Alfredo di Stéfano mandaba en todo el vestuario del Real Madrid, pero en el campo su radio de acción era, principalmente, de centro del campo para arriba y Bernabéu detectó que el Real Madrid necesitaba a alguien que se impusiese en la defensa. Y nada mejor que un uruguayo. Santamaría, al que también quiso el Atléticoy el Barcelona, llegó Madrid para ver la segunda final de la Copa de Europa, la que se jugó en un Bernabéu repleto, con 120.000 aficionados de pie y en la que el equipo de Di Stéfano y Gento ganó su segunda consecutiva.. Santamaría ya estaría en la tercera, cuarta, quinta y la sexta (aunque solo jugaría un partido) y sería el futbolista que mandaba desde atrás en un equipo de ensueño, el que construyó la leyenda del Real Madrid y le convirtió, según la FIFA, en el mejor club del siglo XX. Si Gento corría, Di Stéfano hacía de todo y Puskas goleaba desde cualquier lugar, Santamaría ponía orden atrás, como un cacique.. La bronca con Di Stéfano. No le tenía miedo ni a Di Stéfano y eso era mucho. Alfredo Relaño ha contado la bronca que los dos futbolistas tuvieron en un encuentro en Granada, de la Liga, al que el conjunto blanco va con la intención de golear y no recibir goles, pues el campeonato tiene pinta de que se va decidir por el goal-average con el Barcelona. Marcan Di Stéfano y Puskas, pero el Granada empata. Entonces Di Stéfano le reprocha a Santamaría que los defensas no están cumpliendo. “¡Vos ocúpate de los de arriba, que acá me ocupo yo!”, le grita Santamaría al jefe del equipo. El Real Madrid sólo gana 3-4 y la bronca sigue en el vestuario. Sin embargo, los dos líderes del equipo, el mito y el defensa uruguayo, se hacen amigos para siempre. “Nuestro equipo tenía un líder futbolístico que era él, pero cada uno tenía sus parcelas. Yo mandaba atrás y mis laterales si se caían yo les daba tantos ánimos que se levantaban en el aire. Un espíritu de unión que podía con todo”, decía en una entrevista en el As.. Prohibido salir de noche. Tanto que alguna vez salían con sus mujeres a cenar o una sala de bailes. Una mañana, Santamaría se encontró con Antonio Calderón, el entonces gerente del Real Madrid. “Espero que le gustase el espectáculo de anoche”, le dijo. Santamaría no volvió a salir nunca. Ese era aquel Madrid: “El Madrid te atiende, te cuida, te paga y te da prestigio. Te lo da todo”, reconocía Santamaría en la entrevista.. Un futbolista moderno. Era un defensa moderno, de los que levantaba la cabeza con el balón en el pie para sacar la pelota jugada, un futbolista distinto, que marcaba la línea de la que no podía pasar el balón y que fue fundamental en los éxitos de aquel Real Madrid porque le dio carácter y fútbol desde atrás. Jugó un total de 337 partidos y marcó dos goles en toda su carrera (ambos en Liga). Disputó 227 encuentros de Liga, 58 de la Copa de España, 50 de la Copa de Europa y 2 partidos en la Copa Intercontinental. En sus nueve temporadas ganó cinco Ligas, cuatro Copas de Europa, una Copa de España y una Copa Intercontinental.. Un palmarés irrepetible, que tiene en la quinta Copa de Europa su gran momento, en la famosa final contra el Eintracht, que acabó 7-3 en un festival goleador. Cuando quisieron salir a celebrarlo en Glasgow, Bernabéu les avisó: “De aquí no sale nadie. Mañana tenemos que llegar frescos a Madrid para estar con la afición con la mejor cara posible. Hay que darlo todo por ellos”, Y se quedaron en el hotel, comiendo galletitas. Porque Bernabéu mandaba más que Santamaría en defensa. Si iba con el puro comido, los futbolistas ya sabían que caería una famosa santiaguina, si el puro iba limpio, las cosas iban bien,. El Mundial de España. Su carrera de entrenador quedó marcada por el Mundial de 1982, el de España, en el que fue seleccionador y que nada fue bien. El papel de España fue muy pobre y Santamaría recibió críticas de todos lados: desde cómo había preparado la concentración hasta el modo de jugar o por situaciones políticas. Fue su peor trago en su carrera deportiva.
