Miles de personas se manifiestan en la localidad suiza, en una marcha empañada por algunos disturbios. La policía ha utilizado gases lacrimógenos
Animada por el efecto de resonancia del túnel de la Rue de la Servette, una de las bandas que alegraban con música la manifestación de este domingo en Ginebra (Suiza) contra la reunión del G-7 prevista el día siguiente se empleó a fondo para que el célebre himno antifascista Bella Ciao resultara atronador. Lo consiguió, y el momento tuvo un efecto catártico. Poco detrás desfilaba una niña con un cartel que decía Queremos nieve durante el invierno. No muy lejos de ahí ardía un Tesla, oscuro presagio de disturbios que fueron cobrando cuerpo a lo largo de la tarde en distintos lugares del centro de la urbe. Las tres teselas eran parte del gran mosaico de indignación que ha desfilado en la ciudad suiza entre consignas antiimperialistas, antifascistas, antiplutocracia, ambientalistas, feministas y de otra índole.. Miles de personas se sumaron a la convocatoria en vísperas de la cumbre, cuya celebración está prevista en la cercana Évian-les-bains (Francia) desde el lunes hasta el miércoles. El desfile discurrió rodeado de fuerte presencia policial. Muchas tiendas de la ciudad suiza tenían los escaparates tapiados por temor a actos de violencia. La presencia, desde el principio, de numerosos manifestantes con los rostros ocultos hacía temer ya a primera hora de la tarde que esas precauciones tenían sentido. Y, en efecto, sobre las seis ya se registraban varios actos vandálicos y la policía recurrió a gases lacrimógenos para dispersar en algunos puntos de la cola de la manifestación.. Grupúsculos con actitud violenta lanzaron pedradas contra establecimientos simbólicos del capitalismo y del orden mundial, fueran bancos o instalaciones de las Naciones Unidas. Fuentes policiales citadas por medios locales cifraban en alrededor de 600 las personas involucradas en acciones violentas. Lo que había empezado de manera festiva cobró tintes oscuros a medida en que avanzó la tarde, con el siniestro ruido de helicópteros y ambulancias, mobiliario destrozado y zonas urbanas bajo tensión ante la intensificación de los disturbios.. Todo había empezado de otra manera, bajo un sol duro y con una notable riada de manifestantes pacíficos. “Yo estoy inquieta por el fascismo que avanza. Me da miedo”, dice Audrey Petoud, de 34 años, representante del sindicato UNIA y residente en Lausana. Lleva un cartel con un juego de palabras: “G-7 rage en moi”, que leído en francés suena como ‘tengo esta ira dentro de mí”. La ira sobre la cual reflexionó Peter Sloterdijk a principios de siglo sigue revolucionando el mundo. En los últimos años la han capitalizado sobre todo las formaciones de ultraderecha, canalizándola hacia sus proyectos nacionalistas. Pero la manifestación de Ginebra muestra que ciertos excesos están cuajando ira en el otro lado.. Manifestaciójn contra el G-7 este domingo en Ginebra. Baz Ratner (AP Photo/Baz Ratner). Nelia De-dea tiene 16 años. Es estudiante y participa en la marcha con una kefia. Es una de muchísimos participantes que muestran su indignación por el sufrimiento del pueblo palestino con carteles o símbolos o cánticos. “No hacer nada es una hipocresía insoportable. Por eso estoy aquí. Hay demasiada gente que cierra los ojos”, dice.. Carteles, consignas, rostros y comentarios ilustran la llamativa confluencia de distintas reivindicaciones. Una funcionaria de una institución internacional que prefiere que no se publique su nombre esgrime su indignación por las potencias que violan impunemente el derecho internacional y su preocupación por el deterioro de la democracia. “Las redes sociales nos polarizan, paramos de pensar, no entendemos”, dice, apuntando a los tecnooligarcas.. Chirstophe Kobaich, estudiante de 26, reprocha a los países del G-7 ser responsables o corresponsables de abusos y genocidios. “De una manera u otra, participan”. Este es un asunto recurrente: aunque es evidente la diferencia entre un proyecto como el trumpismo y los liderazgos europeos, aflora una y otra vez en las conversaciones la indignación por la débil reacción, o hasta una percibida complicidad, con ciertas acciones.. Los bomberos sofocan un fuego provocado durante los disturbios, este domingo en Ginebra. Baz Ratner (AP Photo/Baz Ratner). Algunos manifestantes llevaban alto un cartel donde se leía Carlo vive, en referencia a Carlo Giuliani, el joven antiglobalista muerto por un tiro de las fuerzas de seguridad italianas durante el G-8 de Genova en 2001. Fue, en cierto sentido, el final de un movimiento de protesta que criticaba —a veces de forma radical— el orden mundial anterior. Está por ver si Ginebra representa el inicio de otro movimiento contra el orden que nace de las cenizas del precedente.
Animada por el efecto de resonancia del túnel de la Rue de la Servette, una de las bandas que alegraban con música la manifestación de este domingo en Ginebra (Suiza) contra la reunión del G-7 prevista el día siguiente se empleó a fondo para que el célebre himno antifascista Bella Ciao resultara atronador. Lo consiguió, y el momento tuvo un efecto catártico. Poco detrás desfilaba una niña con un cartel que decía Queremos nieve durante el invierno. No muy lejos de ahí ardía un Tesla, oscuro presagio de disturbios que fueron cobrando cuerpo a lo largo de la tarde en distintos lugares del centro de la urbe. Las tres teselas eran parte del gran mosaico de indignación que ha desfilado en la ciudad suiza entre consignas antiimperialistas, antifascistas, antiplutocracia, ambientalistas, feministas y de otra índole.. Seguir leyendo
