En el primer trimestre de 2025 utilizaba inteligencia artificial el 21% de las compañías de diez o más trabajadores, mientras que entre las de menos de diez empleados el porcentaje era del 13%
La inteligencia artificial generativa puede convertirse en una herramienta útil para la internacionalización de las pymes españolas. Su principal aportación económica consiste en reducir el coste de obtener la información necesaria para entrar en un mercado desconocido sin disponer de una gran estructura.. En España, esto es especialmente relevante porque las pymes representan prácticamente el 99,9% tejido empresarial y concentran cerca de dos tercios del empleo. Son el núcleo de nuestra economía productiva y las que disponen de menos margen para mantener departamentos especializados o asumir durante meses costes que todavía no generan ingresos.. Según datos del ICEX, España exportó bienes por valor de 387.092 millones de euros en 2025, el segundo mejor registro de la serie histórica. El número de exportadores regulares se situó en 46.230, un 10,4% más que cinco años antes, y el 38% de las exportaciones españolas tuvo como destino mercados situados fuera de la Unión Europea. Ampliar esa base exportadora exige que más empresas pequeñas puedan abordar mercados que aún perciben como costosos y difíciles.. Imaginemos una pyme industrial que estudia entrar en México. Debe conocer competidores, precios, regulación y posibles clientes o distribuidores. Después tendrá que adaptar documentación, preparar reuniones, negociar contratos y valorar los riesgos. Gran parte de ese trabajo se realiza antes de facturar el primer euro.. La IAGen acelera buena parte de ese proceso. Puede trabajar con grandes cantidades de información, resumir informes, comparar mercados o analizar documentación técnica. También acorta los tiempos para adaptar catálogos, presentaciones y contenidos comerciales a otros idiomas y entornos.. En sectores como la ingeniería, la construcción o la consultoría, el efecto se aprecia con especial claridad. Una licitación internacional puede tener cientos de páginas. Revisarlas, localizar requisitos, comprobar plazos y ordenar la documentación necesaria consume muchas horas de trabajo especializado. La IAGen reduce ese tiempo y permite dedicar más esfuerzo al contenido técnico y comercial de la oferta. La revisión final sigue siendo imprescindible. Un error en una licitación puede dejar a la empresa fuera, por mucha tecnología que haya intervenido.. También importa lo que ocurre después. Cada mercado analizado, cada oferta presentada y cada negociación incorporan nuevo conocimiento a la empresa. Si esa información está bien organizada, la IA permite recuperarla y aprovecharla en decisiones posteriores, convirtiendo la experiencia acumulada en un conocimiento que puede reutilizar el conjunto de la empresa.. El efecto económico va, por tanto, más allá del ahorro de tiempo. Durante décadas, el tamaño empresarial ha constituido una ventaja importante para competir en el exterior. Las grandes compañías pueden mantener equipos jurídicos, comerciales o de análisis en distintos países. Una pyme dispone de muchos menos recursos y cada nuevo mercado obliga a decidir dónde emplear a las personas disponibles y cuánto dinero está dispuesta a comprometer antes de saber si obtendrá un retorno.. La IAGen reduce parcialmente esa diferencia. Una empresa pequeña puede aumentar de forma considerable su capacidad para obtener, procesar y utilizar conocimiento internacional sin aumentar en la misma proporción su estructura.. Dos trabajos recientes permiten interpretar este cambio desde la teoría de la empresa internacional. Thomas Lindner, Jonas Puck y Harald Puhr analizan esta transformación a partir del concepto de racionalidad limitada de Herbert Simon, que parte de una realidad conocida por cualquier directivo. Nunca se dispone de toda la información ni es posible analizar todas las alternativas. La IA amplía las posibilidades de análisis, aunque no elimina la incertidumbre y añade nuevos errores y sesgos. Peter Buckley y sus colaboradores llevan el análisis al conjunto de la organización y estudian qué sucede cuando la tecnología deja de servir únicamente de apoyo a una decisión y pasa a formar parte de la manera en que aprende la propia empresa.. En una pyme esto tiene una consecuencia bastante concreta. Su tamaño seguirá limitando la financiación, la capacidad productiva o el número de personas que puede desplazar a otro país, pero pesará menos a la hora de estudiar mercados, comparar alternativas o preparar una entrada en el exterior.. Estas tecnologías han comenzado también a incorporarse a las políticas de apoyo a la internacionalización. En 2026, ICEX lanzó su primer Reto IA para la Internacionalización, orientado a identificar soluciones capaces de reducir costes, detectar oportunidades comerciales y facilitar la adaptación a distintos entornos regulatorios, culturales y lingüísticos. También ha promovido el uso de agentes de IA en la internacionalización B2B para mejorar la prospección y la eficiencia comercial.. Los datos del INE muestran, sin embargo, que esa transformación avanza a distinta velocidad según la dimensión empresarial. En el primer trimestre de 2025 utilizaba inteligencia artificial el 21,1% de las compañías de diez o más trabajadores, mientras que entre las de menos de diez empleados el porcentaje era del 13,4%.. La adopción crece con rapidez, pero las empresas más pequeñas siguen llegando más tarde. Una tecnología capaz de reducir algunas de las desventajas asociadas al tamaño podría terminar ampliándolas si son las compañías con más recursos quienes la incorporan con mayor rapidez.. Internacionalizarse seguirá exigiendo un producto competitivo, financiación y profesionales que conozcan el terreno. La IAGen no sustituye ninguno de esos elementos, pero permite utilizar mejor unos recursos que en una pyme siempre son limitados. Abordar un mercado con mejor información y parte de la incertidumbre despejada puede hacer que una operación antes demasiado costosa pase a ser viable.. José Enrique Fernández del Campo Carreño, profesor de EAE Business School