Alfredo di Stéfano mandaba en todo el vestuario del Real Madrid, pero en el campo su radio de acción era, principalmente, de centro del campo para arriba y Bernabéu detectó que el Real Madrid necesitaba a alguien que se impusiese en la defensa. Y nada mejor que un uruguayo. Santamaría, al que también quiso el Atléticoy el Barcelona, llegó Madrid para ver la segunda final de la Copa deEuropa, la que se jugó en un Bernabéu repleto, con 120.000 aficionados de pie y en la que el equipo de Di Stéfano y Gento ganó su segunda consecutiva.. Santamaría ya estaría en la tercera, cuarta, quinta y la sexta (aunque solo jugaría un partido) y sería el futbolista que mandaba desde atrás en un equipo de ensueño, el que construyó la leyenda del Real Madrid y le convirtió, según la FIFA, en el mejor club del siglo XX. Si Gento corría, Di Stéfano hacía de todo y Puskas goleaba desde cualquier lugar, Santamaría ponía orden atrás, como un cacique.. La bronca con Di Stéfano. No le tenía miedo ni a Di Stéfano y eso era mucho. Alfredo Relaño ha contado la bronca que los dos futbolistas tuvieron en un encuentro en Granada, de la Liga, al que el conjunto blanco va con la intención de golear y no recibir goles, pues el campeonato tiene pinta de que se va decidir por el goal-average con el Barcelona. Marcan Di Stéfano y Puskas, pero el Granada empata. Entonces Di Stéfano le reprocha a Santamaría que los defensas no están cumpliendo. “¡Vos ocúpate de los de arriba, que acá me ocupo yo!”, le grita Santamaría al jefe del equipo. El Real Madrid sólo gana 3-4 y la bronca sigue en el vestuario. Sin embargo, los dos líderes del equipo, el mito y el defensa uruguayo, se hacen amigos para siempre. “Nuestro equipo tenía un líder futbolístico que era él, pero cada uno tenía sus parcelas. Yo mandaba atrás y mis laterales si se caían yo les daba tantos ánimos que se levantaban en el aire. Un espíritu de unión que podía con todo”, decía en una entrevista en el As.. Prohibido salir de noche. Tanto que alguna vez salían con sus mujeres a cenar o una sala de bailes. Una mañana, Santamaría se encontró con Antonio Calderón, el entonces gerente del Real Madrid. “Espero que le gustase el espectáculo de anoche”, le dijo. Santamaría no volvió a salir nunca. Ese era aquel Madrid: “El Madrid te atiende, te cuida, te paga y te da prestigio. Te lo da todo”, reconocía Santamaría en la entrevista.. Un futbolista moderno. Era un defensa moderno, de los que levantaba la cabeza con el balón en el pie para sacar la pelota jugada, un futbolista distinto, que marcaba la línea de la que no podía pasar el balón y que fue fundamental en los éxitos de aquel Real Madrid porque le dio carácter y fútbol desde atrás. Jugó un total de 337 partidos y marcó dos goles en toda su carrera (ambos en Liga). Disputó 227 encuentros de Liga, 58 de la Copa de España, 50 de la Copa de Europa y 2 partidos en la Copa Intercontinental. En sus nueve temporadas ganó cinco Ligas, cuatro Copas de Europa, una Copa de España y una Copa Intercontinental.. Un palmarés irrepetible, que tiene en la quinta Copa de Europa su gran momento, en la famosa final contra el Eintracht, que acabó 7-3 en un festival goleador. Cuando quisieron salir a celebrarlo en Glasgow, Bernabéu les avisó: “De aquí no sale nadie. Mañana tenemos que llegar frescos a Madrid para estar con la afición con la mejor cara posible. Hay que darlo todo por ellos”, Y se quedaron en el hotel, comiendo galletitas. Porque Bernabéu mandaba más que Santamaría en defensa. Si iba con el puro comido, los futbolistas ya sabían que caería una famosa santiaguina, si el puro iba limpio, las cosas iban bien,. El Mundial de España. Su carrera de entrenador quedó marcada por el Mundial de 1982, el de España, en el que fue seleccionador y que nada fue bien. El papel de España fue muy pobre y Santamaría recibió críticas de todos lados: desde cómo había preparado la concentración hasta el modo de jugar o por situaciones políticas. Fue su peor trago en su carrera deportiva.
Noticias de Deportes en La Razón
