Los adultos suelen ser conscientes de los riesgos de mirar directamente al Sol durante un eclipse, pero la situación cambia con los niños. En el programa, la presentadora Verónica Sanz planteó entre risas «encintar las gafas alrededor de la cabeza» para evitar que se las quiten, una idea que Andrée descartó como solución real.
Un adulto entiende por qué no debe mirar directamente al Sol. Un niño pequeño, no siempre. Esa diferencia es el punto de partida del aviso de Andrée, que insiste en que el peligro no está en el eclipse en sí, sino en la facilidad con la que un menor puede quitarse la protección sin ser consciente de las consecuencias.
El criterio para decidir si un niño puede ir o quedarse en casa
Más que fijar una edad concreta, el oftalmólogo propone un filtro distinto: la capacidad del niño para seguir instrucciones. Sanz apuntó que, en general, a partir de los siete años suele haber más conciencia del riesgo, aunque cada caso es diferente. Para Andrée, la clave está en si el menor obedece o no: «En niños que no hagan caso es mejor dejarles en casa». Cuando el niño sí es capaz de seguir órdenes, puede acompañar a la familia, pero el especialista recomienda que haya como mínimo un adulto pendiente de cada menor durante toda la observación, sin excepciones.
Durante el programa, la presentadora Verónica Sanz lanzó una pregunta con humor: ¿serviría de algo sujetar las gafas a la cabeza con celo para que no se las quitaran? Andrée fue tajante al descartarlo: ningún método de sujeción sustituye la vigilancia de un adulto. «Si tu hijo va a querer quitarse todo el tiempo las gafas, por más que le pongas celo, lo puede hacer y exponerse a un daño que no tiene sentido», explicó.
Es necesario equiparse con gafas homologadas
Al margen de la conducta del niño, hay un requisito que no admite matices: las gafas deben cumplir la norma ISO 12312-2 y con marcado CE. Las gafas de sol convencionales, por muy oscuras que parezcan, no filtran la radiación necesaria para observar el Sol sin dañar la retina, ni siquiera durante unos segundos. Tener el modelo correcto tampoco es garantía suficiente si no se usa de forma continuada: de ahí que la supervisión constante sea tan importante como la propia gafa.
Andrée extendió su recomendación a mascotas, aunque con un riesgo menor. Explicó que estos animales no suelen mirar al Sol por instinto, ni siquiera durante un eclipse, pero que un gesto de curiosidad podría llevarles a hacerlo en un momento puntual, con el mismo daño potencial sobre la retina que en las personas. Por precaución, recomendó mantener a las mascotas dentro de casa mientras dure la observación, en lugar de dejarlas sueltas en una terraza o un jardín.
Los adultos suelen ser conscientes de los riesgos de mirar directamente al Sol durante un eclipse, pero la situación cambia con los niños. En el programa, la presentadora Verónica Sanz planteó entre risas «encintar las gafas alrededor de la cabeza» para evitar que se las quiten, una idea que Andrée descartó como solución real.. Un adulto entiende por qué no debe mirar directamente al Sol. Un niño pequeño, no siempre. Esa diferencia es el punto de partida del aviso de Andrée, que insiste en que el peligro no está en el eclipse en sí, sino en la facilidad con la que un menor puede quitarse la protección sin ser consciente de las consecuencias.. El criterio para decidir si un niño puede ir o quedarse en casa. Más que fijar una edad concreta, el oftalmólogo propone un filtro distinto: la capacidad del niño para seguir instrucciones. Sanz apuntó que, en general, a partir de los siete años suele haber más conciencia del riesgo, aunque cada caso es diferente. Para Andrée, la clave está en si el menor obedece o no: «En niños que no hagan caso es mejor dejarles en casa». Cuando el niño sí es capaz de seguir órdenes, puede acompañar a la familia, pero el especialista recomienda que haya como mínimo un adulto pendiente de cada menor durante toda la observación, sin excepciones.. Durante el programa, la presentadora Verónica Sanz lanzó una pregunta con humor: ¿serviría de algo sujetar las gafas a la cabeza con celo para que no se las quitaran? Andrée fue tajante al descartarlo: ningún método de sujeción sustituye la vigilancia de un adulto. «Si tu hijo va a querer quitarse todo el tiempo las gafas, por más que le pongas celo, lo puede hacer y exponerse a un daño que no tiene sentido», explicó.. Es necesario equiparse con gafas homologadas. Al margen de la conducta del niño, hay un requisito que no admite matices: las gafas deben cumplir la norma ISO 12312-2 y con marcado CE. Las gafas de sol convencionales, por muy oscuras que parezcan, no filtran la radiación necesaria para observar el Sol sin dañar la retina, ni siquiera durante unos segundos. Tener el modelo correcto tampoco es garantía suficiente si no se usa de forma continuada: de ahí que la supervisión constante sea tan importante como la propia gafa.. Andrée extendió su recomendación a mascotas, aunque con un riesgo menor. Explicó que estos animales no suelen mirar al Sol por instinto, ni siquiera durante un eclipse, pero que un gesto de curiosidad podría llevarles a hacerlo en un momento puntual, con el mismo daño potencial sobre la retina que en las personas. Por precaución, recomendó mantener a las mascotas dentro de casa mientras dure la observación, en lugar de dejarlas sueltas en una terraza o un jardín.
