, aunque algunos productos pueden conservar cantidades pequeñas. Algo parecido ocurre con otros alimentos en cuya elaboración intervienen procesos de fermentación.
Los encurtidos son otro ejemplo. Dependiendo de cómo hayan sido elaborados y conservados, pueden contener cantidades reducidas de alcohol relacionadas con esos procesos.
Bombones, postres y alimentos que llevan alcohol
Hay otros casos mucho más evidentes. Algunos bombones, dulces y postres incorporan directamente bebidas alcohólicas entre sus ingredientes. Los bombones rellenos de licor son probablemente el ejemplo más conocido.
También existen postres preparados con ron, brandy, amaretto u otras bebidas. La cantidad final depende tanto de la receta como de la cantidad ingerida y del tratamiento que haya recibido el alimento durante su preparación.
En estos casos ya no se trata únicamente de alcohol generado de manera natural durante una fermentación. El propio producto puede incorporar una bebida alcohólica y conservar parte de su contenido después de la elaboración.
El efecto puede desaparecer después de unos minutos
Una de las claves está en diferenciar el alcohol presente momentáneamente en la boca del alcohol que ha pasado al organismo. Consumir un alimento con una pequeña cantidad de etanol inmediatamente antes de soplar puede alterar temporalmente una medición.
Por ese motivo, las informaciones sobre este fenómeno apuntan a que dejar pasar al menos 15 minutos antes de realizar la prueba puede evitar interferencias relacionadas con restos recientes de determinados alimentos o productos.
Eso tampoco convierte la comida en una explicación válida para cualquier resultado. Las cantidades de alcohol presentes de forma natural en los alimentos suelen ser pequeñas y haría falta consumir cantidades muy elevadas para alcanzar por esta vía una tasa importante en sangre.
¿Y qué ocurre con el gazpacho?
El caso de Sevilla ha colocado al gazpacho en el centro de la conversación porque fue el alimento al que recurrió el conductor para explicar su resultado. Según su versión, el responsable habría sido el vinagre utilizado para prepararlo.
Sin embargo, una cosa es que determinados alimentos puedan provocar pequeñas interferencias puntuales y otra que cualquier positivo pueda atribuirse a lo que se acaba de comer. En este caso concreto, el conductor había registrado una tasa que multiplicaba por cuatro el máximo permitido.
La historia sirve así para poner el foco en un fenómeno real pero muy concreto. Frutas muy maduras, productos fermentados, determinados panes y algunos dulces o postres pueden contener pequeñas cantidades de alcohol. Su efecto sobre una prueba puede depender del producto, de la cantidad consumida y, especialmente, del tiempo transcurrido desde que se ha ingerido.
Un control de alcoholemia en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, ha terminado convirtiéndose en una de las historias más llamativas de los últimos días. La Policía Local interceptó a un conductor después de observar varias maniobras extrañas y, al someterlo a la prueba, el resultado superó ampliamente el límite permitido.. El hombre llegó a multiplicar por cuatro la tasa máxima de alcohol. Cuando los agentes le preguntaron por el resultado, aseguró que solo había tomado gazpacho y apuntó al vinagre de esta preparación como posible responsable.. La explicación no evitó que la Policía continuara con las actuaciones. Sin embargo, el caso deja detrás una pregunta curiosa. ¿Existen realmente alimentos que puedan influir en un alcoholímetro aunque no hayamos tomado una cerveza, una copa de vino o cualquier otra bebida alcohólica?. La respuesta tiene matices. Algunos alimentos pueden contener pequeñas cantidades de alcohol como consecuencia de la fermentación natural o de los ingredientes utilizados en su elaboración. En determinadas circunstancias, su consumo justo antes de soplar puede interferir de manera puntual en la