El Gobierno decidió hace tiempo eliminar la deuda pública de su relato económico de éxito. Sencillamente, lo apartó para que el discurso del milagro no se empañara. Es su particular versión del elefante en la habitación. Resulta lo más parecido a una política suicida para la estabilidad y el equilibrio financieros que solo se explica desde la decisión y el convencimiento de que esa bomba de relojería le explotará a otros, en este caso a la próxima administración, muy probablemente del PP. Esa mole de 1,7 billones de euros de número rojos en junio de este año está descontrolada y lo aplastará todo a su paso más temprano que tarde. Funcas ha previsto que el pago por intereses de la deuda aumentará un 50% hasta 2030 y se situará en más de 60.000 millones de euros, tras la subida de tipos y la refinanciación. Que esta amenaza no sea una obsesión para el Ejecutivo prueba lo poco que le importa la gente.
Que esta amenaza de una deuda descontrolada no sea una obsesión para el Ejecutivo prueba lo poco que le importa la gente
El Gobierno decidió hace tiempo eliminar la deuda pública de su relato económico de éxito. Sencillamente, lo apartó para que el discurso del milagro no se empañara. Es su particular versión del elefante en la habitación. Resulta lo más parecido a una política suicida para la estabilidad y el equilibrio financieros que solo se explica desde la decisión y el convencimiento de que esa bomba de relojería le explotará a otros, en este caso a la próxima administración, muy probablemente del PP. Esa mole de 1,7 billones de euros de número rojos en junio de este año está descontrolada y lo aplastará todo a su paso más temprano que tarde. Funcas ha previsto que el pago por intereses de la deuda aumentará un 50% hasta 2030 y se situará en más de 60.000 millones de euros, tras la subida de tipos y la refinanciación. Que esta amenaza no sea una obsesión para el Ejecutivo prueba lo poco que le importa la gente.