El oftalmólogo Óscar Andrée, especialista en retina, aclaró en laSexta Xplica cómo deben actuar los padres para que sus hijos puedan disfrutar del eclipse del próximo 12 de agosto sin arriesgar su visión. Su recomendación es clara: si no hacen caso, lo mejor es dejarles en casa
Los adultos suelen ser conscientes de los riesgos de mirar directamente al Sol durante un eclipse, pero la situación cambia con los niños. En el programa, la presentadora Verónica Sanz planteó entre risas «encintar las gafas alrededor de la cabeza» para evitar que se las quiten, una idea que Andrée descartó como solución real.. Un adulto entiende por qué no debe mirar directamente al Sol. Un niño pequeño, no siempre. Esa diferencia es el punto de partida del aviso de Andrée, que insiste en que el peligro no está en el eclipse en sí, sino en la facilidad con la que un menor puede quitarse la protección sin ser consciente de las consecuencias.. El criterio para decidir si un niño puede ir o quedarse en casa. Más que fijar una edad concreta, el oftalmólogo propone un filtro distinto: la capacidad del niño para seguir instrucciones. Sanz apuntó que, en general, a partir de los siete años suele haber más conciencia del riesgo, aunque cada caso es diferente. Para Andrée, la clave está en si el menor obedece o no: «En niños que no hagan caso es mejor dejarles en casa». Cuando el niño sí es capaz de seguir órdenes, puede acompañar a la familia, pero el especialista recomienda que haya como mínimo un adulto pendiente de cada menor durante toda la observación, sin excepciones.. Durante el programa, la presentadora Verónica Sanz lanzó una pregunta con humor: ¿serviría de algo sujetar las gafas a la cabeza con celo para que no se las quitaran? Andrée fue tajante al descartarlo: ningún método de sujeción sustituye la vigilancia de un adulto. «Si tu hijo va a querer quitarse todo el tiempo las gafas, por más que le pongas celo, lo puede hacer y exponerse a un daño que no tiene sentido», explicó.. Es necesario equiparse con gafas homologadas. Al margen de la conducta del niño, hay un requisito que no admite matices: las gafas deben cumplir la norma ISO 12312-2 y con marcado CE. Las gafas de sol convencionales, por muy oscuras que parezcan, no filtran la radiación necesaria para observar el Sol sin dañar la retina, ni siquiera durante unos segundos. Tener el modelo correcto tampoco es garantía suficiente si no se usa de forma continuada: de ahí que la supervisión constante sea tan importante como la propia gafa.. Andrée extendió su recomendación a mascotas, aunque con un riesgo menor. Explicó que estos animales no suelen mirar al Sol por instinto, ni siquiera durante un eclipse, pero que un gesto de curiosidad podría llevarles a hacerlo en un momento puntual, con el mismo daño potencial sobre la retina que en las personas. Por precaución, recomendó mantener a las mascotas dentro de casa mientras dure la observación, en lugar de dejarlas sueltas en una terraza o un jardín.