medición.. Frutas muy maduras como plátanos y uvas. Las frutas muy maduras son uno de los ejemplos más curiosos. A medida que maduran, los azúcares pueden experimentar procesos naturales de fermentación que generan pequeñas cantidades de etanol.. Entre los alimentos en los que puede producirse este fenómeno aparecen las uvas y los plátanos muy maduros. Eso no significa que comer una pieza de fruta provoque normalmente una tasa comparable a la de haber consumido alcohol. Para alcanzar cantidades elevadas sería necesaria una ingesta muy superior a la habitual.. El efecto que interesa en un control es principalmente el que puede producirse inmediatamente después de consumir determinados productos, cuando todavía pueden quedar restos en la boca capaces de influir temporalmente en el aire espirado.. Pan y otros alimentos fermentados. El pan también aparece entre los productos que pueden contener pequeñas cantidades de alcohol debido al proceso de fermentación con levaduras. Durante su elaboración, las levaduras transforman los azúcares y generan, entre otros compuestos, etanol.. El horneado elimina gran parte de ese alcohol, aunque algunos productos pueden conservar cantidades pequeñas. Algo parecido ocurre con otros alimentos en cuya elaboración intervienen procesos de fermentación.. Los encurtidos son otro ejemplo. Dependiendo de cómo hayan sido elaborados y conservados, pueden contener cantidades reducidas de alcohol relacionadas con esos procesos.. Bombones, postres y alimentos que llevan alcohol. Hay otros casos mucho más evidentes. Algunos bombones, dulces y postres incorporan directamente bebidas alcohólicas entre sus ingredientes. Los bombones rellenos de licor son probablemente el ejemplo más conocido.. También existen postres preparados con ron, brandy, amaretto u otras bebidas. La cantidad final depende tanto de la receta como de la cantidad ingerida y del tratamiento que haya recibido el alimento durante su preparación.. En estos casos ya no se trata únicamente de alcohol generado de manera natural durante una fermentación. El propio producto puede incorporar una bebida alcohólica y conservar parte de su contenido después de la elaboración.. El efecto puede desaparecer después de unos minutos. Una de las claves está en diferenciar el alcohol presente momentáneamente en la boca del alcohol que ha pasado al organismo. Consumir un alimento con una pequeña cantidad de etanol inmediatamente antes de soplar puede alterar temporalmente una medición.. Por ese motivo, las informaciones sobre este fenómeno apuntan a que dejar pasar al menos 15 minutos antes de realizar la prueba puede evitar interferencias relacionadas con restos recientes de determinados alimentos o productos.. Eso tampoco convierte la comida en una explicación válida para cualquier resultado. Las cantidades de alcohol presentes de forma natural en los alimentos suelen ser pequeñas y haría falta consumir cantidades muy elevadas para alcanzar por esta vía una tasa importante en sangre.. ¿Y qué ocurre con el gazpacho?. El caso de Sevilla ha colocado al gazpacho en el centro de la conversación porque fue el alimento al que recurrió el conductor para explicar su resultado. Según su versión, el responsable habría sido el vinagre utilizado para prepararlo.. Sin embargo, una cosa es que determinados alimentos puedan provocar pequeñas interferencias puntuales y otra que cualquier positivo pueda atribuirse a lo que se acaba de comer. En este caso concreto, el conductor había registrado una tasa que multiplicaba por cuatro el máximo permitido.. La historia sirve así para poner el foco en un fenómeno real pero muy concreto. Frutas muy maduras, productos fermentados, determinados panes y algunos dulces o postres pueden contener pequeñas cantidades de alcohol. Su efecto sobre una prueba puede depender del producto, de la cantidad consumida y, especialmente, del tiempo transcurrido desde que se ha ingerido.