La inteligencia artificial generativa puede convertirse en una herramienta útil para la internacionalización de las pymes españolas. Su principal aportación económica consiste en reducir el coste de obtener la información necesaria para entrar en un mercado desconocido sin disponer de una gran estructura.. En España, esto es especialmente relevante porque las pymes representan prácticamente el 99,9% tejido empresarial y concentran cerca de dos tercios del empleo. Son el núcleo de nuestra economía productiva y las que disponen de menos margen para mantener departamentos especializados o asumir durante meses costes que todavía no generan ingresos.. Según datos del ICEX, España exportó bienes por valor de 387.092 millones de euros en 2025, el segundo mejor registro de la serie histórica. El número de exportadores regulares se situó en 46.230, un 10,4% más que cinco años antes, y el 38% de las exportaciones españolas tuvo como destino mercados situados fuera de la Unión Europea. Ampliar esa base exportadora exige que más empresas pequeñas puedan abordar mercados que aún perciben como costosos y difíciles.. Imaginemos una pyme industrial que estudia entrar en México. Debe conocer competidores, precios, regulación y posibles clientes o distribuidores. Después tendrá que adaptar documentación, preparar reuniones, negociar contratos y valorar los riesgos. Gran parte de ese trabajo se realiza antes de facturar el primer euro.. La IAGen acelera buena parte de ese proceso. Puede trabajar con grandes cantidades de información, resumir informes, comparar mercados o analizar documentación técnica. También acorta los tiempos para adaptar catálogos, presentaciones y contenidos comerciales a otros idiomas y entornos.. En sectores como la ingeniería, la construcción o la consultoría, el efecto se aprecia con especial claridad. Una licitación internacional puede tener cientos de páginas. Revisarlas, localizar requisitos, comprobar plazos y ordenar la documentación necesaria consume muchas horas de trabajo especializado. La IAGen reduce ese tiempo y permite dedicar más esfuerzo al contenido técnico y comercial de la oferta. La revisión final sigue siendo imprescindible. Un error en una licitación puede dejar a la empresa fuera, por mucha tecnología que haya intervenido.. También importa lo que ocurre después. Cada mercado analizado, cada oferta presentada y cada negociación incorporan nuevo conocimiento a la empresa. Si esa información está bien organizada, la IA permite recuperarla y aprovecharla en decisiones posteriores, convirtiendo la experiencia acumulada en un conocimiento que puede reutilizar el conjunto de la empresa.. El efecto económico va, por tanto, más allá del ahorro de tiempo. Durante décadas, el tamaño empresarial ha constituido una ventaja importante para competir en el exterior. Las grandes compañías pueden mantener equipos jurídicos, comerciales o de análisis en distintos países. Una pyme dispone de muchos menos recursos y cada nuevo mercado obliga a decidir dónde emplear a las personas disponibles y cuánto dinero está dispuesta a comprometer antes de saber si obtendrá un retorno.. La IAGen reduce parcialmente esa diferencia. Una empresa pequeña puede aumentar de forma considerable su capacidad para obtener, procesar y utilizar conocimiento internacional sin aumentar en la misma proporción su estructura.. Dos trabajos recientes permiten interpretar este cambio desde la teoría de la empresa internacional. Thomas Lindner, Jonas Puck y Harald Puhr analizan esta transformación a partir del concepto de racionalidad limitada de Herbert Simon, que parte de una realidad conocida por cualquier directivo. Nunca se dispone de toda la información ni es posible analizar todas las alternativas. La IA amplía las posibilidades de análisis, aunque no elimina la incertidumbre y añade nuevos errores y sesgos. Peter Buckley y sus colaboradores llevan el análisis al conjunto de la organización y estudian qué sucede cuando la tecnología deja de servir únicamente de apoyo a una decisión y pasa a formar parte de la manera en que aprende la propia empresa.. En una pyme esto tiene una consecuencia bastante concreta. Su tamaño seguirá limitando la financiación, la capacidad productiva o el número de personas que puede desplazar a otro país, pero pesará menos a la hora de estudiar mercados, comparar alternativas o preparar una entrada en el exterior.. Estas tecnologías han comenzado también a incorporarse a las políticas de apoyo a la internacionalización. En 2026, ICEX lanzó su primer Reto IA para la Internacionalización, orientado a identificar soluciones capaces de reducir costes, detectar oportunidades comerciales y facilitar la adaptación a distintos entornos regulatorios, culturales y lingüísticos. También ha promovido el uso de agentes de IA en la internacionalización B2B para mejorar la prospección y la eficiencia comercial.. Los datos del INE muestran, sin embargo, que esa transformación avanza a distinta velocidad según la dimensión empresarial. En el primer trimestre de 2025 utilizaba inteligencia artificial el 21,1% de las compañías de diez o más trabajadores, mientras que entre las de menos de diez empleados el porcentaje era del 13,4%.. La adopción crece con rapidez, pero las empresas más pequeñas siguen llegando más tarde. Una tecnología capaz de reducir algunas de las desventajas asociadas al tamaño podría terminar ampliándolas si son las compañías con más recursos quienes la incorporan con mayor rapidez.. Internacionalizarse seguirá exigiendo un producto competitivo, financiación y profesionales que conozcan el terreno. La IAGen no sustituye ninguno de esos elementos, pero permite utilizar mejor unos recursos que en una pyme siempre son limitados. Abordar un mercado con mejor información y parte de la incertidumbre despejada puede hacer que una operación antes demasiado costosa pase a ser viable.. José Enrique Fernández del Campo Carreño, profesor de EAE Business School