El insólito argumento utilizado por un conductor en Sevilla ha vuelto a poner el foco en una duda poco conocida. Algunos alimentos pueden contener pequeñas cantidades de alcohol o generarlo mediante la fermentación y llegar a interferir de forma puntual en una prueba
Un control de alcoholemia en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, ha terminado convirtiéndose en una de las historias más llamativas de los últimos días. La Policía Local interceptó a un conductor después de observar varias maniobras extrañas y, al someterlo a la prueba, el resultado superó ampliamente el límite permitido.. El hombre llegó a multiplicar por cuatro la tasa máxima de alcohol. Cuando los agentes le preguntaron por el resultado, aseguró que solo había tomado gazpacho y apuntó al vinagre de esta preparación como posible responsable.. La explicación no evitó que la Policía continuara con las actuaciones. Sin embargo, el caso deja detrás una pregunta curiosa. ¿Existen realmente alimentos que puedan influir en un alcoholímetro aunque no hayamos tomado una cerveza, una copa de vino o cualquier otra bebida alcohólica?. La respuesta tiene matices. Algunos alimentos pueden contener pequeñas cantidades de alcohol como consecuencia de la fermentación natural o de los ingredientes utilizados en su elaboración. En determinadas circunstancias, su consumo justo antes de soplar puede interferir de manera puntual en la medición.. Frutas muy maduras como plátanos y uvas. Las frutas muy maduras son uno de los ejemplos más curiosos. A medida que maduran, los azúcares pueden experimentar procesos naturales de fermentación que generan pequeñas cantidades de etanol.. Entre los alimentos en los que puede producirse este fenómeno aparecen las uvas y los plátanos muy maduros. Eso no significa que comer una pieza de fruta provoque normalmente una tasa comparable a la de haber consumido alcohol. Para alcanzar cantidades elevadas sería necesaria una ingesta muy superior a la habitual.. El efecto que interesa en un control es principalmente el que puede producirse inmediatamente después de consumir determinados productos, cuando todavía pueden quedar restos en la boca capaces de influir temporalmente en el aire espirado.. Pan y otros alimentos fermentados. El pan también aparece entre los productos que pueden contener pequeñas cantidades de alcohol debido al proceso de fermentación con levaduras. Durante su elaboración, las levaduras transforman los azúcares y generan, entre otros compuestos, etanol.. El horneado elimina gran parte de ese alcohol, aunque algunos productos pueden conservar cantidades pequeñas. Algo parecido ocurre con otros alimentos en cuya elaboración intervienen procesos de fermentación.. Los encurtidos son otro ejemplo. Dependiendo de cómo hayan sido elaborados y conservados, pueden contener cantidades reducidas de alcohol relacionadas con esos procesos.. Bombones, postres y alimentos que llevan alcohol. Hay otros casos mucho más evidentes. Algunos bombones, dulces y postres incorporan directamente bebidas alcohólicas entre sus ingredientes. Los bombones rellenos de licor son probablemente el ejemplo más conocido.. También existen postres preparados con ron, brandy, amaretto u otras bebidas. La cantidad final depende tanto de la receta como de la cantidad ingerida y del tratamiento que haya recibido el alimento durante su preparación.. En estos casos ya no se trata únicamente de alcohol generado de manera natural durante una fermentación. El propio producto puede incorporar una bebida alcohólica y conservar parte de su contenido después de la elaboración.. El efecto puede desaparecer después de unos minutos. Una de las claves está en diferenciar el alcohol presente momentáneamente en la boca del alcohol que ha pasado al organismo. Consumir un alimento con una pequeña cantidad de etanol inmediatamente antes de soplar puede alterar temporalmente una medición.. Por ese motivo, las informaciones sobre este fenómeno apuntan a que dejar pasar al menos 15 minutos antes de realizar la prueba puede evitar interferencias relacionadas con restos recientes de determinados alimentos o productos.. Eso tampoco convierte la comida en una explicación válida para cualquier resultado. Las cantidades de alcohol presentes de forma natural en los alimentos suelen ser pequeñas y haría falta consumir cantidades muy elevadas para alcanzar por esta vía una tasa importante en sangre.. ¿Y qué ocurre con el gazpacho?. El caso de Sevilla ha colocado al gazpacho en el centro de la conversación porque fue el alimento al que recurrió el conductor para explicar su resultado. Según su versión, el responsable habría sido el vinagre utilizado para prepararlo.. Sin embargo, una cosa es que determinados alimentos puedan provocar pequeñas interferencias puntuales y otra que cualquier positivo pueda atribuirse a lo que se acaba de comer. En este caso concreto, el conductor había registrado una tasa que multiplicaba por cuatro el máximo permitido.. La historia sirve así para poner el foco en un fenómeno real pero muy concreto. Frutas muy maduras, productos fermentados, determinados panes y algunos dulces o postres pueden contener pequeñas cantidades de alcohol. Su efecto sobre una prueba puede depender del producto, de la cantidad consumida y, especialmente, del tiempo transcurrido desde que se ha ingerido.
